Tony Blair quiere sus Trident

El gobierno británico pretende renovar el sistema de misiles nucleares por 50 años más. El plan tiene contrasentidos, y muchos piensan que el dinero se podría emplear mejor

Autor:

Luis Luque Álvarez

Nueva York, Río de Janeiro, Sidney y La Habana, todas tienen un punto en común: son ciudades costeras. Suponga entonces que, gracias al calentamiento global y a la fusión de los hielos polares, el nivel del mar sube y las anega.

Claro, hay otras consecuencias: más de mil millones de personas se quedan sin agua dulce, la selvas desaparecen, y con ellas, numerosas especies que mantienen el equilibrio biológico. Un caos. Un apocalipsis causado por el hombre.

Si fuera ficción, daría trigo para una buena novela. Pero según el informe de Sir Nicholas Stern, ex economista jefe del Banco Mundial, tales son los efectos reales que se pueden esperar si la temperatura del planeta se incrementa en solo cinco grados Celsius.

El referido estudio fue encomendado por el ministro de Finanzas del Reino Unido, Gordon Brown, y el señor Stern presentó sus resultados al primer ministro Tony Blair en octubre. He aquí un punto curioso, pues el propio gobierno británico tiene ante sí la posibilidad de tomar una decisión que, entre otras secuelas, afectaría negativamente los esfuerzos para detener el cambio climático.

El asunto gira en torno a misiles nucleares: los Trident, en los que descansa la estrategia de disuasión nuclear británica. La cuestión, que deberá discutirse en el parlamento a principios de 2007, es si utilizar recursos para alargar el tiempo de servicio de estos terribles medios de exterminio, o dedicar esas sumas multimillonarias a fines más excelsos. Como la preservación del medio ambiente, por ejemplo.

El lunes pasado, los Trident ganaron el pulso en el primer round.

«Solo» 160 ojivas...

«Imprudente y peligrosa». Así definió el primer ministro británico cualquier posibilidad de que Gran Bretaña abandone su sistema de disuasión nuclear independiente, su «garantía final», según dijo en la presentación ante el parlamento de un Libro Blanco sobre el tema. En este se expresa que, aunque la Guerra Fría es cosa del pasado, existen hoy tres fuentes de tensión para el país europeo: «La reaparición de una amenaza nuclear estratégica; el surgimiento de nuevas potencias nucleares que pudieran poner en peligro intereses vitales británicos, y el equipamiento deliberado de grupos terroristas con este tipo de armas, gracias a un Estado que los patrocine».

A pesar de la imprecisión de estas inquietudes, Blair fue detallado al exponer su plan: se emplearán entre 15 000 y 20 000 millones de libras esterlinas en nuevos submarinos para portar los Trident. La construcción de las naves tomará unos 17 años y su explotación se extenderá hasta el 2050.

En cuanto a los misiles, apuntó que Gran Bretaña se unirá a un programa norteamericano para extender la vida útil —¿dije «útil»— de los proyectiles hasta 2042, y que entonces trabajaría con EE.UU. en nuevas armas.

Ah, claro, porque aunque Blair habla de «independencia» en el programa nuclear militar británico, los Trident son made in USA.

Los produce el consorcio armamentista Lockheed Martin, pueden alcanzar los 7 400 kilómetros y el poder destructivo de cada una de sus ojivas equivale al de ocho bombas de Hiroshima. ¿Costo de cada Trident? Más de 16 millones de libras esterlinas (29 millones de dólares) por «ejemplar».

Según datos aportados por la BBC, el Reino Unido los integró en su sistema defensivo en 1994, en sustitución de los misiles Polaris. De acuerdo con la estrategia británica, los Tridents están emplazados en cuatro submarinos nucleares. Si los necesitara, Londres puede tomar más de 70 de estos misiles de un fondo de armas estratégicas en Georgia, EE.UU, donde también se les da mantenimiento periódico.

Otro detalle: cada Trident puede llevar hasta 12 ojivas, aunque se ha reducido ese número hasta entre tres y ocho. Estas se fabrican en el establecimiento de armas atómicas de Aldermaston, Berkshire, al oeste de Londres.

Pues bien, conocido el «juguetito», valga referir que el plan de Blair contiene dos «concesiones»: En vez de cuatro, se dejará en tres el número de submarinos nucleares; y de 200 ojivas, se rebajará a 160 el número de estas.

