Economía latinoamericana crece, pero el despegue no es un hecho irreversible

Así asegura en La Habana el director adjunto de la CEPAL para Centroamérica y el Caribe, Jorge Mathar. Desarrollo latinoamericano sigue lastrado por altos índices de pobreza y desigualdad social  Apreciamos muy positivamente la marcha de la economía cubana

Autor:

Marina Menéndez Quintero

 Hay que invertir más en conocimientos, como lo está haciendo Cuba, advierte Jorge Mathar. Foto: Roberto Suárez Hace muy pocos días, un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) dio a conocer el pronóstico que ratifica ahora, en la capital cubana, el director adjunto de la Oficina Subregional de la institución, Jorge Mathar: se espera que en 2007, América Latina registre un crecimiento de alrededor del cuatro por ciento.

Después de los desastres ocasionados por las secuelas de la llamada década perdida, y sucesivas crisis tras el auge neoliberal, estaríamos ante el quinto año consecutivo de un crecimiento relativamente alto. «Como no lo habíamos visto en 25 años», apunta Mathar.

Pero el optimismo que ello genera debe asumirse «con cautela». En opinión del alto funcionario de la CEPAL, la duración del buen momento dependerá, en buena medida, de elementos internos dados por la competitividad que las naciones latinoamericanas logren para sus productos más demandados afuera y, también, de factores externos determinados por los rumbos que tome la economía internacional.

«Depende mucho de cada país, de la especialización. No nos gusta dar recetas desde la CEPAL pero, a grandes rasgos, este sostenimiento del crecimiento requerirá de un esfuerzo permanente y continuo. Para fortalecer la competitividad hay que invertir, capacitar los recursos humanos, tener claridad sobre cuáles son aquellos elementos de la economía internacional más dinámicos, cuáles son los sectores demandados en el mundo, e invertir cada vez más en conocimiento, como lo está haciendo Cuba: creo que eso es una buena experiencia para los países de América Latina».

«De otro lado, tenemos una economía internacional que está siendo dinámica aunque menos que el año pasado, y con una gran incertidumbre. No sabemos si puede venir un choque por los precios del petróleo... Iraq sigue siendo un sitio de desastre. Tenemos una economía internacional con puntos encendidos —sobre todo en Medio Oriente— que significan riesgos.

«Además, para ciertos países como los del Norte de América Latina, digamos México, Centroamérica, República Dominicana, es importante saber qué va a pasar con la economía de Estados Unidos. Estos países están tremendamente vinculados con la dinámica estadounidense.

—Por el acuerdo de libre comercio con EE.UU...

—En parte, pero le hablo de algo histórico y no solo a partir del CAFTA. La relación comercial de Centroamérica con Estados Unidos data de muchos años, así como la de México, que tiene una relación muy fuerte con EE.UU.

—No puede compararse el desarrollo que han experimentado las economías latinoamericanas del sur, con el de Centroamérica...

Muchos emigran debido a la falta de empleo. Sus remesas constituyen una de las principales fuentes de ingreso para los países de Centroamérica. —Ciertamente. Lo que hemos visto en la CEPAL es que, en estos cuatro años buenos de crecimiento, a Sudamérica le ha ido mejor, porque ha sabido aprovechar las oportunidades que hay en otros países, aparte de Estados Unidos. Quizá de manera más importante, lo que está pasando en China y la India, que son dos economías enormes. China, en términos de población, el país más grande del mundo; el siguiente es la India. Ambos tienen una demanda suficiente como para llenar las expectativas de cualquiera de nuestras economías en América Latina, y Chile, Argentina, Brasil, Perú, están aprovechando esas oportunidades mientras que Centroamérica y México no, concentrados en EE.UU.

—Bajo esa observación de lo atinado de diversificar los nexos, ¿cómo observa los esfuerzos de muchas de las naciones sudamericanas por incrementar el comercio entre sí?

—Absolutamente fundamentales. Uno de los grandes temas que estudia la CEPAL es la integración, y no solo como objeto de estudio sino como propulsor de ella. Hemos visto que esa integración no está siendo tan fuerte como quisiéramos. Los niveles de comercio dentro del MERCOSUR son bastante menores, la Comunidad Andina también tiene una ruptura, y solo el Mercado Común Centroamericano, en los últimos años, ha fortalecido su comercio. Hay una situación que no es la óptima en esa materia.

«Hemos argumentado que uno puede pensar en una política que sea de integración regional y al mismo tiempo, de apertura. Es lo que llama la CEPAL «el regionalismo abierto». No son contraproducentes. Incluso, en algunos casos, ese fortalecimiento de la integración regional puede ser un arma muy fuerte para insertarse en otros mercados. Nos parece que ambos elementos, integración y apertura, son compatibles.

—Usted ha hablado del efecto negativo que ha tenido en Centroamérica la monopolización de sectores como las telecomunicaciones. ¿Es un resultado de la privatización?

—Mire, yo creo que es una práctica que viene desde hace mucho tiempo, reforzada en los últimos años por esta tendencia mundial a la concentración del ingreso y la riqueza en grandes corporaciones nacionales, y a nivel de individuos. Eso es especialmente notorio en economías como las centroamericanas, pequeñas; en algunos sectores, una empresa o dos pueden tener, prácticamente, la totalidad del mercado. Ahí entra la política pública. La CEPAL siempre ha insistido en señalar el papel del Estado para regular la actividad económica, dirigirla, y evitar que haya esos abusos de mercado. El Estado es responsable de vigilar que «los jugadores» jueguen con reglas establecidas y, sobre todo, en función de los intereses del país.

—No puede afirmarse que el crecimiento de las economías se esté reflejando en los índices sociales. ¿Cómo están los índices de pobreza?

—Según los últimos datos que obtuvimos andaba alrededor de cuarenta y tantos por ciento, que es más de 200 millones de personas; y en pobreza extrema se calcula que está alrededor del 15 o el 16 por ciento de la población latinoamericana. Los porcentajes han disminuido, pero todavía son muy elevados. Además, se trata de un promedio que admite una variabilidad muy grande. Países como Haití, Nicaragua, Honduras, Bolivia, tienen porcentajes mayores al 60 ó el 70 por ciento y, dentro de cada país, la pobreza rural puede ser mayor del 75 por ciento. Reconociendo que ha habido una disminución en los niveles de pobreza, no hay que perder de perspectiva que estamos hablando aún de casi la mitad de la población.

«Ojalá y pudiéramos en lo adelante calificar el optimismo con más fuerza sobre la base de que se mantenga el crecimiento económico, y que sirva para reducir el número de pobres; sin olvidar otro elemento a resolver a más largo plazo, pero muy importante: la desigualdad. «América Latina es la región más desigual hoy, y eso nos preocupa. No podemos concebir una sociedad en desarrollo, si a la par que crece se vuelve más desigual».

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