Médicos cubanos en Java, corazón de Indonesia

A poco menos de un mes de instalada la brigada médica cubana en dos de las zonas más afectadas por el terremoto del pasado 27 de mayo, múltiples son las experiencias que acumulan sus integrantes

Autor:

Liurka Rodríguez Barrios

A la paciente Huml Kasana se le extirpó un quiste gigante de 25 centímetros Contar la historia desde el principio supone remontarse a la madrugada del 31 de mayo, fecha en que los 135 miembros de la brigada del Contingente Médico Henry Reeve partían a Indonesia, azotada por un terremoto de 5,6 grados de magnitud en la escala Richter. La mayoría de los cooperantes recién retornaba de Paquistán, lugar donde la presencia cubana se prolongó durante siete meses, a tenor de un sismo de mayor escala que devastó ese país islámico. Algunos de ellos habían regresado hacía apenas unas horas, pero alzaron vuelo en el acto, mochila al hombro y cargados de todo el humanismo preciso en estas circunstancias de urgencia y solidaridad.

La despedida no pudo ser más alentadora. El Comandante en Jefe dedicaba unos minutos a conversar con los cooperantes, les deseaba éxitos en la nueva misión y un retorno victorioso con nuevas vivencias, memorias, y mucho más: la satisfacción de haber contribuido a mejorar la situación legada por el desastre natural.

Los cooperantes descendían en el aeropuerto de Solo, en la central Isla de Java, abanderados por la tricolor enseña nacional. A la brigada la acompañaban 60 toneladas de medicamentos y equipamiento, así como dos hospitales de campaña. Estos últimos serían levantados en sendos lugares de los que más sufrieron el efecto demoledor del movimiento telúrico: Prambanan y Gantiwarno, pertenecientes al distrito de Klaten, a 440 kilómetros de Jakarta, la capital del país.

A solo horas del arribo y sin apenas deshacerse del cansancio de día y medio de vuelo, los primeros 20 brigadistas ocupaban su plaza de vanguardia en el hospital de Campaña de Gantiwarno, devenido Che Guevara. A 30 minutos de este, de acuerdo con la costumbre javanesa de medir las distancias, se levantaba otro insigne cubano, el Antonio Maceo. Ambos hospitales marcaban un hito sin precedentes.

EMERGENCIA, OTRA VEZ

Este país asiático ha sido duramente golpeado por las inclemencias de la naturaleza. Todavía se recuerda con pánico las postrimerías del año 2004, cuando ocurrió el tsunami que provocó más de cien mil víctimas en territorio indonesio.

Tres de los cooperantes que integran la brigada ya tuvieron aquella experiencia, por lo que se encuentran en terreno conocido. El doctor Orlando Díaz estuvo en Banda Aceh y rememora sus intensas jornadas. Atendieron los albergues de damnificados y un policlínico. «Entre las principales patologías figuraban las infecciones respiratorias, dermatitis, micosis y enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, asma. Allí se montó un sistema de vigilancia para evitar la aparición de enfermedades transmisibles que incluía la inspección diaria, por parte de los técnicos, del proceso de elaboración y distribución de alimentos, la eliminación de microvertederos y se impartían charlas educativas.

«En aquella ocasión eran solo 25 cooperantes y la población agradeció la ayuda cubana. Aquí las expectativas crecen, pues el volumen de acciones será mucho mayor. De hecho, el estar inmersos en una campaña de vacunación contra el tétanos, es un primer signo de progreso en el terreno de la higiene y la epidemiología».

De acuerdo con las impresiones del doctor Orlando Díaz en esta oportunidad, las tareas de sanidad encaminadas a la comunidad tendrán un mayor impacto, pues se realizan charlas cara a cara. Igualmente se diagnostica y tratan las enfermedades crónicas no transmisibles y se amplía un programa materno infantil. Todo se revertirá en una mejoría de la calidad de vida de la población y se elevarán notablemente los índices de salud.

TITANES Y GUERRILLEROS

Durante los primeros 17 días se han atendido más de 15 000 pacientes en los dos hospitales de campaña, así como en visitas de terreno. Las intervenciones quirúrgicas superan las 200. De ellas, más de 90 han sido mayores.

La doctora Arelys Dorta, vicedirectora de asistencia médica, refiere que las principales causas de morbilidad son las infecciones respiratorias agudas, las lesiones traumáticas, hipertensión arterial, parasitismo intestinal, escabiosis, enfermedades diarreicas, neumonías, entre otras. La mayoría de la población atendida está por encima de los 15 años.

Por su parte, el cirujano Alier Navarro señala que los casos de mayor envergadura relacionados con el terremoto fueron ortopédicos, y se destacaban fracturas de cadera y húmero. En otro orden, también se han hecho cirugías de tiroides, de hernias y de apendicitis. Todas las intervenciones han resultado satisfactorias y los pacientes se encuentran en un buen estado de recuperación.