Entonces, ¿se quedan «solo» con 160? ¡Qué bien! ¡Solo 1 280 Hiroshimas! Supongo que en el resto del mundo deberíamos estar inmensamente agradecidos...

¿Realmente hay a quién dispararle?

La tenencia de armas nucleares supone un contrasentido de marca mayor. El lanzamiento de solo dos misiles atómicos entre dos naciones en guerra, supondría para ambas una catástrofe de tal magnitud que, o bien las haría convencerse de no volver a utilizar esos medios, o bien las induciría a proseguir hasta las últimas consecuencias, asegurando una destrucción mutua total, sin vencedores ni vencidos.

¿Es esa la «garantía final» de la que se ufana Blair? ¿Bombas británicas que devastan una ciudad extranjera versus bombas que reducen a Londres a cenizas, y todo ello alterando el clima a un nivel insufrible para el planeta? ¿No tiene nada mejor que ofrecer un gobierno «convencido» de que«hacer frente al cambio climático es un imperativo y no una opción, un problema para hoy, no para mañana»?

Insisto: ¿Hay algún «mañana» si un solo misil nuclear entra en acción?

Afortunadamente, muchas personas en el Reino Unido arriban sin mayores dificultades a ese razonamiento. En agosto, una investigación de la empresa de sondeos ICM para la organización no gubernamental británica Campaing for Nuclear Disarmament (CND), mostró que el 59 por ciento de los ciudadanos se oponen a renovar el sistema Trident, un cinco por ciento más respecto a septiembre de 2005.

Según parece, son demasiados los argumentos que hablan de la inutilidad de atesorar tales medios de destrucción masiva, sea por el temor a accidentes de efectos irreversibles, sea por la imposibilidad de usarlos contra terroristas que, provistos de recursos nada sofisticados, pueden golpear dramáticamente el corazón de Nueva York, Madrid o Londres.

Así lo hicieron saber la CND y un grupo de miembros del parlamento británico en un Libro Blanco Alternativo que entregaron en Downing Street 10 (la residencia del Primer Ministro) el pasado mes. Los opositores al plan de Blair señalaron que los terroristas no pueden presentar ningún blanco de ataque preciso para las armas atómicas, y recordaron a Blair lo que él mismo expresó el 1ro. de octubre de octubre de 2005: «No creo que nadie pretenda que la disuasión nuclear independiente sea una defensa contra el terrorismo».

Hicieron notar además que la renovación de las armas nucleares británicas «incrementará el peligro de la proliferación nuclear y derivará en una nueva carrera armamentista», y que el monto de esa operación «pudiera emplearse mejor en el mejoramiento de los servicios públicos, incluidos los cuidados de salud, las pensiones básicas, y la educación».

Generadores eléctricos de este campo eólico en Norfolk, en el este inglés, hablan de una voluntad ecologista del gobierno, pero el plan de renovación de las armas nucleares la desdice. «Ese estimado de 25 000 millones de libras esterlinas —prosigue el texto— es equivalente a 60 000 nuevas enfermeras y 60 000 profesores de Secundaria por los siguientes diez años».

Considerando además los costos de mantener los Trident durante sus próximas tres décadas de servicio, la cifra se elevaría hasta los 76 000 millones de libras, que según los firmantes de la propuesta alternativa, se pudieran utilizar ¡en combatir el cambio climático!

Pero a este objetivo, afirma el diario The Guardian, el Reino Unido destina solo mil millones de libras anualmente. De modo que las gigantescas aspas de los generadores eléctricos que se alzan como molinos de Quijote en las costas británicas, y que proveen de energía limpia y renovable a decenas de miles de hogares, parecen cosa folclórica y diminuta ante un proyecto que deriva exactamente en lo contrario: en dar alas a una carrera nuclear de la que, en última instancia, solo las cucarachas podrán contar la historia.

Sobre la mesa está el informe de Sir Nicholas Stern, y también el Libro Blanco propuesto por Blair. Veamos finalmente cuál pesa más para los políticos.

¡Todos a Aldermaston!

Para este lunes 11 de diciembre, la CND convocó a los ciudadanos amantes de la paz a bloquear las vías de acceso al establecimiento de ojivas atómicas de Aldermaston, al oeste de Londres.

Ippy, un activista de la citada campaña, dijo a JR que la acción persigue dos objetivos: «Específicamente, impedir la construcción de una nueva entrada al sitio, donde se instalan nuevas facilidades para armas (incluido un sistema para simular pruebas nucleares); y de modo general, protestar contra la política de armas atómicas de Gran Bretaña».

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