Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Exjefe de la CIA afirma que Trump es un awol

Crecen las cifras de la COVID-19 en Estados Unidos y su Presidente no deja de tomar decisiones erróneas y de extremo egoísmo

Autor:

Juana Carrasco Martín

Ver que la cifra de contagios a la COVID-19 en un solo día llevó a Estados Unidos a un récord doloroso y deplorable: 52 982 nuevos casos, acumular 2 782 321  infectados y 130 850 fallecidos, merece una definición nada halagüeña para un Presidente que prefiere la adulonería a sus respuestas erróneas a la pandemia, mezcla de estupidez y egoísmo.

La más reciente crítica de un personaje prominente de la política estadounidense le llegó en el comentario del exdirector de la CIA y exsecretario de Defensa, Leon Panetta, quien lo acusó de «rendirse efectivamente al virus y abandonar a los estadounidenses a su suerte».

Utilizó un término de la jerga militar para catalogarlo: awol, con el que se define a quien abandona su puesto sin justificación, cuando señaló que Donald Trump «esencialmente ha abandonado su labor de liderazgo, el que debería estar proporcionando a un país en problemas».

Ciertamente, los problemas sanitarios de Estados Unidos se siguen complicando, al punto de que el principal epidemiólogo de la nación, el doctor Anthony Fauci, ha advertido la posibilidad de que se llegue a 100 000 casos diarios de infección.

«Pero el Presidente, en lugar de reunir algún tipo de estrategia nacional para enfrentar esta crisis, simplemente recurre a tuitear sobre el vandalismo y otras cosas para desviar la atención de la crisis que está allí», agregó Panetta, quien no fue parco en su valoración: «Tenemos un Presidente que no está dispuesto a ponerse de pie y hacer lo necesario para dirigir este país en tiempos de crisis importantes. Nunca he experimentado un Presidente que haya evitado esa responsabilidad».

Se recuerda que el 18 de enero, el secretario de Salud advirtió del riesgo de la epidemia; febrero fue un mes de inactividad práctica del mandatario, que le restó importancia a la enfermedad y no declaró la alarma hasta el 13 de marzo.

Considerado un avestruz ante el eminente peligro cuando dijo que el virus «simplemente desaparecerá», Trump mantiene empecinadamente su decisión de abrir el país con el deseo de estimular la economía, sin importarle en lo más mínimo lo que esa festinada determinación dejara en vidas y dolores humanos.

En la más reciente entrevista con Sean Hannity, de Fox News, el 25 de junio, habló de la violencia en Chicago, Baltimore y otras ciudades estadounidenses y lo calificó como «vivir en el infierno»; se refirió en total rechazo al derribo de las estatuas de personajes de la historia (vinculados a la esclavitud, el racismo y las conquistas imperiales); otros temas fueron el molesto libro de John Bolton, el caso de Roger Stone, exasesor y aliado de Trump condenado el año pasado por siete cargos de obstrucción, mentirle al Congreso y manipular testigos, las diatribas contra Joe Biden, su rival en las elecciones presidenciales del próximo noviembre, y otros muchos.

Sin embargo, en una hora de conversación, en la que se autodenominó «el guerrero solitario», solo le dedicó tres minutos a la terrible pandemia.

Y ese es otro error respecto al coronavirus que pudiera comprometer su prioridad mayor y al parecer casi única: ser reelecto. Por ejemplo, una encuesta de Hart Research para el grupo de presión Protect Our Care encontró que incluso los votantes que aprueban el manejo de Trump de la economía les inquieta más por su respuesta fallida al virus.

La indagatoria mostró que alrededor del 57 por ciento cree que las políticas de Trump están aumentando las posibilidades de que muchas más personas mueran por el coronavirus, mientras que solo el 17 por ciento considera que lo disminuye. En general, la encuesta encontró que el 60 por ciento de los votantes desaprueba cómo Trump ha manejado el coronavirus y el 57 por ciento que el Presidente es el culpable de las muertes asociadas con la pandemia.

Una pregunta flota en el éter, cómo será la votación en la Florida, un estado del que se siente ganador y a cuyos políticos ha cortejado con una reiterada y agresiva posición anticubana, cuando allí acaban de reportar más de 10 000 casos de la COVID-19 en un solo día, en junio creció con 95 000 nuevos casos y julio sigue en ascenso.

Sin embargo, el gobernador republicano Ron DeSantis ha seguido al pie de la letra la ejecutoria de Trump y ha determinado como conducta a seguir para el Estado todo lo contrario a lo recomendado y advertido por las autoridades y especialistas médicos, aunque ahora se apresura a cerrar bares y algunas playas ante el rebrote, pero no reimpone el encierro ni obliga el uso de las mascarillas protectoras.

Florida sobrepasa en mucho a Texas, California y Arizona, las otras regiones que sufren en estos momentos índices de la pandemia que incluso están sobrepasando el pico de abril pasado.

Aunque para demostrar su «interés», Trump ordenó la compra de toda la producción de Redemsivir a la empresa estadounidense Gilead, su fabricante, negándole al menos hasta después de septiembre este medicamento antiviral, empleado sin éxito en el ébola, pero aprobado oficialmente en el tratamiento a la COVID-19, aunque no hay datos completos sobre su seguridad y eficacia y se le conocen efectos secundarios como inflamación del hígado, malestares, sudoraciones y presión arterial baja. Pero la posición egoísta ha creado preocupación en el mundo.

Así andan las cosas en Estados Unidos, mientras, su presidente Donald Trump repite nuevamente lo que piensa, a despecho de la realidad y de las advertencias de los científicos, el «virus desaparecerá»…

¿Y «el guerrero solitario» también?

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.