Mientras el mundo mira a otro lado

Tropas terrestres israelíes acaban de entrar en el Líbano con el propósito de aniquilar a Hizbolá

Autor:

Juana Carrasco Martín

Tropas terrestres israelíes acaban de entrar en el Líbano con el propósito de aniquilar a Hizbolá, tras varios días de constantes golpes aéreos y artilleros, que solo este miércoles arrojaron 23 toneladas de bombas sobre Beirut. Siguen su designio y los consejos que les dio George W. Bush, cuya guerra están haciendo, para apuntar después a Siria e Irán. El problema es que no es nada fácil quitar del camino una resistencia que ya los obligó, con anterioridad, a salir de los territorios del sur libanés que ocuparan en la invasión de los años 80.

Ahora, las agencias informativas, los medios occidentales, hacen lo suyo en esta guerra y prácticamente dejan sin cobertura el otro frente, el de Palestina, de manera que el mundo mire a otro lado, mientras los tanques de Tel Aviv entran en Gaza, sus aviones y artillería bombardean la Franja y aumenta la cuenta de los muertos y heridos entre la población civil palestina, la que también sufre los embates de un cerco que deja exhaustas las alacenas de alimentos y medicinas, secas las fontanerías y sin energía eléctrica a una zona considerada entre las más densamente pobladas del mundo —se calcula que 1,4 millones de palestinos han quedado a oscuras.

El 28 de junio pasado las llamadas Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron un ataque de extrema violencia contra Gaza; desde entonces, las incursiones diarias, los golpes aéreos, el secuestro de ministros y parlamentarios del gobierno palestino, han sido la práctica común, bajo el pretexto de que uno de sus soldaditos fue capturado en una acción de la resistencia palestina contra una base militar, y permanece como prisionero de guerra.

Hasta el momento 106 palestinos han muerto y otros 300 han sufrido heridas, según fuentes del Hospital al-Shifa. También han bombardeado las oficinas del Primer Ministro, y las sedes de los ministerios del Interior, Economía y Relaciones Exteriores.

Esta guerra de castigo tiene como móvil destruir el gobierno de HAMAS, elegido por decisión soberana del pueblo palestino; pretende que los grupos militantes de la resistencia enarbolen bandera blanca, y que mujeres y niños no salgan a las destruidas calles a exigir la liberación de los 10 000 prisioneros palestinos que Israel mantiene tras las rejas, la mayoría sin causas ni juicios.

Los buldózeres hacen el resto para garantizar tierra arrasada en una Franja atenazada por el sur y por el norte, mientras sigue el martilleo contra Hizbolá y la población civil libanesa.

Todo evidencia que el régimen de Ehud Olmert desarrolla una guerra en dos frentes, y en ambos los planes son de exterminio. Desde Washington le llegan palabras de estímulo, no solo de sus aliados bushianos de la Casa Blanca, sino también de un incondicional apoyo bipartidista, proveniente de un Congreso que condena por igual a HAMAS y a Hizbolá, dos obstáculos que impiden entrar directamente contra Siria e Irán…

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