Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Recordando a Los Surik

El emblemático grupo musical tunero cumpliría por estos días medio siglo de su debut

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— El pentagrama musical tunero registra el 31 de marzo de 1971 como la fecha del debut de una agrupación que, en el curso de unos pocos años, polarizó las simpatías públicas y se convirtió en un auténtico referente para los seguidores del dios Orfeo del territorio: Los Surik.

Fueron cinco jóvenes de la época los que le insuflaron vida a aquel proyecto fundacional: Benny Revuelta (saxofón y director), José Luis Borrell (guitarra), José Antonio Pérez (cantante), Wálter Pérez (bajo) y Félix Catalá (batería). El bautismo del colectivo tiene una historia curiosa.

Introdujeron en un bombo varios papelitos, cada uno con una letra del alfabeto escrita. Acordaron sacar cinco al azar, y aceptarlas siempre que permitieran formar alguna palabra. La fortuna les sonrió en el primer intento: tres consonantes y dos vocales: s k r u i. De las combinaciones posibles, se quedaron con surik. Así nacieron Los Surik.

«El grupo se articuló enseguida y comenzó a mostrar calidad artística —recuerda Tony Barly, quien luego integraría el elenco—. Amenizaba fiestas, ofrecía conciertos, participaba en actividades… Luego de que en 1978 fracasara su intento de tomar parte en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (1978), Los Surik asistieron un año después al Festival de las Artes del Caribe (Carifesta). Tuvieron una acogida fabulosa por las delegaciones asistentes».

Pero el primer gran triunfo estaba por llegar. Así, a fines de 1980 Los Surik se presentaron en el VIII Festival Nacional de Trabajadores Aficionados al Arte. Lo hicieron tan convincentemente bien que el jurado decidió adjudicarles el Primer Premio como grupo acompañante, el Primer Premio como grupo musical y el Gran Premio del evento, un lauro que se entregaba por primera ocasión.

«En 1981 viajamos a Nicaragua —evoca Barly—. Fuimos la primera agrupación tunera en actuar fuera de Cuba. Al año siguiente nos evaluamos para profesionalizarnos. A partir de entonces, Los Surik hicieron época con un repertorio que incluía sones, merengues, guarachas y boleros. Hicimos giras por todas las provincias y demostramos lo que se podía lograr con calidad, disciplina y perseverancia».

Los Surik tienen en su aval una primicia: en 1984 iniciaron la era discográfica en Las Tunas. En efecto, el fonograma fundacional consta de 12 temas, la mayoría con la firma de miembros del grupo, y se grabó en los estudios Siboney, en Santiago de Cuba. Constituye una pieza de inapreciable valor para el patrimonio cultural tunero. Una década después grabaron su segundo y último disco con el sello Magic Music. Fue producido por Orlando Valle (Maraca).

El grupo llegó a integrar el catálogo de Cubartistas y de la Agencia Nacional de Giras Artísticas, una conquista que había resultado esquiva a otros colectivos tuneros. Su música se promovió en emisoras y televisoras nacionales y tuvieron autonomía para programarse y comercializarse, incluso hasta con sonido y transporte de su propiedad.

Los Surik asumieron luego diferentes formatos y se nutrieron de excelentes músicos, como Miguel Véliz, un tecladista bayamés que los dirigió y los elevó a lo más alto de su popularidad. Bajo su batuta se presentaron en España, México y Japón. Otros trabajaron durante algunas temporadas y después brillaron en otras agrupaciones de primer nivel.

Fue tal el rango artístico alcanzado por Los Surik en el contexto musical cubano a fines de los años 80, que Chucho Valdés le dedicó elogio, en especial para sus vocalistas. En diálogo con Eduardo Rosillo, recordado locutor de Radio Progreso, el líder de Irakere le confesó que, si de música popular se trataba, la banda tunera era su preferida.

Como ha ocurrido con otras agrupaciones musicales cubanas, Los Surik transitaron por etapas difíciles, en las que abundaron las contradicciones y las incomprensiones. Varios de sus músicos se esforzaron por mantenerlo vivo. Pero —¡ay!—, finalmente, el grupo se disolvió. Aun así, su obra sobrevive en el recuerdo de los tuneros, porque caló profundo en su sensibilidad. Cinco décadas después de su debut, continúan tan presentes como en su época de oro.

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