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Trágicas memorias estadounidenses para un día

El Memorial Day, cuando se le rinden honores a los soldados norteamericanos caídos, esta vez fue escenario de un peculiar discurso sobre «el uso de la fuerza»

Autor:

Juana Carrasco Martín

El último lunes del mes de mayo en Estados Unidos se conmemora una fecha que, para muchos, es una de las más importantes: el Memorial Day, cuando se le rinden honores a los soldados caídos en las guerras y a los veteranos. No son pocos los que tienen, porque sus guerras son muchas.

Dentro de la jornada, es tradición que un alto cargo del Gobierno acuda a West Point, la academia militar del país, y  hable a los graduados del año. Le correspondió dirigirse a la Clase de 2019, la 221ra. graduación, al vicepresidente Mike Pence.

Se dice que los soldados se entrenan para la guerra, aunque no necesariamente esperan o están ansiosos por combatir en una, pero… Pence, además de decirles que eran «lo mejor de lo mejor», y —por la autoridad delegada del presidente Donald Trump— absolver, con efectividad inmediata, a todos los cadetes de las restricciones por cualquier delito de conducta menor que hubieran cometido, les dio un discurso que bien pudiera considerarse anunciador del apocalipsis.

Además de advertirles que asumían sus deberes en momentos de desafíos prácticamente les ordenó: «Lo que han aprendido en este lugar, pónganlo en práctica»… «Saben que el “soldado no lleva la espada en vano”. El trabajo que hacen nunca ha sido más importante. América (Estados Unidos, por supuesto) siempre buscará la paz, pero la paz viene a través de la fuerza. Y ahora eres esa fuerza»… «Conducirán soldados en combate. Pasará».

Por lo tanto, Mike Pence pasó a describir los escenarios: «Algunos de ustedes se unirán a la lucha contra los terroristas islámicos radicales en Afganistán e Irak. Algunos de ustedes se unirán a la lucha en la Península Coreana y en el Indo-Pacífico, donde Corea del Norte continúa amenazando la paz, y una China cada vez más militarizada desafía nuestra presencia en la región. Algunos de ustedes se unirán a la lucha en Europa, donde una Rusia agresiva busca volver a dibujar las fronteras internacionales por la fuerza. Y algunos de ustedes incluso pueden ser llamados a servir en este hemisferio»… No mencionó nombre de país pero no hay que ser adivino para poner Venezuela o Cuba. Casi al mismo tiempo, al Ejército (el US Army) se le ocurrió hacer una simple pregunta en Twitter a sus veteranos y hombres y mujeres en activo «¿Cómo te ha impactado el servicio?». El resultado fue sorpresivo y nada agradable.

Por supuesto que tuvo réplicas complacientes sobre los beneficios y la facilidad para la educación superior, formación profesional, etcétera, tal y como esperaban, pero por miles —según revelaron los sitios digitales Antiwar y Commondreams, entre otros—, les llegaron comentarios que calificaron como «desgarradores», demostrativos de «la triste realidad que enfrentan» los veteranos y sus familias y la memoria de «los costos humanos reales, dolorosos y horribles de la guerra», como dijo el grupo Win Without War (Ganar sin guerra).

Algunos de los tuits de respuesta son estos:

El veterano Drew Turner dijo: «A ver. Perdí el uso funcional de una mano, desarrollé un trastorno de movimiento raro y cáncer, ambos probablemente por exposición a quemaduras, disfruto de dormir de tres a cuatro horas la mayoría de las noches debido a las pesadillas y durante el día ataques de ansiedad aleatorios, todo debido a trastorno de estrés postraumático, siete hernias discales, artritis...».

Entre el 11 y el 20 por ciento de los veteranos que sirvieron en Irak, por ejemplo, tienen diagnosticado Síndrome de Estrés Postraumático.

Sandy Almon dijo: «Mi hijo sirvió e hizo una gira por la OEF (Operationg Enduring Freedom, nombre de la guerra en Afganistán), regresó, se volvió a alistar y se disparó en la cabeza». 

La Agencia de Veteranos de EE. UU. reconoce que diariamente se suicidan 20 veteranos estadounidenses, lo que la ciudadanía está considerando una verdadera emergencia nacional a la que no se le brinda la atención debida.

Fueron miles las respuestas similares, tan dramáticas o más que estas. Pence nunca fue a la guerra, tampoco Trump, ni Bolton, a pesar de que podrían haber estado en Vietnam, Panamá, Granada, Bosnia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Somalia…

A ellos, nada les arredra, por eso la decisión es fácil. Van o irán los otros. Pero hay motivos para guerrear. En septiembre de 2018, solo Boeing recibió 20 contratos del Pentágono por 13 700 millones de dólares; en noviembre Lockheed Martin obtuvo por el F-35 el negocio redondo de 23 000 millones. Ineficiencia, despilfarro, corrupción en un contubernio industria y los hombres en el poder. Hoy es Donald Trump.

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