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Olga Echenique: Dos decisiones y un sueño

La ganadora de la primera edición de la Titan Tropic cuenta a JR qué ha hecho desde entonces y cuáles son sus aspiraciones en un deporte que tiene mucho de aventura

 

Autor:

Norland Rosendo

Con Cuba a cuestas anda Olga Echenique rodando por medio mundo. La lleva tatuada y atravesada en el pecho. Subiendo lomas, santa Cuba la empuja y en medio del monte, cuando está sola, la acompaña. Olga Anabel Echenique es la ciclista de montaña (MTB) con mejores resultados nacida en Cuba. Nadie ha competido más que ella en esa modalidad, que es medio deporte y medio aventura. A veces, más lo segundo que lo primero.

Cuando ganó la primera edición de la Titan Tropic en las sierras del occidente del país en 2015, se abrieron muchas oportunidades para ella, pero después fue como si Olga hubiese colgado su bicicleta. Una foto publicada hace unos días en su perfil de Facebook con fango hasta en los ojos nos devolvió la misma joven que nació pegada a un timón para pedalear desafiando montañas, aunque ahora lo haga por otros lares.

—¿Sigues practicando MTB?

—Sí, nunca lo he dejado. Cuando comencé a practicarlo en Cuba me enamoré de esta modalidad. Ahora vivo en España, he crecido mucho como atleta. Nunca imaginé poder competir tanto y a tan buen nivel.

—Es que después de la Titan Tropic de 2016 apenas se supo de ti…...

—Sucede que tuve que tomar una decisión en mi vida, pero tres cuartos de mí siguen con Cuba, y cada logro mío se lo dedico a mi país, a mi familia, al ciclismo cubano, que me formó y al que le debo la pasión por este deporte. Todo cambió después de aquellas dos aventuras.

—Sin embargo, ¿tú no llegaste al ciclismo de élite por el mountain bike?

—Al MTB llegué en 2013 cuando tuve que tomar la  primera decisión compleja de las dos que más impacto han tenido en mi carrera. En la escuela nacional de ciclismo determinaron que no tenía mucho futuro como rutera ni en la pista. Entonces apareció la idea de practicar MTB y podía seguir con el sueño de una medalla para Cuba.

En 2015 seguía siendo una perfecta desconocida ciclista de montaña, a pesar de que el año anterior había alcanzado un alentador octavo lugar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz sin haber ido nunca a una competencia internacional de MTB. A la justa regional mexicana llegó solo con un mes de entrenamiento en una rústica pista improvisada al lado del velódromo Reinaldo Paseiro, de La Habana, y la experiencia transmitida por su preparador Lisardo Benítez. «Haber llegado a la meta en esos Juegos es un resultado que guardaré siempre entre mis logros más preciados», recuerda esta joven de 26 años.

—El MTB apenas se conocía aquí, hasta que llegó la Titan Tropic. ¿Qué es lo que más recuerdas de esa experiencia?

—Aquello fue una gran oportunidad para nosotros. El MTB era, y todavía sigue siendo, la modalidad menos visible del ciclismo cubano y de pronto aparece esa competencia con muchos corredores internacionales.

«Lo que más habíamos practicado era cross-country, carrera de un solo día, pero la Titan era por etapas y de maratón. Asumimos el reto con muchas ganas. Estábamos en nuestro terreno, queríamos que el MTB se conociera más en Cuba, que la gente supiera de nosotros. Pese a que no teníamos mucho roce competitivo, ni la tecnología ideal, recibimos ayuda de la Comisión Nacional de Ciclismo.

«Mi propósito en 2015 era completar todas las etapas, pero el sueño iba más lejos, salí desde el primer día en busca de un puesto en el podio. Estaba tan entusiasmada, que pude reponerme de una primera etapa fatal, después que varios perdimos el rumbo y eso nos costó 30 minutos».

