Arrancó la Constituyente en Bolivia

El martes se instaló la Asamblea que elaborará la nueva ley de leyes, integrada por verdaderos representantes de esa población mayormente indígena

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El pueblo boliviano no solo es artífice —ya que la redacción de una nueva carta magna es demanda que nació de allí— sino, además, ejecutor y garante.

El martes se instaló la Asamblea que elaborará la nueva ley de leyes, integrada por verdaderos representantes de esa población mayormente indígena: nunca antes los sombreros hongos y los ponchos multicolores poblaron con tanta profusión, una instancia como aquella...

Sin embargo, no alcanza a los de abajo la participación como «constituyentes» para asegurar el cambio, que debe contar aún con el sustento legal que le dará la nueva Constitución. Se trata de refundar la nación.

Podrían desbordar los espacios en Sucre, la capital histórica de Bolivia. «Los sectores sociales fueron los promotores de esta Asamblea y por lo tanto, quieren seguirla de cerca», explicó Juan Carlos Pinto, coordinador entre la representación presidencial para la Constituyente y los movimientos sociales.

Según el periódico Los Tiempos, también organizaciones sindicales, cívicas, no gubernamentales y hasta empresariales, se encaminaban hacia allí.

Algunos pretenden instalarse, como el Comité Pro Santa Cruz, que no esconde sus tendencias autonómicas y regionalistas al anunciar la apertura de «la casa de los cruceños en Sucre», reveló el diario, para que en ella «los constituyentes cruceños de cualquier partido, hallen el apoyo técnico que requieren con profesionales de la región».

No es poco, en verdad, lo que está en juego. Se redacta en Sucre la columna vertebral de la nueva legislación, y habrá que plasmar en ella las transformaciones que ya se transitan para que tengan permanencia, y carácter de ley: nacionalización de los hidrocarburos y de todos los recursos naturales, reforma agraria, derechos para los indígenas, el asunto de las autonomías, y un no a la corrupción que podía materializarse mejor con el Poder Ciudadano. Se trata de una reciente propuesta del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS), para que delegados de todos los sectores sociales vigilen y fiscalicen el trabajo gubernamental.

Los pobres y excluidos hasta hoy son mayoría, pero no la totalidad en Bolivia. Por eso las ansias de refundar tropezarán con el afán de los oligarcas para que solo se hagan reformas.

El primero de los obstáculos está a la vista en el anuncio del opositor y derechista Poder Democrático y Social (PODEMOS) de retirar a sus delegados, si la Asamblea Constituyente decide que los postulados de la Carta Magna se aprueben por mayoría absoluta (50 más uno), y no por el voto de los dos tercios de los miembros como anunciaba, en un principio, la ley de convocatoria a la elección de los constituyentes.

La exigencia de la derecha de que sean imprescindibles los dos tercios ha sido calificada por seguidores del MAS como una «maniobra de los defensores del neoliberalismo» para «amarrar» a la Asamblea, cuyo funcionamiento —aducen—, debe quedar estipulado por el Reglamento Interno que elaboren.

Es probable que el asunto entrampe los primeros contactos de los asambleístas y sea necesario al final —como ha exhortado Evo Morales—, buscar consensos en cada uno de los temas puntuales. PODEMOS tiene apenas 60 constituyentes, y el MAS 135: ninguno alcanzó los dos tercios de los 255 asientos que suman la totalidad, y el afán de nuclear a las bancadas aún más pequeñas, podría seguir fragmen- tando.

La revolución que tiene lugar en Bolivia es tan pacífica, como democrática. Pero no ha llegado hasta aquí «por obra y gracia»... ni cristalizará sin luchar.

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