Lancelot y la princesa ingrata

Autor:

Luis Luque Álvarez

UN caballero de lanza, yelmo y armadura escala los muros de una torre para socorrer a una princesa secuestrada. Quizá no haya boda en el «the end», pero el gesto de subir con tanto hierro a cuestas por tan difícil pendiente, merece al menos que la dama, una vez salvada, le propine un beso en señal de gratitud.

En marzo de 2003, escuchamos un cuento similar. El fabulista (el entonces primer ministro británico Tony Blair) narraba que los valientes caballeros (Gran Bretaña y EE.UU.) acudirían en auxilio de la pobre princesa cautiva (Iraq). ¿Cuál debería ser el final de la historia? Pues que la señorita rescatada pondría sendas coronas de flores alrededor de los nobles pescuezos de sus libertadores.

Pues bien, este domingo, Londres transfiere el control de la sureña provincia de Basora al gobierno de Bagdad, a su ejército y policía. Los 4 500 militares europeos se replegarán de las calles, y solo se dedicarán a entrenar a sus pares iraquíes.

¿Rosas? ¿Laureles? Por desgracia para los ingenuos, las nuevas que trae la cadena BBC son algo ácidas: un sondeo de la agencia Opinion Research Business muestra que, para el 86 por ciento de los consultados en esa región, la presencia militar británica solo ha tenido efectos negativos. ¡Para el 86 por ciento!

Los números siguen: el 56 por ciento estima que la permanencia de los soldados del Reino Unido allí ha elevado el nivel de violencia de las milicias confesionales, mientras que un 83 por ciento quiere que acaben de marcharse de una vez de todo Iraq.

Para tratar de balancear, una cifra positiva: el dos por ciento de los encuestados ve con buenos ojos a los efectivos británicos. ¿Un dos por ciento? ¡Oh, felicidades! No todo es tan malo, chicos...

Bueno, admitamos cuán difícil es ser optimista. Al abrir un poco más la cortina sobre lo que los gentilhombres de Londres han hecho por la dama del castillo, Vincent Cable, diputado liberal-demócrata en el Parlamento de Westminster, informó que en el «real desastre» que es Iraq, y particularmente en Basora, 40 mujeres han sido ejecutadas desde 2003 por «inmoralidades personales», y se preguntó si fue para eso, para esa caricatura de democracia, que han muerto 173 soldados británicos.

Antes, Saddam Hussein; hoy, los islamistas radicales. Muerte ayer, muerte hoy. ¿Dónde es que las fuerzas de Londres han hecho la diferencia? Y si la han hecho, ¿hay acaso un 86 por ciento de ciegos, sordos e insensibles en Basora, que son incapaces de ver los «avances democráticos» alcanzados bajo la ocupación militar? Meses atrás, el diario inglés The Independent reportaba una seria escasez de alimentos en muchas partes del país, y que muchos iraquíes caían enfermos por no tener otra opción que beber las aguas contaminadas del Tigris y el Éufrates. Luego es explicable por qué solo un dos por ciento de tipos listos y avezados se dan cuenta de los beneficios...

Se ve, se ve. Lancelot, alicaído, tendrá que marcharse sin el beso de la princesa. ¡Mira que la vida es ingrata!

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