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Del trapiche a la alcoba

En la norma culta se le llama coito, intercurso o contacto sexual, pero cada pueblo tiene su propia metáfora para nombrar este fenómeno. Lo curioso es que ni la ciencia ni el acervo popular resultan concluyentes en su descripción, cargada de frustrantes estereotipos

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Consumado el placer, un nerviosismo/ sutil y doloroso me espolea,/ y la carne invencida se recrea/ en ese breve vértigo de abismo.

Regino Botti, poeta cubano (1878-1959)

Durante la Colonia, la mayoría de las haciendas mantenía su dotación en barracones separados para evitar que las esclavas en edad reproductiva tuvieran relaciones sexuales a su antojo. Como hacían con el resto del ganado, los amos escogían esclavos sementales para obtener críos fuertes y castigaban cualquier otro devaneo o relación sentimental «inoportuna».

Al parecer el único momento para burlar ese inhumano arbitrio era cuando los negros iban por palos para alimentar el fuego del trapiche, oportunidad que aprovechaban las mujeres para reunirse con ellos y gozar de sus cuerpos sin la lascivia vigilante de los capataces.

De esos instantes de libertad nació la frase con que se nombra vulgarmente al coito en Cuba (aceptada por la Real Academia de la Lengua Española). Pero la manía de contarlos no es una herencia africana: tal estadística ya se empleaba entre caballeros para cotizarse como amantes en las cortes europeas mucho antes de que Colón saliera del puerto de Palos en 1592.

Tras sondear el tema en la calle y revisar bibliografía, confirmamos que el vocablo de marras solo alude al desempeño masculino. El placer de las mujeres no interesó a nadie hasta hace poco tiempo y no era en función de ellas que se enumeraban las «contiendas».

Ábaco sexual

En la norma culta se le llama coito, intercurso o contacto sexual, pero cada pueblo tiene su propia metáfora para nombrar este fenómeno. Lo curioso es que ni la ciencia ni el acervo popular resultan concluyentes en su descripción, cargada de frustrantes estereotipos.

El tema llegó al foro y la peña de Sexo Sentido hace un año, a propósito de una confesión que despertó gran revuelo. Un joven aclaró después que no había hablado de su propio rendimiento, sino de los 11 orgasmos provocados a su pareja femenina, pero el asunto siguió siendo confuso y cada cierto tiempo volvieron las burlas sobre «la proeza» de Adrián.

Según Master y Johnson, la pareja de investigadores y terapeutas más referenciada del pasado siglo, la respuesta sexual humana tiene cuatro etapas muy similares para hombres y mujeres: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Desde su punto de vista, la vía para alcanzar el clímax no es lo más importante, ni el placer se supedita a la eyaculación.

Sin embargo, en la calle la mayoría de los hombres dice que para ellos el acto no cuenta si no hay penetración en el ano o la vagina que además termine en derrame, aunque dure solo medio minuto. Los orgasmos logrados con estimulación oral o digital no acumulan «goles», y tampoco esas sesiones dilatadas en las que el amante controla sus impulsos a tal punto que luego no logra terminar ni dentro ni fuera de su pareja.

Sin importar la energía empleada, la mayoría se niega a sumar el tiempo dedicado a dar placer si el pene no participa en el «partido», y tampoco va al récord si su pareja se «aprovecha» de él mientras está dormido, o si después de un rato se pierde la erección y se detiene el intercambio.

Por otro lado, la estadística criolla estipula que se pueden anotar «tantos» por separado cuando el pene no se retira tras la eyaculación y a los pocos minutos se repite el ciclo, aun cuando el nuevo retozo genere poco líquido seminal.

La suposición popular respecto a las parejas gays y los tríos es que cada integrante lleva su propia cuenta, y de ningún modo se aceptó que la palabreja sirva para nombrar el coito lésbico, aunque ellas usen «juguetes» para penetrar.

Cuando preguntamos cómo medir el desempeño de hombres con eyaculación retrógrada, o el de aquellos que no tienen erección, pero viven el erotismo a su manera, o de quienes practican sexo tántrico y tienen orgasmos secos, la mayoría de la gente no supo qué responder.

Con un margen tan estrecho y estereotipado de cuentas, impuesto por la cultura falocentrista desde hace siglos, no sorprende que el promedio convencional rara vez pase de tres en una jornada, y la cifra máxima aceptada sea de seis o siete.

«Eso con una persona muy especial, que me atraiga mucho y no me sienta cohibido en su presencia», puntualizó uno de los jóvenes en la pasada peña, criterio apoyado por otros asistentes al debate: «Sin esa química o compatibilidad sexual es difícil terminar incluso el primero».

Algunos hombres dicen rendir más cuando sienten atracción intelectual por la otra persona, o si la relación es estable y hay confianza para barrer prejuicios y organizar maratones sexuales frecuentes, pero en el average influyen la privacidad, la comunicación y el respeto de la familia hacia el tiempo íntimo de la pareja.

No faltó quien dijera que el condón repercute en la calidad de su respuesta, o que la falta prolongada de actividad disminuye sus posibilidades de multiplicarse en el siguiente encuentro.

Ya en confianza, a casi nadie le importa de verdad cuántos son o los minutos que duran: «El más gratificante es aquel que nos deja con ganas de seguir acariciando a la pareja hasta dormirnos en sus brazos», concluyó un veterano de la peña, pero ese difícilmente fue de los más disfrutados junto a la leña del trapiche. Otra razón para odiar al régimen esclavista.

Encuentros

Eva Luna escapó de la literatura para poblar los sueños de cierto adolescente. Ella no lo sabe bien, pero su amor es el único amuleto que él lleva en su viaje de vacaciones. No se preocupen: un mes pasa tan rápido…

Nuestra felicitación para Katerina, colaboradora de esta sección que ayer defendió su tesis de Psicóloga en la Universidad Central de las Villas Martha Abreu. También Ilce y Jorge cumplieron su meta profesional.

Recibamos en Encuentros a  Roberto Carlos, laguarda@elecl

tu.une.cu; luislmy@apppmy.cu y Reynel, dircauto@capgrm.co.cu.

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