Paz rogando y armas entregando

Las ventas de armas alemanas al exterior crecieron un 40 por ciento en 2005

Autor:

Luis Luque Álvarez

Alemania provee el cañón y el motor del tanque israelí Merkava. Foto: lonestartimes.com

Acerca de la asistencia al desarrollo de los países pobres, un texto del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania señala que esta «se inscribe dentro de la política del gobierno federal, consagrada a la paz, la cooperación en pie de igualdad y la lucha contra la pobreza».

Y añade: «Para preservar los sistemas naturales necesarios para la vida, de los cuales depende la supervivencia de la especie, es preciso promover un desarrollo sostenible en todos los países del mundo».

Las intenciones, evidentemente, son las mejores: paz, igualdad, lucha contra la pobreza y desarrollo sostenible. Todo para «la supervivencia de la especie». Mas he aquí que a principios de esta semana, un informe de la organización alemana Conferencia Común Iglesia y Desarrollo (GKKE) hizo notar una inmensa contradicción entre el dicho y el hecho: Berlín, expresó Stephan Raimer, presidente de la entidad, «exporta tanta miseria como armas».

Según el documento, las ventas de armas alemanas al exterior crecieron un 40 por ciento en 2005 (diez por ciento más que en el año precedente), para un total de 1 600 millones de euros. Pero si el punto de «vender más medios para matar seres humanos» es de por sí un lamentable negocio, lo que más irrita es que en muchos casos se violaron normas para controlar mejor esas exportaciones a regiones conflictivas, como Medio Oriente. Ahí ya sabemos quién las recibe, pues hasta hoy no se tiene noticia de combatientes palestinos tripulando un tanque...

En tal sentido, el GKKE dijo que se han detectado 46 casos en los que el gobierno emitió permisos de excepción para la venta de armas en áreas de conflictos: «Constatamos que dejó de existir el tradicional compromiso (asumido después de la Segunda Guerra Mundial) de no permitir que aparezcan armas alemanas en zonas en guerra».

Y claro, las «zonas de guerra» suelen estar, precisamente, en los países necesitados de la asistencia al desarrollo. En Iraq, Afganistán, Colombia... Para ellos, una bolsita de monedas y una gruesa maleta de pistolas.

En el caso de Israel, el texto especifica que este se beneficia principalmente de la oferta de armas pequeñas, munición, equipo electrónico y de la modernización de armamentos. Por supuesto, los destinatarios de los proyectiles están en Gaza, Cisjordania y el Líbano. Imagen famosa, archivada en millones de memorias, es la del muchacho que, de pie frente a un tanque, le lanza una piedra. ¿Hasta cuándo Berlín cooperará con la reedición de tan original foto? De los miles de muertos palestinos desde septiembre de 2000, fecha del inicio de la Intifada de Al Aqsa, seguramente más de uno deberá su asesinato a las «generosas entregas» alemanas.

¿Acaso puede tener alguna credibilidad como garante de la paz quien se pasea entre el cuarto y el sexto puesto de los exportadores mundiales de armamento?

A partir de enero, Alemania ejercerá por seis meses la presidencia rotativa de la UE. Entre sus prioridades estará relanzar la labor del Cuarteto (Washington, Bruselas, Moscú y la ONU) para una solución de paz en Tierra Santa, y ha dicho que tiene algunas iniciativas. Sin embargo, si estas no incluyen el cese de las ventas de armas a Israel, muy poco de bueno lograrán.

El CKKE lo ha denunciado, y el sentido común lo reafirma: las armas son, por antonomasia, las caras opuestas de la paz: los cultivos arrasados, los edificios destruidos, las aguas contaminadas, las gruesas columnas de humo que ascienden de los blancos atacados. ¿A qué ideal de «desarrollo sostenible» y de «supervivencia del ser humano» aspira Berlín, si se frota las manos por cada jugoso contrato de fusiles, blindados y municiones?

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