Entrega revista de humor científica premios Ignobel

También son conocidos como los «AntiNobel». Cada año son más populares unos galardones que «primero hacen reír, y después reflexionar

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Juventud Rebelde

 De izquierda a derecha, Willian Lipscomb, Richard Robert y Dudley Herschbach, galardonados con los premios Ignobel Los premios Ignobel 2006, una alternativa irónica a los reales, fueron entregados a principios de octubre por decimosexta ocasión en la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachussets, por auténticos premios nobel, quienes reconocieron algunos de los descubrimientos e investigaciones científicas más hilarantes o curiosos del mundo.

Este año entre los galardonados estuvieron un grupo de investigadores españoles, de las universidades de Valencia y las Islas Baleares, quienes recibieron el «AntiNobel» de Química por el estudio de la «velocidad ultrasónica en el queso cheddar afectado por la temperatura».

También el científico galés Howard Stapleton pasó a la historia por llevarse el «AntiNobel de la Paz», al crear a partir de un estudio del oído humano un singular aparato cuyo fin es repeler adolescentes, quienes no soportan el sonido que este hace.

Por su parte, Francis Fesmire, de la estadounidense Universidad de Tennessee, recibió el de Medicina por su trabajo sobre la «interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar».

El galardón de Física fue para Basile Audoly y Sebastien Neukirch, de la Universidad de París, por su esclarecedor estudio sobre por qué los espaguetis secos tienden a romperse en más de dos pedazos.

Bart Knols, de la Universidad de Wageningen, en Holanda, ganó el premio de Biología compartido con el Instituto Nacional de Investigación Médica de Tanzania y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), por demostrar que el mosquito Anófeles femenino, que transmite la malaria, se siente atraído por igual con el queso limburger y con el hedor de los pies humanos.

Otro estudio sorprendente es el de los norteamericanos Lynn Halpern, Randolph Blake y James Hillenbrand, quienes recibieron el premio Acústico por realizar experimentos para descubrir por qué a las personas les disgusta el sonido de las uñas arañando una pizarra.

Además, el Ignobel de Matemáticas ha recaído en Nic Svenson y Piers Barnes, de la Organización de Investigación Científica de Australia, por calcular el número de veces que hay que disparar una cámara para asegurarse de que todas las personas que posan salgan con los ojos abiertos.

«¿Por qué los pájaros carpinteros no sufren dolores de cabeza?», fue el estudio que les valió a Ivan Schwab y Philip May, de la Universidad de California, el de Ornitología; mientras que los científicos kuwaitíes Wasmia Al-Houty y Faten Al-Mussalam, ganaron el premio de Nutrición al demostrar que contrariamente a lo que pueda parecer, los escarabajos del estiércol son comensales muy selectivos.

¿BROMAS CIENTÍFICAS?

Algunos creen que los «AntiNobel» son una especie de broma para científicos cuyas investigaciones parecen absurdas o en el mejor de los casos inútiles, pero no por gusto a la entrega de los Ignobel, en la Universidad de Harvard, cada año asisten incluso muchos premios nobel verdaderos.

La tradicional ceremonia, donde cada cual va vestido como quiere y una niña controla rigurosamente con una campana el minuto que cada premiado puede hablar, transcurre entre chiflidos de los asistentes, pintorescos vestuarios, y cometas de papel que vuelan hacia el escenario, las cuales desde hace diez años son barridas por el profesor Harvard Roy Glauber, quien este año insistió en que nadie le quitara ese «honor» a pesar de que en el 2005 fue acreedor de un verdadero Premio Nobel de Física.

Según los auspiciadores del premio, la revista de humor científica Annals of Improbable Research y la Universidad de Harvard, estas irreverentes distinciones pretenden «honrar avances que en un primer momento hacen reír a la gente y luego les hacen pensar».

Y la afirmación no es insensata, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que el científico galés Howard Stapleton, «AntiNobel de la Paz» por haber inventado un sonido para «ahuyentar» adolescentes, se ha convertido en un personaje famoso, pues el ruidillo se utilizó para crear un tono de teléfono móvil que solo pueden oír muchachos y muchachas, e incluso ya han empezado a salir al mercado las primeras canciones con música y letra solo «oíble» por orejas jóvenes.

Más allá de la burla, varios acreedores de los Ignobel han ganado posteriormente el galardón verdadero, como el profesor Harvard Roy Glauber, y otros han hecho importantes contribuciones a la Medicina, la Física, la Química o la Biología, haciendo que más de uno se pregunte si en realidad estas risueñas coronas son tan «AntiNobel» como se pintan.

» 2005: Medicina: Gregg A. Miller, de Oak Grove, Missouri, por inventar los Neuticles, testículos artificiales para perros, disponibles en tres tallas, y tres grados de firmeza.

» 2004: Paz: Daisuke Inoue, de Hyogo, Japón, por inventar el karaoke.

» 2003: Investigación interdisciplinaria: Stefano Ghirlanda, Liselotte Jansson, y Magnus Enquist de la Universidad de Estocolmo, por su informe Las gallinas prefieren a los humanos guapos.

» 2002: Higiene: Eduardo Segura, de Valls, Tarragona, España, por la invención del Lavakan de Aste, una lavadora automática de perros y gatos.

» 2001: Tecnología: Concedido en conjunto a John Keogh, de Hawthorn, Victoria, Australia, por haber patentando la rueda en el año 2001, y a la Oficina de Patentes australiana por concederle su patente de innovación No.2001100012.

» 2000: Informática: A Chris Niswander de Tucson, Arizona, por inventar PawSense «sensor de patitas», un programa que detecta si hay un gato andando sobre el teclado del ordenador.

» 1999: Física: Al Dr. Len Fisher, de Bath, Inglaterra, «por calcular la forma óptima de mojar una galleta».

» 1998: Química: A Jacques Benveniste (premio Ignobel de Química también en 1991), de Francia, «por su importante descubrimiento de que el agua no solo tiene memoria, sino que esta información se puede transmitir por la red telefónica e Internet».

» 1997: Meteorología: A Bernard Vonnegut, de la Universidad Estatal de Albany, «por su informe: El cacareo de los pollos como medida de la velocidad del viento durante un tornado».

» 1996: Física: A Robert Matthews, de la Universidad de Aston, Inglaterra, «por demostrar que las tostadas siempre caen al suelo por el lado de la mantequilla».

» 1995: Psicología: A Shigeru Watanabe, Junko Sakamoto y Masumi Wakita, de la Universidad de Keio, «por sus éxitos en el entrenamiento de palomas capaces de diferenciar entre las pinturas de Picasso y las de Monet».

» 1994: Física: A la Agencia Meteorológica Japonesa, «por su estudio de siete años de duración para discernir si los terremotos son causados por los movimientos de la cola de los peces gato».

» 1993: Literatura: A E. Topol, R. Califf, F. Van de Werf, P. W. Armstrong, y otros 972 coautores, por un artículo de investigación médica que tiene cien veces más autores que páginas.

» 1992: Química: A Ivette Bassa, diseñadora de coloides coloreados, «por coronar el logro más importante de la química del siglo XX: la gelatina de color azul brillante».

» 1991: Biología: Robert Klark Graham, autotitulado «profeta de la propagación», por la creación del Repository for Germinal Choice, un banco de espermatozoides que solo acepta donaciones de ganadores de Olimpiadas o premios nobel.

 

 

 

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