Esa noche, tendida en su tienda de campaña con los pies estirados, parecía que Olga había ganado. Estaba feliz, risueña. Solo dijo: «Estamos empezando, lo mejor está por venir», y se volteó para descansar. Yo solo registré sus palabras en un pedazo de papel y no me atreví a decir lo que pensé: «a esta muchachita se le aflojaron dos tornillos de la cabeza».

En las siguientes jornadas fue descontando tiempo y, cada vez que pasaba por una meta y me veía en el grupo de periodistas, repetía lo mismo: «lo mejor está por venir…». Terminó ganando la competencia, y desde entonces todo fue diferente para ella.

—De ese podio saltaste al mundo.

—Como premio, fui invitada a la Titan Desert y después se me abrieron las puertas de España para entrenar y correr con clubes profesionales. La idea era mejorar mi nivel en Europa, donde hay un calendario de competencias todo el año, y representar a Cuba cada vez que fuera llamada por la selección nacional. Mi patrocinador se encargaba de la logística, viajes, tecnología, en fin, los recursos y oportunidades que no tendría de otra manera.

—¿Y qué pasó?

—Iba y venía, estaba superándome mucho. Veía muy cerca una medalla para Cuba en alguna carrera del calendario UCI, e incluso hubo una propuesta de contrato para mí que nunca se concretó y entonces me pusieron a decidir.

«Me tocó vivir otro momento duro, como cuando me dijeron en 2013 que no iba a seguir en la escuela nacional: tuve que elegir entre seguir entrenándome en La Habana casi todo el año, a la espera de alguna competencia, o partir a España para crecer como atleta con Cuba zurcida en mi camiseta.

«Esa ha sido una de las decisiones más duras en mi vida. Sigo esperando la posibilidad de representar a mi país en una carrera. Quisiera tener licencia UCI de Cuba. Por suerte mi club aquí gestionó una con la Federación española para que pudiera seguir corriendo, pero anhelo que un día me anuncien en las competencias como Olga Echenique, de Cuba».

«Empecé en atletismo y a los diez años cambié para ciclismo en mi natal Jagüey Grande, desde entonces mi gran idea es ganar medallas para mi país.

—Este año, si la COVID-19 lo permite, hay Campeonato Mundial en Turquía en el mes de octubre, ¿piensas ir?

—Por España es difícil, pero estoy dispuesta a representar a Cuba. Mi entrenador español dijo que si mi país me inscribe puedo ir, porque hay una plaza por nación. Tengo hasta un plan de entrenamiento diseñado para llegar en forma óptima, que incluye tres fases de copas del mundo, dos campeonatos europeos y el de España. Además, asumo todos los gastos. Sería la primera atleta cubana en un evento de ese nivel.

—Si se concretara, pudiera significar un resurgimiento de esa especialidad en Cuba…

—Después del segundo Titan Tropic, el MTB cubano volvió a caer. Hacen un gran esfuerzo, pero es difícil, y más en estos tiempos en que todo es muy caro en el mercado deportivo.

«Con todo lo que he progresado, creo que estoy en condiciones de darle una presea a Cuba en Juegos Centroamericanos y del Caribe o Panamericanos, y representarla dignamente en competencias de más nivel.

«He mejorado la técnica, mi relación con corredores que llevan muchos años en el mountain bike ha sido muy enriquecedora, lo mismo en el aspecto físico como mental. Casi todos los meses tengo una carrera. Soy conocida en España.

—¿Crees que de quedarte hubieras tenido alguna otra oportunidad?

—Una nunca debe ser absoluto, pero dudo mucho de que se me diera otro chance. En Cuba los contratos profesionales han sido solo para ciclistas de ruta con grandes resultados.  

«Desde que estoy aquí solo una vez he visto a mis compañeros del equipo cubano de MTB, quienes vinieron gracias a un patrocinio y me alegró que vivieran esa experiencia».

—Dices que llevas a Cuba en el pecho y el maillot, ¿qué significa eso?

—Esa es la única condición que he puesto: que mi camiseta tenga siempre una bandera cubana. Sin ella no corro. Nunca. 

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