La realidad contradice optimismo de Primer Ministro israelí

Es cuestionable la validez de los éxitos que el gabinete sionista dice estar cosechando en su agresión contra el Líbano

Autor:

Luis Luque Álvarez

Ehud Olmert, primer ministro de Israel. Cualquier gobernante con una lógica militar muy básica, plantearía conclusiones como esta: mientras más bombardeos recibe nuestro enemigo, más se erosiona su capacidad combativa. Por tanto, mientras más bombas le lancemos, más rápido terminaremos la tarea.

El «Napoléon» que se plantea la realidad de este modo no es otro que Ehud Olmert, primer ministro de Israel. Posiblemente sus almacenes de misiles se estén quedando «vacíos», de tantos que ha ordenado disparar contra el Líbano para borrar a los guerrilleros del grupo chiita Hizbolá de la lista de los que comen pan en este mundo.

Mas —¡oh, sorpresa!— si hasta el momento los cohetes Katiusha lanzados desde el país árabe han estado lloviendo a no menos de 150 diarios en Israel, y algunos habían golpeado la ciudad industrial de Haifa (a 40 kilómetros de la frontera), este viernes cayeron tres misiles Khaibar en Hadera, ¡nada menos que a 80 kilómetros!

Una nota: 45 kilómetros más al sur de esta urbe, se halla Tel Aviv. El líder de Hizbolá, Hassán Nasrallah advirtió que los proyectiles golpearían la capital israelí si Beirut era bombardeada nuevamente. Y esto último ha pasado hoy...

¿Cumplirá lo dicho? Tal cosa no se puede predecir, ni tampoco descartar. No obstante, lo que sí se puede probar con bastantes evidencias es que el pavo no le ha quedado a Olmert tan dorado como él deseaba. Aunque se empeñe en lo contrario.

Este viernes, la aviación sionista destruyó cuatro puentes en Beirut y asesinó a 43 personas, 28 de ellas, trabajadores sirios que laboraban en un frigorífico en el poblado de Qaa. Los castigos siguen, pero no quedan sin respuesta libanesa...

Un editorial del diario israelí Haaretz, , a saber, el «significativo debilitamiento» de Hizbolá, la «limpieza» del área fronteriza y el «fortalecimiento de la capacidad disuasiva de Israel contra futuros ataques misilísticos».

Ante tan «rampantes victorias» del ejército sionista, solo queda preguntarse: ¿de qué nube celestial han caído estos tres últimos misiles Khaibar? ¿Es pura casualidad que los cohetes hayan ido a estallar justamente en la ciudad donde está ubicada la más importante central eléctrica de Israel?

Además, si hay tanto desgaste de Hizbolá, ¿cómo es posible que hasta ayer los cohetes libaneses impactaban el norte israelí, y ya hoy están llegando al centro del país, donde vive un tercio de su población?

Hay algo que no funciona entonces en la ecuación de éxitos de Tel Aviv...

En este mismo instante, 10 000 de sus soldados intentan capear el temporal de la resistencia en el sur libanés, tratando de neutralizar las rampas de lanzamiento de misiles. Pero estos continúan llegando. ¿De qué «limpieza» efectiva estamos hablando entonces? Como se ve, todo sigue bastante «enyerbado».

Con estos truenos, si de algo se debe cuidar Olmert, es de tan siquiera hablar de «capacidad disuasiva». Que se conozca, cuanto cohete ha lanzado Hizbolá hacia territorio de la potencia agresora, allí ha caído sin falta. Un país que en 2003 desplegó aparatosamente un imponente sistema antimisilístico para defenderse de los Scud de Saddam Hussein —que nunca llegaron— ha demostrado gran vulnerabilidad frente a combatientes dispuestos a vender muy cara la soberanía de su patria.

Ignoro hasta qué momento le durará el optimismo al Primer Ministro. Pero ya va siendo hora de que le dé un vistazo a la realidad.

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