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La revancha de Penélope

Bajo un enfoque machista las personas condenan con más fuerza la infidelidad femenina e ignoran los motivos y sentimientos que llevan a una mujer a tomar tal decisión Infidelidad (I) Pregunte sin pena

Autor:

Mayte María Jiménez

 

¿Ellas son hoy más infieles? ¿Puede ser la infidelidad una experiencia atractiva para la mujer? ¿Acaso esas nuevas sensaciones y emociones pueden devolver el toque mágico a la relación? ¿Es justo que se sientan más culpables y sean menos comprendidas por su pareja?

No con el ánimo de aplaudir las relaciones extraconyugales, sino para traer a debate algunos criterios que «condenan» más a la mujer infiel que al hombre, Sexo Sentido propone reflexionar sobre ese enfoque machista de quienes no solo no aceptan la infidelidad femenina, sino que hacen oídos sordos a los motivos y sentimientos que la llevaron a tomar esa decisión, y optan por la ruptura definitiva.

Condenada desde antaño, la mujer ha tenido que soportar las censuras de una sociedad prejuiciada, donde el hombre, en su posición hegemónica, puede gozar de mayores libertades y perdones cuando nos referimos al engaño en una relación.

Si tenemos en cuenta que la pareja monogámica no es una condición natural, sino una asimilación de compromiso que se establece con una persona, entonces no podemos sentenciar los errores cometidos por los seres humanos en sus relaciones sociales, afectivas y psicológicas: no pueden ser relaciones perfectas, sino «ideales».

En la actualidad se estima que más del 40 por ciento de las mujeres son infieles, comparado con el 50 por ciento de ellos. Antes, ellas permanecían encerradas en la casa con un mínimo de posibilidades; ahora pueden trabajar en empresas, fábricas u oficinas, y asimilar altas responsabilidades.

Sin embargo, más allá de los cambios sociales, los psicólogos coinciden en que los motivos más frecuentes por los que una mujer se involucra en una relación paralela a su pareja dependen más de la subjetividad emocional que de las circunstancias materiales.

Las razones son complejas y se remontan a patrones heredados a lo largo de siglos. La falta de comunicación o de entendimiento en momentos de crisis, insatisfacciones, pérdida de atenciones, celos, autoestima baja, decepción respecto a la imagen masculina idealizada, pueden crear la base perfecta para asimilar una infidelidad en la mujer.

Atracción peligrosa

La infidelidad es un problema frecuente en las terapias de pareja en todo el mundo. Las tentaciones de la vida diaria y conocer a nuevas personas son situaciones confusas que aparecen acompañadas de emoción y ansias de aventura, pero ¿atrae esto al ser humano?

Luego de formalizar su relación, advierten los especialistas, después de dos años o más, hay quienes se «relajan» y dejan de hacer por encantar al ser amado, pues «todo está conquistado». Entonces uno de los dos comienza a sentir una pérdida de interés y cae en la tentación de buscar otras fuentes.

En el libro ¿Por qué somos infieles las mujeres?, la psicóloga alemana Gisela Runte señala que las crisis de pareja, el deseo de tener experiencias nuevas o la insatisfacción sexual son generalmente las motivaciones más importantes en la traición de las féminas.

En materia de consecuencias se dice que también pueden ser diferentes para ambos sexos. Algunos psicólogos sostienen que en estas relaciones «ilícitas» las mujeres entregan más de ellas que los hombres, pues el instinto maternal puede incidir subconscientemente y generar fuertes sentimientos de preocupación y atenciones por esa nueva persona, y luego de culpa.

En caso de imbricarse demasiado, puede resultar más perjudicial. Pero hay quienes aceptan el reto, pues confiesan ver la infidelidad como algo atractivo, dado lo estimulante que puede resultar vivir situaciones nuevas que lo saquen de lo establecido, o de su matrimonio descontento.

En estos casos se destaca la llamada infidelidad virtual, que ha ido cobrando fuerza tras la llegada de las nuevas tecnologías: una especie de amante virtual que puede convertirse en un aliado muy peligroso.

Para algunas personas este amor virtual es la mejor ocasión para confesar a ese imaginario sus historias y problemas, sobre todo cuando la pareja pasa por un mal trance.

Los psicólogos aclaran que esta infidelidad es tal en la medida en que se busque algo que se sienta perdido en la relación. Según las estadísticas es más frecuente en las mujeres, pues tienden a buscar idilios virtuales que suplan o reemplacen carencias afectivas reales.

¿Vale la pena?

Cuando los fuegos se calman y se reflexiona sobre lo sucedido aparece el momento más difícil de la historia tripartita, pues se presenta la encrucijada de decidir por quién, y si lo sucedido será confesado o no a la pareja.

En sus cartas algunas lectoras refieren que no logran salir adelante tras cometer una infidelidad si no se lo cuentan a su cónyuge. Sin embargo, advierten los especialistas, esta especie de sincericidio puede no funcionar.

Primero es necesario tener la convicción de que no se cederá nuevamente a la tentación, antes que hacerle saber a la persona amada algo que puede lastimarle. Hay hombres y mujeres que no asimilan esta situación y se desencadena una ruptura definitiva. Como diría un viejo refrán: «Ojos que no ven corazón que no siente».

Pero esto solo será si la pareja no ha descubierto lo sucedido o no exige una explicación, pues ante las dudas y reproches sí se impone confesar la verdad.

Se trata de aprender a conocernos bien y a nuestra pareja. Si sabemos que es de los individuos que no pueden aceptar una infidelidad, entonces reivindiquemos nuestro error a partir de acciones y no de confesiones que solo traerán nuevos problemas a la pareja.

En estos casos la mujer tiende a cambiar menos que el hombre —por los mismos sentimientos de culpa—, y generalmente se muestra más tierna y cariñosa. Eso no significa que cada mujer que se comporte de esta manera está siendo infiel, sino que, acuñan los psicólogos, «ellas tienden a disimular mejor».

Ser infiel es un juego que puede quemar; aunque a la larga, en ocasiones ha demostrado servir como puente para una superación en la relación de pareja y un nuevo aire, siempre que se asuma a tiempo la punta del triángulo que se escogerá.

Con el paso de los años las relaciones cambian, la rutina, los hijos, el trabajo y el cansancio van apagando la chispa que los enamorados encendieron cuando estaban más jóvenes y puede hacer mella la infidelidad.

Perdonar y entenderse puede salvar la relación mientras no subyazca un deseo de venganza y la historia se convierta en un ciclo sin fin.

No se puede olvidar que en esta cruzada no solo están en juego sentimientos, sino también se pone en riesgo la salud de la pareja, pues irresponsablemente se expone a ITS u otras afecciones provocadas en un contacto íntimo.

 

Romper con el pasado

En siglos anteriores las mujeres infieles, a diferencia de los hombres, eran castigadas con atroces medidas como azotes, mutilaciones, encierros. En la civilización hindú, se les amputaba la nariz, y como consecuencia aparecían infecciones que a veces terminaban con la vida.

En Inglaterra y otras culturas occidentales recibían fuertes azotes y eran mal miradas, discriminadas, incluso por las propias mujeres. Los prejuicios sociales han condenado el adulterio como actitud deplorable, que en los hombres puede ser recompensada mientras que para las mujeres resulta imperdonable, aún cuando el desarrollo cultural ha marcado cierta liberación femenina.

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