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Sin aflojar, sea cual sea la tempestad

Autor:

Alina Perera Robbio

CARACAS, Venezuela.— En un encuentro que recientemente sostuvieron el legendario Diego Armando Maradona y el presidente bolivariano Nicolás Maduro, el primero le comentaba al segundo su admiración porque el mandatario tiene gente en su equipo de Gobierno que «no afloja».

En un campo deportivo de la ciudad militar Fuerte Tiuna, el genio del balón comentaba a Maduro que el gran mérito en estos tiempos tan duros de la Revolución iniciada por Chávez es que los artífices nunca aflojaron, ni siquiera cuando el juego parecía estar tres a cero y esa puntuación no les era favorable.

De vencedor a vencedor, el jugador argentino aprovechó el momento para recordar que los revolucionarios nunca deben perder el entusiasmo, ni siquiera cuando las circunstancias resultan abrumadoramente adversas. Y eso es justamente lo que he visto hacer a Nicolás Maduro y a su equipo de dirección en este año que ya casi termina: no cejar en el desvelo de hacer Revolución.

Atrás quedaron los cien días y algo más de violencia callejera, destrucción y muertes atizadas por la derecha opositora. El gran protagonista, el pueblo, solventó esa crisis enviando un contundente mensaje al mundo, donde quedaba explícito el apoyo de más de ocho millones de ciudadanos a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que era decir, por sobre todas las cosas, amor a la paz.

Los ataques a la Revolución, sin embargo, no han cesado. Es por eso que el 2017 va yéndose marcado por grandes desafíos en lo económico, como la inflación inducida o la falta de dinero en efectivo, el cual parece haberse evaporado del panorama cotidiano. Maduro lo advirtió en sus palabras compartidas con el pueblo el pasado 15 de octubre, a instantes de conocerse oficialmente el triunfo demoledor del chavismo durante las elecciones de gobernadores de estados: enderezar la economía, escalar peldaños en el bienestar de la familia venezolana, sería a partir de entonces tarea larga y dura.

Como la nación de Bolívar va de tempestad en tempestad, ahora anda en esa de enderezar las distorsiones que provocan el desgaste del pueblo. Y afortunadamente sabe llevar las batallas del presente y las que están señaladas con letras de urgencia en agendas precedentes, pero no olvidadas, como evitar que la guerra entre venezolanos vuelva a estallar como en los días de abril pasado.

De este 9 de noviembre es la noticia dada por la página web del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, según la cual Tarek William Saab, Fiscal General de la República, explicó en rueda de prensa que la Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia —instrumento legal que en su entender es un reclamo del país— cumple un rol preventivo y disuasivo «para que aquel lleno de odio, neonazi, víctima de un lavado cerebral que se cree con derecho a masacrar a un ciudadano porque piensa diferente a él, recuerde que ya hay una ley muy clara en Venezuela que prohíbe y judicializa el caso y lo coloca como un delito similar al homicidio».

Todavía están frescos en la memoria colectiva los episodios de las personas fallecidas por haber sido golpeadas o quemadas. Tarek ha definido que la nueva ley cumple un rol histórico y queda para las futuras generaciones, para que nunca más alguien considere impunemente que al ver a un ciudadano en la calle que no le agrade puede atacarlo físicamente o de modo verbal.

No es fortuito que la ANC haya convocado, también este 9 de noviembre, a los ministros de Educación, de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, de Comunicación e Información, y de Cultura, para que acudan ante el Poder de Poderes en aras de abordar todo lo relacionado con la Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia.

Los venezolanos se han planteado ese asunto, en primer lugar, desde lo educativo. Necesitan enaltecer los derechos humanos, la democracia, la convivencia, el respeto, la libertad, la igualdad, la no discriminación, la fraternidad y la justicia, entre otros valores.

Dos pilares esenciales —de los definidos por Chávez para hacer la sociedad soñada— van hoy de la mano y sin que sus defensores tengan intenciones de olvidarlos, de «aflojar» en la disposición de defenderlos: el de la economía y el de la dimensión espiritual. En esa combinación estratégica, a la cual se suman muchas otras premisas, radica la capacidad de la Revolución Bolivariana para volver a tomar el sol después de la tempestad más reciente, que tampoco —y sus protagonistas son los primeros en saberlo— será la última.

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