La joven doctora Arlenis Barroso recuerda con vehemencia el temblor de fuerza 3,4, ocurrido en los primeros días tras iniciar la atención primaria, en un poblado situado a unos pocos kilómetros del hospital de campaña de Gantiwarno. Relata su imagen de destrucción y destaca el hecho de que de las 77 casas que existían ninguna quedó en pie en la madrugada del gran terremoto, solo un puesto de venta, utilizado como almacén de víveres. La cola para atenderse superaba las 60 personas. De pronto comenzó el temblor y los niños gritaban aterrados y corrían en dirección al bosque. Su recuerdo del terremoto era todavía muy reciente. Ahora se perciben más calmados.

COMO SUS HIJOS

Cuando Matawapi veía llegar la caravana de cooperantes cubanos estaba muy lejos de imaginar cuánto cambiaría su vida y la de su familia, en medio del infortunio. Lo perdió casi todo, menos su rostro alegre, como quien nunca hubiera sufrido desgracia alguna. Anticipaba sus gracias a aquella tropa de bata blanca y corazón singular.

Son incontables las muestras de gratitud que se regalan a diario. Una de las más connotadas la revelan tres enfermeras intensivistas: Cira, Adelfa y Liset, quienes recibieron a una gestante con la placenta retenida. Fue una vida salvada, o dos. La madre nombró a su hija Fidelia.

Otro episodio se registra en una de las salas de ingreso. Una paciente recién intervenida quirúrgicamente se recuperaba, en cama, a medio vestir. Al ser advertida por uno de nuestros galenos de la necesidad de cubrirse debido a su presencia, la anciana de muchos años respondió que todos ellos ya eran como sus hijos.

La asistencia pediátrica se reconoce especialmente. Los médicos cubanos repasan los nombres de los pequeños javaneses y los distinguen entre la multitud que asiste a consultas. Se ennoblecen con su gracia natural y curan toda suerte de secuelas físicas o psicológicas. Cuentan, con emoción, la batalla por sobrevivir de Sita, la niña de ocho años que fue fuertemente golpeada por la pared de su domicilio: presentaba lesiones faciales, pérdida de los dientes de la encía superior, excoriaciones en los brazos y fractura de fémur. Fue trasladada inmediatamente al salón de operaciones. Ya está de vuelta en casa y su familia, agradecida.

DE LA BRIGADA, SU RETAGUARDIA

Un grupo de muchachos asombra por su juventud y responsabilidad. Constituyen la médula espinal de la brigada. Andan zurciendo los detalles que caracterizan a un hospital de campaña.

Mientras unos atienden a los pacientes y brindan lo mejor de su alma, Yorgel, Osbel, Yaíma y Savyly —sin dudas pertenecen a la más reciente generación—, buscan el soporte de los campamentos: los medicamentos necesarios, alimentos, avituallamiento. Son los «kamikazes» del bien obrar. Graduados de Ciencias Médicas en el 2004, se forman, como ya lo iniciaron antes en Paquistán, en el aleccionador colegio de la logística médica.

Y en este recuento es imposible dejar de citar a los cuatro artesanos de la cocina de campaña. Son los encargados de mantener alimentados a los 135 cubanos con un gusto especial por la caldosa y la yuca con mojo y limón. En las tardes huele a café y para los domingos reservan alguna que otra exquisitez criolla, apetecible.

INDONESIA, MI AMOR

La Isla de Java es considerada como el corazón de Indonesia debido a su densidad poblacional. Ocupa un área de 130 000 km². Si fuera un solo país, sería el segundo más densamente poblado del planeta con 840 personas por kilómetro cuadrado, detrás de Bangladesh.

De la naturaleza sobresale la cadena montañosa volcánica que atraviesa a la isla. Las cenizas han provocado que los pobladores trabajen una tierra fértil. La acacia y el bambú son otros de sus principales encantos. El rinoceronte de un solo cuerno, el tigre y el leopardo diversifican su fauna.

La caída del astro rey no provoca angustia. Los cooperantes aprovechan la escena sin par para compartir su tiempo con los vecinos, amantes del deporte y la buena salud. Es apreciable el interés mutuo de aprender palabras de español y bahasa, sin fronteras en este lenguaje común del humanismo.

Las nostalgias insisten y cada cual relata a los suyos: hijos, madres, esposas, amigos todos. El trovador echa mano a su guitarra y dice la vieja canción: «La luz, que en tus ojos arde, si los abres amanece…»

En el descanso, siempre hay tiempo para seguir en familia. Celebrar los aniversarios, los días especiales y las buenas noticias. Entre tanto, hay quien prefiere organizar sus apuntes para siempre recordar esta «página imaginada, en la morada del sol», entre templos y volcanes de sueños por contar.

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