Crece el contrabando de personas en el mundo

Actualmente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en todo el mundo hay 2,45 millones de víctimas de la trata que trabajan en condiciones de explotación

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Cuatro millones de mujeres y niñas son traficadas para la explotación sexual a diferentes ciudades del mundo cada año, según datos de Naciones Unidas (ONU) Ella rebosa de alegría. Dejará a sus espaldas la pobreza que vive en un país de Europa oriental y podrá comenzar una nueva existencia en un próspero país como Suecia. Sin embargo, el trabajo que le han prometido no existe. En lugar de ello, la espera un proxeneta, que la encerrará en un apartamento, donde se verá obligada a vender su cuerpo.

De este lado del océano y con solo 14 años de edad, Sayra Stefanía salió de San Salvador con alguien que le proporcionó todas las esperanzas de llegar a Estados Unidos para trabajar y ¿mejorar? su vida. Pero en realidad su destino final es solo hasta México, donde durante cuatro meses fue obligada a vivir de la prostitución y prácticamente en condiciones de esclavitud en una casa de prostitutas.

La trata de personas es un problema que alcanza cada vez mayores dimensiones en el mundo y una de sus formas más graves es la explotación sexual de mujeres, delito que ocupa el tercer lugar como actividad lucrativa ilegal después del tráfico de drogas y de armas. Está a cargo de mafias internacionales que operan en los lugares de origen, tránsito y destino de las féminas.

ctualmente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en todo el mundo hay 2,45 millones de víctimas de la trata que trabajan en condiciones de explotación. Según se cree, cada año hay entre 600 000 y 800 000 mujeres, niños y hasta hombres que son objeto de tráfico a través de fronteras internacionales; el 80 por ciento pertenecen al sexo femenino de cualquier edad.

Quienes terminan envueltas en estas sofisticadas redes clandestinas de explotación laboral y sexual, han sido atraídas con promesas de estudio o empleo, pero, tras su arribo a su sitio de destino, se les retienen los documentos de identificación y se les obliga a prostituirse para pagar todos los gastos que han ocasionado.

Incluso, muchas veces estas mujeres terminan dedicándose a la mendicidad, contraen falsos matrimonios que las reducen a la esclavitud o son utilizadas en el escalofriante negocio del comercio ilegal de órganos.

Un dato ejemplificador del dinero que mueve esta industria: un viaje ilegal organizado de Marruecos a España cuesta unos 500 dólares, y otros más complicados desde Asia hasta territorio norteamericano pueden valer hasta 50 mil dólares.

El apetecido «paraíso estadounidense» es hoy, contradictoriamente, el más barato, pero más difícil de ingresar. Tras reforzarse los controles en la frontera entre EE.UU. y México, disminuyó la demanda de los servicios de los llamados coyotes, por lo que estos contrabandistas de personas han rebajado en un 50 por ciento sus tarifas. Actualmente el costo por pasar a alguien desde México hasta Phoenix, en el estado norteamericano de Arizona, cuesta alrededor de 600 dólares.

Aunque, por supuesto, no es suficiente, a nivel internacional se cuenta con un marco jurídico para sancionar este crimen. En el año 2000, 148 gobiernos firmaron la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Trasnacional Organizada. Ochenta países asumieron el protocolo pero aún falta que lo ratifiquen 40 naciones para que se convierta en un instrumento de derecho internacional que debe fungir como patrón para las legislaciones de cada nación.

Ya hoy ella no rebosa de alegría. Ahora su único propósito es lograr salir de esa «prosperidad» que le pintaron para volver a su pobreza, pero donde era tratada como algo más que una mercancía dentro de esa potente industria del mal.

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