Arquitecto de las curvas - Internacionales

Arquitecto de las curvas

Autor:

Juana Carrasco Martín

Pabellón Matarazzo en Sao Paulo «Mi preocupación siempre es hacer una cosa diferente, que provoque sorpresa, que atienda a la técnica, que refleje el progreso de la técnica, del concreto armado que trabajo y que crea para el arquitecto un campo enorme de sucesiones diferentes», explicó recientemente Oscar Niemeyer, y con esa sensación se contemplan en su Brasil natal el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi, el Conjunto de Ibirapuera (en la foto), en Sao Paulo; el Museo Oscar Niemeyer, en Curitiba; el centro cultural que también lleva su nombre en Goiania, la Torre del Parque, de Natal, y el famoso Sambódromo de Río, o los Palacios de Planalto y la Alvorada; el de Itamaraty, la Plaza de los Tres poderes, la Catedral y el memorial de los Pueblos Indígenas, todos en Brasilia.

Entre más de otros 600 proyectos de Niemeyer diseminados por varias partes del mundo, figuran el Centro Cultural de Le Havre y la sede del Partido Comunista, en Francia: la Mezquita de Argel, un museo en Caracas, la sede de la ONU en Nueva York (obra compartida con otro grande de la arquitectura, Le Cobusier).

Uno de sus más recientes proyectos es un centro cultural en Avilés, su primer trabajo en España, que este sábado coloca la primera piedra, y entre sus últimos trabajos, un regalo a Fidel espera pronto en la Universidad de las Ciencias Informáticas.

Efectivamente, para Niemeyer, «lo de los cien años son solo un rumor» y él los ha transitado con la certeza de que «uno ha trabajado para mejorar este mundo».

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