Pánico en Ramadi, que vienen los marines

Desde el fin de semana, los habitantes de Ramadi, la capital de la provincia iraquí de Al Anbar, escapan en masa de la ciudad

Autor:

Juana Carrasco Martín

Foto: USNAVY Las tropas estadounidenses tienen cercado el lugar, donde residen 400 000 personas, porque es un foco de la resistencia. El asalto es inminente para muchos, se espera una gran batalla, y el pánico se ha apoderado de los iraquíes, quienes padecen ya de la escasez de alimentos, de suministros médicos, de los altos precios del gas debido a su falta, y por la práctica paralización de los servicios municipales.

Y no es el temor a lo que pueda pasar cuando comience la ofensiva, sino a lo que ya está ocurriendo y anuncia lo terrible: golpes aéreos en varias zonas residenciales especialmente señaladas, el arribo reciente de 1 500 efectivos estadounidenses como refuerzo, las tropas tomando las calles y advirtiendo a los civiles del ataque. Miles de familias están atrapadas en lo que pronto estallará como escenario de cruenta ¿batalla?, ¿represión?, porque no tienen cómo salir de su ciudad, donde desde hace meses los combates callejeros entre las fuerzas ocupantes y la resistencia son habituales.

Con una administración Bush que observa cómo merma a diario el apoyo de los norteamericanos a la guerra contra Iraq, más el «éxito» obtenido la pasada semana cuando mataron a Abu Musab al Zarqawi, el líder de Al Qaeda en el país mesopotámico, todo parece indicar que buscan en Ramadi otra «victoria» para exhibir ante su ciudadanía, otra ciudad a martirizar para intentar dejar bien claro que siguen dispuestos a imponer como sea «libertad» y «democracia» al estilo USA.

Lo de Zarqawi merece un paréntesis. Además de asentarse ese «triunfo» sobre la traición —había una recompensa de 25 millones de dólares por su cabeza y parece que alguien o algunos ya deben haber cobrado—, los visos de masacre en la que también murieron otras personas, entre ellas una mujer y un niño, se van develando. Historia oficial primera: aviones F-16 lanzaron con precisión dos bombas de 250 kg cada una sobre dos casas aisladas en Haditi. Relato inmediato de algunos vecinos del lugar: las tropas de EE.UU. hicieron estallar las casas.

Confieso que cuando vi las fotos exhibidas por los eufóricos mandos militares en Bagdad me llamaron poderosamente la atención dos detalles: el rostro de Zarqawi aparece con contusiones, pero no con las terribles heridas que debían provocarle un bombardeo; y no había el cráter habitual que abren bombas de tal potencia lanzadas desde el aire; las ruinas son mas bien de un edificio dinamitado o buldoceado. Pero yo no soy una experta…

Sin embargo, los titulares de este lunes ya dicen «Al Zarqawi vivió durante 52 minutos luego del golpe aéreo» y la conclusión de la autopsia es que tenía extensas heridas internas, fundamentalmente en sus pulmones. El general William Caldwell afirma que sus tropas terrestres llegaron al lugar 28 minutos después del bombardeo —cuando ya estaban allí fuerzas policiales iraquíes—, y que el terrorista murió 24 minutos más tarde. El examen forense determinó que la onda expansiva lo mató, así que «los hechos cientìficos proveen irrefutable evidencia sobre la muerte de los terroristas que servirá para enfrentar la especulación, la desinformación, y la propaganda», añadió el general.

Pero volvamos al Ramadi en que se está repitiendo lo ocurrido en Falluja, llamada desde el 2004 la Guernica de Iraq. «Parece que los norteamericanos han traido para Ramadi a todas su tropas. Se va a convertir en un infierno», aseguraba a Los Angeles Times el contratista Mohammed Fahdawi, quien desde hace dos semanas ya había enviado a sus cuatro hijos para Bagdad.

El comando central estadounidense en Bagdad describe a Ramadi y al triángulo sunnita de la provincia como el cielo de la insurgencia. Lo ratifica el viceministro del interior iraquí Sheik Yaseen Gaood cuando dice que «está controlada por grupos terroristas» y que el gobierno de Anbar «no tiene autoridad. Los ministerios del Interior y Defensa no tienen influencia allí».

Todo parece indicar que ese «cielo» quieren transformarlo en un infierno. Las aguas del Éufrates no podrán apagar el fuego… y la prensa no estará presente para reportar lo que se avecina: las calles de Ramadi están vedadas para las cámaras y ni siquiera hay periodistas empotrados en las tropas de Estados Unidos. Ya tendremos noticias de la historia oficial.

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