33 muertos en Universidad de Virginia

Nueva matanza de proporciones monumentales horroriza a Estados Unidos. Jóvenes abrieron fuego contra profesores y condiscípulos

Autor:

Juana Carrasco Martín

Policías rescatan a los heridos en los tiroteos de la Universidad Tecnológica de Virginia. Foto: AP

EL debate se agudiza: ¿Debe o no haber control de las armas en posesión privada en Estados Unidos? ¿Será racional limitar o prohibir su posesión? ¿Qué motiva a jóvenes estadounidenses a abrir fuego contra profesores y condiscípulos? ¿Es incontrolable esa violencia porque forma parte de una cultura que tiene expresión diaria en guerras imperiales? ¿Cómo detener este síntoma de una sociedad enferma?

Hasta el momento el peor tiroteo que haya ocurrido en una entidad escolar estadounidense, tuvo lugar este lunes en el campus de la Virginia Tech University en Blacksburg, con el saldo primario de 33 muertos —incluido el atacante— y no menos de 26 heridos.

Horas después no se había dado a la publicidad la identidad del asesino, ni tampoco los motivos, pero su nombre será incorporado a una larga lista: Charles Whitman, que dejó 15 muertos en la Universidad de Texas y en su propia casa en 1966; la famosa pareja de adolescentes de Columbine, Eric Harris y Dylan Klebold, que asesinaron a 13 antes de suicidarse; el hombre que mató a 10 muchachas Amish en una escuela de Pennsylvania el pasado octubre y muchos más a lo largo de años, donde el estrés, la depresión, la violencia imperante, los sádicos juegos digitales, los filmes de horror, las drogas, los hogares deshechos, castigos o maltratos de profesores o condiscípulos, traumas reales o imaginados, búsqueda de notoriedad, y muchos otros elementos han sido culpados de tales estallidos de odio irracional.

Sin embargo, no pocos apuntan a que tales actos de barbarie no se cometerían si esas personas no tuvieran a mano el arma homicida, la facilidad para adquirirla, la legalidad y hasta la estimulación social y oficial para portarla.

Una madre busca angustiada a su hijo. Foto: AP

Justo en esta semana se cumplirán ocho años de Columbine (el 20 de abril) y muchos ven con preocupación que nada se ha hecho para controlar o enfrentar un problema de tal magnitud en Estados Unidos; la Asociación Nacional del Rifle mantiene su influencia y los fabricantes de armas lucran sin cortapisas. La cultura de la violencia es distinción de Estados Unidos.

Ahora, en el centro de altos estudios tecnológicos de Virginia, hubo incluso dos tiroteos. El hombre, primero arremetió contra un dormitorio donde aproximadamente a las siete de la mañana mató a dos personas. Dos horas después, los estudiantes fueron notificados ¡por correo electrónico! que tuvieran cuidado por ello, y justo en ese momento masacraba nuevamente en las aulas del Norris Hall. El pánico y la confusión se adueñaron de los predios universitarios donde estudian 25 000 jóvenes, incluidos cadetes militares; dicen los testigos que los estudiantes saltaban por las ventanas, mientras los escuadrones SWAT, armados con rifles de asalto, usando cascos y chalecos antibalas entraban en el edificio.

El presidente George W. Bush hizo una declaración para mostrar su pesadumbre, dijo que él y Laura rezaban por las víctimas, sus familiares, por la comunidad universitaria «devastada por esta terrible tragedia»... Sin embargo, su vocera Dana Perino hizo la aclaración: «El presidente cree que existe el derecho de la gente a usar armas, pero que todas las leyes deben ser seguidas». Burla siniestra que deja abierta las puertas a nuevos asesinos...

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