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La Habana «abierta», ¿y después?

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

«Que abran La Habana ya». No puedo recordar la cantidad exacta de personas que semanas atrás compartían su deseo conmigo, aun cuando no tenía yo el mismo nivel de desesperación, ansiedad, angustia o inquietud.

«¿Sabes algo, tú que eres periodista? Anda, dime, para cuándo La Habana vuelve a la normalidad?». En efecto, soy periodista pero no poseía ni poseo la bola mágica que me permitiera responder la interrogante, y la verdad es que solo pensaba en que esa decisión no podía ser apresurada.

Desde el 3 de julio último, la Ciudad Maravilla está «abierta». De manera oficial, la capital pasó a la fase 1 de la etapa pos-COVID-19, como lo estuvieron las otras provincias, y junto a Matanzas permanecerá en ese estatus, hasta que pueda equipararse al resto del país, que ya transitó hacia la fase 2.

Cada fase, y ello ha quedado explícitamente reflejado en los diferentes medios de comunicación, conlleva determinadas restricciones y ciertas «solturas», para avanzar hacia la normalidad que, como sabemos, no será la de antes, sino una totalmente nueva, a la que deberemos acostumbrarnos, en la que la enfermedad que tanto daño ha causado en el mundo, coexistirá con nosotros.

Lo ciertamente preocupante es que, aun cuando se ha repetido hasta el cansancio, cualquiera de las tres fases explicadas y la vuelta hacia esa «vida normal» requerirán mucha disciplina y responsabilidad para con todos y, seamos sinceros, no la tenemos de sobra.

Al control y la estricta vigilancia apelaba en días pasados en su conferencia de prensa habitual el doctor Francisco Durán García, director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, «porque solo el cumplimiento de las medidas de aislamiento y no descansar en la búsqueda de posibles contagiados para evitar la aparición de nuevos focos podrá evitar rebrotes de la enfermedad».

Precisamente la capital era uno de los territorios con mayor cantidad de casos reportados y al que le asiste mayor complejidad en el tratamiento de su población, la que no debe exponerse abiertamente e interpretar que fase 1 es sinónimo de vida libre de coronavirus.

¿A cuántas personas vemos sin nasobuco por la calle o, peor, haciendo visitas de una casa a otra, quitándoselo al llegar? ¿Cuántos han descuidado un poco el lavado de las manos o la desinfección con cloro porque si ya lo hicimos ahorita, para qué hacerlo de nuevo? ¿Acaso soy la única que ha escuchado decir que ya la pandemia se erradicó en el país, y que basta con controlar a los turistas para mantenernos a salvo?

Muchos de los que portan el virus son asintomáticos y pueden transmitirlo, algunos continúan ofreciendo información falsa a través del pesquisador virtual y al personal de Salud que lo visita en su casa, no pocos han violado las normas y se aglomeran sin cuidado… Resumiendo: No todos hemos acatado lo establecido cabalmente.

La Habana está «abierta», sí, porque los indicadores que se evalúan para tomar esa decisión, tales como la tasa de incidencia, el índice reproductivo, el número de casos activos, el número de casos positivos con fuente de infección conocida en los últimos 15 días y los eventos de transmisión local, evidencian un comportamiento favorable, pero ello no quiere decir que desapareció el riesgo. Los rebrotes en China y España, por solo mencionar algunos países, revelan que en el descuido anidó el peligro.

Ya desde este martes el Consejo de Defensa de La Habana decretó el cierre de cuatro manzanas en el municipio habanero de Cerro, y el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez —en la reunión del grupo temporal de trabajo para la prevención y el control de la COVID-19— indicó reforzar las medidas de control en ese territorio y también en Cotorro, Centro Habana, Arroyo Naranjo, Diez de Octubre y San Miguel del Padrón, pues en ellos en las últimas jornadas se han incrementado los casos positivos.

Por eso, la cotidianidad debe acomodarse al cumplimiento estricto de las medidas higiénicas, y no ignorar que cualquiera puede enfermar, con más o menos gravedad, pero a fin de cuentas, enfermar. «Abrir» no significa, en estos casos, confiar del todo y olvidar. Ahora es cuando más cuidadosos debemos ser, pienso y prefiero pensar que así será.

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