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El MAS transitará las vías anunciadas por Añez

Una multitudinaria asamblea del Movimiento al Socialismo respaldó su participación en las elecciones anunciadas por el ejecutivo usurpador: un camino plagado de peligros, que entraña una actitud osada y valiente  

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Una frase de Evo Morales alcanza para comprender el fondo filosofal que sostiene las decisiones dadas a conocer por el Movimiento al Socialismo (MAS), en su reciente asamblea nacional ampliada: «(…) Somos de la cultura del diálogo y la paz», reiteró el gobernante depuesto, hace unos días, en Twitter.

La aseveración, que no es nueva en el líder popular boliviano, resulta útil para entender la apuesta del MAS y las organizaciones sociales que le acompañan, a las elecciones anunciadas por el ejecutivo usurpador que comanda Jeanine Añez y que deberían celebrarse, según la resolución aprobada en el legislativo, en un plazo de «120 días» —se dijo en el documento original—, y de los cuales deben quedar por transcurrir, unos cien.

El anuncio se infiere de la nominación de Morales como jefe de campaña del MAS para esos comicios —dada a conocer en aquella multitudinaria cita nacional en Cochabamba—, y llama la atención por la osadía política que podría representar confiar el retorno a la institucionalidad y la democracia en Bolivia, a las acciones que, dice, va a implementar un ejecutivo totalmente espurio: este «gobierno» llegó donde está mediante un golpe de Estado y, lejos de alistar, como preconiza, una transición, ha pisado el acelerador a fondo para desmontar toda la obra refundacional de Evo y del MAS antes de que esos comicios se celebrasen (¿los realizarán?)

Además, el ejecutivo de Añez ha reprimido a mansalva a los defensores de Evo y es responsable de la muerte de más de 30 personas, al tiempo que ha encausado y perseguido a los principales dirigentes del MAS, algunos de los cuales han sido apresados sin causa legal… Otros han debido refugiarse en legaciones diplomáticas e, incluso, se ha dicho que los usurpadores dictarán auto internacional de prisión contra Evo, acusándole falsamente de llamado a la sedición y de terrorismo, y hasta se ha afirmado que se le llevará ante la Corte Internacional de La Haya.

El que dice convocar a elecciones es un cuerpo con actuación facistoide que no logra ocultar —tampoco lo pretende— su esencia racista y neoliberal, como conviene a los dictados de Washington, y el interés no ya de torcer por la fuerza a Bolivia —obviamente, hacia la derecha—, sino, además, de seguir fracturando la unidad regional.

A pesar de ello, al acordar su participación en esas elecciones —que desconocen las que dieron el triunfo a Evo el pasado 20 de octubre— pareciera que el MAS vuelve a poner sus cartas en el mismo razonamiento que sustentó la salida de Morales del país, cuando la OEA brindó el débil y mentiroso asidero de su informe electoral, y los militares conminaron al Presidente electo a irse.

Evo, está claro, no se fue por miedo. Él lo dijo: lo hizo para evitar más derramamiento de sangre.

Ahora, el MAS volverá a jugar con las reglas del enemigo (me refiero al obediente ejecutivo proyanqui que buscó imagen en la rubia y apartemente inofensiva Jeanine Añez), como antes confió (y fue traicionado) en el informe de la OEA, manipulado a la postre, como podía esperarse de esa organización.

Decidirse a transitar esos caminos solo puede ser muestra del mismo deseo de Evo y del MAS de evitar la confrontación violenta; otra muestra de su confianza en las salidas políticas y pacíficas que caracterizaron toda su gestión.

No quiere eso decir, sin embargo, que los defensores de la refundación serán correspondidos por el establishment impuesto a sangre y fuego.

La amplia y combativa presencia de miles de bolivianos en la cita del MAS, demuestra que a nivel social se mantiene incólume la fuerza que antes le dio el voto —y seguro se lo volverá a dar, y muestra que hay una estrategia unitaria después del posible desconcierto que siguió al golpe, a la ausencia de Evo, y la renuncia de los líderes del MAS que le continuaban en línea de sucesión.

El primer llamado del partido de Morales en esa asamblea ha sido, precisamente, a la unidad, y a la recomposición de las bases.

También emergieron exigencias. Entre otras, el Movimiento al Socialismo demanda la instalación de un juicio de responsabilidad contra Añez y la interpelación a militares y policías por los crímenes de lesa humanidad cometidos, el establecimiento de una comisión de derechos  humanos y tribunales que garanticen las elecciones.

Pero invita a la desconfianza este contexto enrarecido por la represión y por la «antidemocracia» de quienes siguen «desmontando» todo un país, y dirigirán el torneo electoral. ¿Serían transparentes quienes acusaron, falsamente, de fraude, al MAS, y manipularon los acontecimientos para infligir un golpe de Estado?

Es osada y, por tanto, valiente, la decisión del MAS de concurrir a las elecciones que se anuncian. También puede ser sabia. Es su decisión, y con ella el Movimiento al Socialismo otra vez se levanta…

  

 

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