El instinto del pueblo otra vez a prueba

Eligen hoy a los miembros de la Constituyente. Apreciaciones de Universi Zambrano, embajador ecuatoriano en La Habana

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El pensamiento de Alfaro guía los pasos del gobierno ecuatoriano. Su pasión rompe los moldes del diplomático de salón, atildado y frío. Habla con orgullo del Socialismo del siglo XXI que el presidente Rafael Correa quiere para Ecuador, y de su «entereza al divorciarse del Fondo Monetario y echar a los representantes del Banco Mundial». Considera que «hay un nuevo despertar de los pueblos» porque «estamos al fin destapándonos los oídos y escuchando el consejo de Bolívar de hace 200 años, de que solo la unión hará posible que nos sacudamos de la dependencia».

Universi Zambrano Romero ya representaba a su país en Cuba a la llegada de Correa al poder, y ha sido el único de esos embajadores ratificado por el joven mandatario. Lo enorgullece esa decisión tanto como el hecho de ser el primer embajador ecuatoriano que no procede de Quito, la capital, sino de Manabí, provincia natal del prócer Eloy Alfaro, el presidente que apoyó los afanes independentistas de José Martí.

Los Tres Majaderos. Periodista y escritor de hermosos versos antes de ocupar la legación ecuatoriana en La Habana, Universi Zambrano conversa más que responde, entre sorbos del delicioso café ecuatoriano con que me congratula. Muestra y explica el origen de cada uno de los detalles que imprimen personalidad a su despacho: Alfaro, Bolívar, la foto de Correa junto a la bandera de Ecuador, y la talla en madera que reproduce la trilogía identificada por el Libertador, en las horas cercanas a su muerte, como «los tres majaderos»: el Quijote, Jesucristo, y el mismo Bolívar, héroe de Ayacucho y de las Américas...

Para cumplir sus sueños, Ecuador se asoma hoy a la votación crucial de donde saldrán los miembros de la Asamblea Constituyente: una jornada electoral extendida por segunda vez a los ecuatorianos residentes en otros países, lo que ha hecho abrir urnas este domingo, también, en la Embajada de Ecuador en Cuba.

—¿Tendrá la Asamblea Constituyente poderes para redactar o reformar la Carta Magna desde nuevos principios?

—La Constitución tiene dos grandes segmentos: los primeros 30 o 35 artículos constituyen la parte filosófica, que prácticamente, creo, no puede ser reformada. Es lo que tiene que ver con los instrumentos o convenios universales como la Carta de la ONU o la Declaración de los Derechos Humanos, donde Ecuador consagra los principios de no intervención, la autodeterminación de los pueblos, igualdad jurídica de los Estados, solución pacífica de los conflictos, el deber de preservar el medio ambiente; donde se postula que Ecuador es un país plurinacional, étnico, diverso; que el Estado tiene el deber de preservar la unidad respetando la diversidad... Conceptos que creo son inamovibles. Pero ya en lo concerniente a la gobernabilidad del país, la forma de dirigir la economía, la parte administrativa, pienso que todo eso debe ser reformado.

«Se trata de dar al país una Constitución que tenga que ver con el propósito del presidente Correa de enrumbar al Ecuador a lo que se ha denominado Socialismo del siglo XXI, y que yo, a título personal, me atrevería a describir de la siguiente manera: un socialismo moderno, de corte humanista, nacionalista, de servicio al bien común; no eminentemente materialista, que trate en lo posible de aminorar la enorme brecha entre extrema riqueza y extrema pobreza. El Ecuador, lamentablemente, ha sido calificado por Naciones Unidas como uno de los países más inequitativos del mundo. Existen una clase privilegiada, minoritaria, poseedora de más del 90 por ciento de las riquezas, y una gran masa que se debate en la pobreza, el desempleo, la falta de educación.

«Yo, así lo perfilo: necesitamos una carta política que viabilice la posibilidad del cambio anunciado por el doctor Rafael Correa en su campaña y ratificado el 15 de enero al asumir el poder, cuando dijo que estaba comprometido a continuar con la Revolución liberal socialista que el asesinato y arrastre de Eloy Alfaro por las calles de Quito, dejó inconclusa. Esa fue la única gran revolución en el Ecuador, y resultó una transformación económica, política y social.

«Coincide que Rafael Correa Delgado es descendiente directo del general Eloy Alfaro Delgado, es su sobrino biznieto. Entonces está, por un lado, su ideología socialista, humanista. Por el otro, su compromiso ancestral con Alfaro hace que él haya declarado que su gobierno será nacionalista, socialista, bolivariano y alfarista. Ahí está más o menos resumida cuál es la visión de su gobierno. Y es tan alfarista Rafael Correa, que por decreto resolvió que la sede de la Asamblea Nacional Constituyente esté en Montecristi, provincia de Manabí, donde nació nuestro compatriota, héroe y mártir de la República de Ecuador, don Eloy Alfaro Delgado. Esa Constituyente se va a reunir allá en el mes de octubre, 30 días después de las elecciones para los asambleístas.

—¿Cómo será la votación interna de la Asamblea para que adopte sus decisiones?

—Uno de los primeros actos que tienen que hacer los asambleístas es darse su propio reglamento, es decir, aprobar las reglas del juego. Es una decisión soberana de ellos. En el instante en que se instale, la Asamblea asume plenos poderes, por eso se llama Constituyente: es como arrancar de cero. Eso significa que, hipotéticamente, la Asamblea hasta podría relevar de sus funciones al presidente de la República o los ministros del Estado, cosa que al parecer no se va a dar, porque los últimos informes señalan como un 67 o 68 por ciento a favor de las listas de partidarios del presidente Correa. Eso confirma el pronunciamiento mayoritario del 15 de abril de 2007, en la consulta para que el pueblo dijera si quería Constituyente y nueva Constitución. Más del 70 por ciento se pronunció en favor de la tesis del gobierno a despecho de las fuerzas de la reacción, la plutocracia y la oligarquía, que tratan a toda costa de impedir esos cambios para mantener sus prebendas.

