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Al mal paso, pelea fresca (II y final)

En una familia, como en los dedos de una mano, todos son diferentes. Si fuéramos iguales y pensáramos lo mismo nada pasaría. Nada malo y nada bueno

 

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Cabalgarás en la vida hacia la risa perfecta. Es la única pelea que vale la pena.

                                                                                                  Charles Bukowski

«Si durante la cuarentena están todos en casa y pelean mucho, es porque son inteligentes. Como seres humanos deberíamos exhibir nuestras diferencias, aunque terminen en discusiones, sin dejar que estas se salgan de control».

Tal es la reflexión que comparte mediante videoconferencia Sri Sri Ravi Shankar, líder de la fundación internacional El Arte de Vivir, organización radicada en India hace más de tres décadas con representación en más de 150 países.

En una familia, como en los dedos de una mano, todos son diferentes. Si fuéramos iguales y pensáramos lo mismo nada pasaría. Nada malo y nada bueno. Así la vida sería apagada, improductiva, aburrida… porque sin diferencias no hay crecimiento, explica Shankar, también fundador de la ONG Por los valores humanos, con la que colaboran decenas de miles de personas voluntariamente en aras de construir una sociedad libre de estrés y de violencia.

«Una familia está conectada profundamente mediante lazos de sangre, de amor y pertenencia, pero cada cual tiene sus propias opiniones y argumentos. Esa es la señal de su fortaleza individual e intelectual y es también el origen de las peleas, porque la gente se aferra a sus propias percepciones de un asunto y no escucha otras opiniones».

Casi siempre las intenciones de quienes pelean apuntan a lo mismo: felicidad, armonía, bienestar, aunque las formas son distintas, todas están en la misma cuerda: desean lo mejor para sí y para la familia en conjunto.

 En condiciones normales se pueden dispersar y tomar tiempo para evaluar puntos de vista ajenos, pero ahora están mucho tiempo juntos en casa y no saben cómo salir de ese momento incómodo sin herir los sentimientos de los demás. ¿No es así?

La recomendación de Shankar, nombrado Embajador de la paz  por la ONU, es darles la bienvenida a las discusiones hogareñas con los brazos abiertos: «La gente inteligente sabe cómo discutir, cómo hacer ver a los otros su punto de vista y reconocer en la diversidad la riqueza de la vida».

Para lograrlo, cada quien debe entender de dónde vienen las otras personas. En lugar de aferrarte a tu ego, acepta que cada cual llegó a su posición por caminos diferentes y todos son dignos de respeto.

Más que en tristeza o frustración, las peleas deberían terminar en humor, porque en esos finales está la lección. Piensa en tu propia historia: ¿Cuántos momentos épicos no son luego contados en las fiestas familiares, cuando hay visitas o amistades nuevas?

Sella el pasado

Otra recomendación interesante de Shankar es que, si de verdad necesitas pelear, debes usar argumentos nuevos cada día. «No robes discusiones del pasado. No digas algo que usaste cinco o diez años atrás», insiste. Si quieres «tirar fuegos artificiales», que sean argumentos frescos, siempre aceptando la variedad de criterios y situaciones.

Si lo haces así, «vas a crecer tremendamente, porque cada vez que abrazas las diferencias, te amplías. En vez de quedarte en tu caparazón, aferrado a tus ideas, abre tu mente, tu corazón, y el mundo será tuyo», recomienda.

«Muy a menudo nos quedamos aferrados a nuestras ideas y nos estancamos… Por un momento deja ir todas tus ideas y deja que los otros ganen en las discusiones», sugiere este experto en la milenaria cultura védica, y propone un sorprendente ejercicio para entrenar al ego a pelear de modo productivo: Inicia una discusión por algo que te moleste y luego deja que la otra persona gane. «Regálale esa victoria y verás como sucede la magia», invita Shankar.

«¿Por qué insistes en ganar cada discusión? ¿Qué pasa si pierdes, se cae el cielo? ¿Parará el mundo, aún más de lo que lo ha detenido la pandemia? ¿Qué más puede suceder?».

Hay mucha alegría en dejar a tus familiares ganar de vez en cuando, asevera. Como en un juego de mesa, está bien defenderse con pasión, pero no tiene sentido ofender si otros tienen mejores fichas o más suerte que tú.

Eso sí: ceder de vez en cuando no significa sumisión o renuncia a tus derechos, deseos, libertad, necesidades… «Mantente con todo ello, solo no te atormentes», aclara él.

«Vigila tu actitud —aconseja—. No arruines la fibra de la familia o la sociedad aferrándote a tus argumentos por sobre todo lo que amas». 

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