«Luchamos porque somos hijos de la democracia»

En directo, desde Santiago, para JR. Anuncian los secundarios chilenos la entrada de su movimiento en una nueva etapa

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Que la educación retorne al Estado. Esa es la demanda esencial que mantienen los estudiantes secundarios de Chile, luego de tres semanas de movilizaciones y tomas de colegios que los han dejado ciertamente agotados, pero no rendidos. Satisfechos, pero en pie de lucha aún.

Consideran exitoso el resultado de la protesta, que llegó a nuclear a más de un millón de adolescentes y a muchos profesores y padres en Santiago, la capital, y en otras importantes ciudades del país.

Observadores calificaron la movilización como la más contundente de los últimos 30 años en Chile, y destacaron la capacidad organizativa de los muchachos, su firmeza y coherencia, con lo cual ganaron la atención de la presidenta Michelle Bachelet, y su aquiescencia a una buena cuota de las demandas de los liceos.

El viernes último declararon el cese del paro iniciado una veintena de días atrás, pero ahora se inicia «otro ciclo», explicó a JR, vía telefónica, César Valenzuela, uno de los voceros de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios de Chile, cabeza de la movilización.

César sueña viajar a Cuba, y saluda calurosamente a sus colegas de la Isla. Tiene apenas 17 años y cursa el cuarto y último curso de la enseñanza media; pero habla con la seguridad de un dirigente de experiencia.

-¿Cuál es esa nueva etapa de lucha?

-En un primer ciclo habíamos convocado a movilizaciones, y en el segundo a paros indefinidos y tomas de colegios. La etapa que se inicia ahora es de información, para tratar de generar un proyecto de ley que cambie la estructura de la educación chilena.

-¿Cómo la cambiarían?

-En Chile no existe el concepto de Estado-docente. No es el Estado el que brinda la educación; esta se encuentra a cargo de los gobiernos locales que aquí se llaman municipalidades...

-¿Tiene eso relación con la Ley Orgánica Constitucional impuesta durante el régimen de Pinochet, que ustedes han protestado?

-Exactamente. Esa es la última ley que dicta Pinochet. Y estipula, entre otras cosas, que cualquier persona puede abrir y cerrar establecimientos educacionales sin tener conocimientos pedagógicos, de modo que nosotros pasamos a ser un simple número económico, más que involucrarse el Estado en la calidad de la educación. El Estado solamente brinda el dinero —muy escaso, por demás— por cada educando en clase.

-¿Qué ha significado para ustedes estar tres semanas ocupando los planteles, en la calle, enfrentando a los uniformados?

-Sin dudas, este tiempo durmiendo en malas condiciones, comiendo mal, ha generado un agotamiento. Pero sabemos que esto no lo podemos dejar por agotamiento. Iniciamos otra fase.

-¿Cómo valoran los anuncios formulados por la presidenta Michelle Bachelet a tenor de sus exigencias?

-Bien. Creo que la Presidenta ha abierto nuevos caminos para los estudiantes. Pero aún falta, y eso es lo que estamos reclamando.

-¿Dónde estarían esos «nuevos caminos»?

-Tú sabes que de todas maneras el gobierno, por sí solo, no tiene la facultad de cambiar ciertas leyes, por ejemplo. Eso lo tiene que hacer el Parlamento. Y los legisladores han hecho un compromiso con nosotros de crear, juntos, un proyecto de ley que pueda ser aprobado.

-¿Qué diría esa legislación?

-Nosotros queremos que la educación retorne al Estado, directamente al Estado.

-¿Qué demandas respondidas hay después de este período de movilizaciones?

-Vamos a tener un pase escolar para el transporte que nos reduce el dinero que hay que pagar, todos los días de la semana y las 24 horas del día. Para el 80 por ciento de los más pobres, será gratuita la prueba de selección universitaria, es decir, la prueba para postular a la universidad.

-Cuando uno mira a Chile, observa una gran beligerancia de ustedes, los más jóvenes. ¿A qué atribuyes esta combatividad juvenil?

-¿Sabes lo que pasa? A raíz de esa horrible dictadura que tuvimos, muchos de las generaciones anteriores, cayeron. Surgió la generación del «no estoy ni ahí», del conformismo... Pero nosotros somos hijos de la democracia, nacimos en democracia, y es por eso que vamos a seguir peleando por lo que consideramos justo.

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