—No solo Alianza País está por la Constituyente, hay otros movimientos y partidos apoyando las aspiraciones del gobierno. ¿Cómo se presentan a la elección de hoy? ¿Habrá alianzas después?

—Desde el 15 de abril, cuando los políticos se dieron cuenta de que la Asamblea era indetenible, incluso los políticos que estaban en contra se sumaron porque percibieron que ese era, realmente, el pronunciamiento mayoritario del pueblo. El problema grave en América Latina es que la izquierda, los movimientos progresistas, no pueden forjar la unidad, se dejan fragmentar; las oligarquías son muy hábiles en dividirlas; si las fuerzas progresistas se unieran, la derecha fuera derrotada en forma apoteósica y apabullante. Lamentablemente, los líderes no son un poco más generosos como para ceder paso y fomentar la unión, pero eso es cuestión de madurez.

«Hasta aquí la democracia ha servido para elegir a los peores, a los menos calificados, a los menos preparados, únicamente en base de propaganda engañosa, de grandes inversiones hechas por los oligarcas en sus campañas; y el pueblo, inculto lamentablemente, cae en esas trampas».

—¿Alianza País tiene la expectativa de que tendrá la mayoría necesaria en la Asamblea para aprobar la Carta Magna que se necesita?

—Así lo esperamos. De todas maneras, no deja de ser una incógnita. El presidente Correa convocó hace unos seis meses a un grupo que yo le llamaría de sabios: juristas, maestros universitarios, ex legisladores, quienes han elaborado un proyecto de Constitución que va a servir como una especie de documento de trabajo; no es perfecto, pero sí muy orientador.

—La Constitución que se apruebe ¿se consultará al pueblo?

—Creo que es innecesario. Sería como poner albarda sobre albarda. Si ya el pueblo se pronunció plebiscitariamente para que se convoque a una Asamblea Constituyente, si el pueblo soberano elige a sus representantes, sería como poner en duda que «mis elegidos» no cumplieron bien. Claro que a lo mejor las fuerzas reaccionarias quieran proponer que se haga un nuevo referendo. Pero si la Asamblea Constituyente es representativa del pueblo soberano y asume plenos poderes, entre otros, para dictar la nueva Carta Magna, sería repetitivo consultarlo.

—También se especula si la Constituyente va a abolir al Congreso.

—Investida la Asamblea de los plenos poderes, sería ilógico y antijurídico que subsista un Congreso tan deteriorado, que goza de un rechazo de más del 93 o 94 por ciento, y que ha ido de tumbo en tumbo cometiendo errores; un Congreso altamente politizado, negativista, que ha estado obedeciendo permanentemente a los dictados de la reacción conservadora. A todo se oponen sistemáticamente, porque esa es la consigna: en su gran mayoría, sus miembros son mandatados por los grandes sectores oligárquicos que han gobernado a través del Congreso durante 25 o 28 años.

«El presidente Velazco Ibarra, quien fue cinco veces presidente del país, decía siempre que el pueblo ecuatoriano es intuitivo, que a pesar de no tener cultura universitaria, posee una percepción innata para distinguir entre lo bueno y lo malo; quién lo engaña; quién es impostor, quién le es sincero. Es por eso que a Rafael Correa, quien irrumpe en la arena política del Ecuador habiendo sido casi un desconocido, con solo un paso efímero, de tres o cuatro meses, por el ministerio de Economía y Finanzas, el pueblo lo vio —repito, con esa sabia intuición—, como un hombre sano, bueno, preparado, carismático, pero por sobre todo, serio; con dos doctorados en Economía, reconocido por sus talentos dentro y fuera del país. Un hombre equilibrado y pluralista, pero que sabe a dónde va. Y está consciente de que existe en América Latina una nueva onda de cambios que yo veo como indetenible».

Estamos en deuda con Cuba

Con honda satisfacción, Universi Zambrano da fe de la solidaridad de su país hacia la Isla, «desde 1959».

Era él aún un estudiante universitario y secretario del gobierno del doctor José María Velazco Ibarra cuando aquel recibió «al Comandante Fidel en Guayaquil, en el aeropuerto, en una escala técnica, pues él venía de Chile», recuerda.

«La gente no concebía que Velazco Ibarra recibiera a ‘este joven revolucionario’, y él lo hizo, y le brindó todos los honores de Jefe de Estado. Hay un libro que se llama Servidumbre o Liberación, en el que Velazco Ibarra destaca esta actitud de Fidel Castro, dignificante del pueblo latinoamericano. Muchos años después, cuando tuve la honra de ser recibido por Fidel ya como embajador de Ecuador y poco antes de su enfermedad, él me recordó siendo secretario de Velazco Ibarra, allá en Guayaquil.

«Siento que estamos en deuda con Cuba por tanto que Ecuador recibe de la Isla en el campo de la educación, la salud, el deporte. Por lo tanto, no podemos menos que, aunque sea, brindar nuestra solidaridad permanente para la Isla, esperar que este bloqueo injusto termine porque esa es la voluntad de más de 180 países del mundo entero, y que esos cinco héroes antiterroristas injustamente detenidos en cárceles norteamericanas, salgan libres y retornen a su patria. La presencia de ellos allá enclaustrados, secuestrados, lesiona el derecho de gentes, el derecho humanitario, lesiona los intereses de la justicia.»

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