Guatemala no quiere regresar al pasado

Esa es la lectura que hace, en conversación con Juventud Rebelde, el vicepresidente de ese país, Rafael Espada, de las elecciones que lo llevaron a la segunda magistratura

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: Juan Moreno Cuba ha sido de las primeras en ayudar a Guatemala ante los desastres naturales. Foto: René Tamayo 

Siendo el respeto a la vida el eje central del nuevo gobierno guatemalteco, su vicepresidente, el doctor Rafael Espada, se siente feliz de ayudar al cambio anunciado.

Cirujano con amplio prestigio, está persuadido de las muchas coincidencias que hay entre su profesión y la misión que le depara el acompañar al presidente, Álvaro Colom, en el mandato inaugurado el 14 de enero.

«Creo que tanto la política como la medicina son académicas, científicas y humanas. Las dos carreras están dedicadas al desarrollo y protección de la Humanidad y del ser, y al desarrollo del individuo con respecto a su vida: como médico tengo que respetar la vida, y como político también...»

Identifica al nuevo gobierno como «un movimiento socialdemócrata electo democráticamente, a petición del pueblo, de la clase necesitada», luego de «50 años de un régimen muy conservador».

«Nuestra administración representa a esas personas marginadas, a ese grupo abandonado de Guatemala, un país que ha tenido un crecimiento económico muy grande pero con un vacío y una división social enormes. Nosotros representamos ese grupo y queremos trabajar con todos. La prioridad será contra la pobreza, la desnutrición, las injusticias sociales, políticas y económicas», anuncia.

Su presencia en Cuba hasta este domingo ha sido «el primer movimiento internacional» de ese ejecutivo «porque a Cuba le debemos mucho», afirma antes de reiterar, entre líneas, el agradecimiento y la admiración de que ha dado cuenta en los diversos encuentros sostenidos durante su estancia oficial aquí.

«(Los cubanos) Han sido los primeros en ayudarnos en desastres naturales como el Mitch y el Stan... Cuando ganamos las elecciones, fue el primer Gobierno que nos llamó. Y tenemos grandes amigos y una admiración tremenda por el pueblo cubano: un pueblo sacrificado, que ha aguantado muchas inconveniencias para mantener esa soberanía, ese sistema; ese respeto a las mayorías, a las clases necesitadas y a las clases obreras, que son el alma de un país. Un país es tan grande como sus ciudadanos, y Cuba tiene grandes ciudadanos; Guatemala tiene grandes ciudadanos también: coincidimos en ese valor humano que da la verdadera integridad del proceso social.

—Ud. ha afirmado que el afán de cambio de su gobierno augura una profundización del intercambio entre nuestros países. ¿Ese augurio ha estado en la agenda de su estancia aquí?

—Yo diría que sí. Guatemala y Cuba tienen conexiones históricas desde hace mucho tiempo. Antes de la Revolución teníamos mucha conexión, a nivel científico y amistoso. Muchos médicos venían a estudiar aquí, y ha habido una evolución de mucha amistad.

«Hay muchos elementos históricos que unen a Guatemala y Cuba. Claro que después del movimiento revolucionario en la Isla nos vimos forzados a romper relaciones debido a la historia militar guatemalteca y el imperialismo, que estaba conectado con nosotros, nos forzó a una ruptura de relaciones. Pero afortunadamente, ahora estamos en el décimo aniversario del reencuentro entre Guatemala y Cuba que nos refuerza a nivel cultural, social y político.»

La Guatemala que se sueña

«El centro de nuestro gobierno es el respeto a la vida, a la familia, al desarrollo humano, y la garantía de darles a todos las oportunidades de realizar lo que sueñan, garantizando el Gobierno un estado de derecho, un respeto total y absoluto a las leyes y al ser humano, con énfasis en la transparencia gubernamental», explica.

Dos líneas principales fueron identificadas por el presidente Colom durante su discurso de toma de posesión, y son explicados ahora por Espada, a pedido de JR:

«La seguridad alimentaria, debido a la desnutrición tan grande que existe. Y el desarrollo rural». En esta esfera se incluye el desarrollo rural técnico y de las áreas de la cultura campesina, así como el fomento de los valores humanos con relación a la mujer, la niña y el núcleo familiar, detalla.

Tales ejes se yerguen sobre «cuatro columnas», abunda el Vicepresidente guatemalteco: la solidaridad (todo el desarrollo social), la productividad (hacer que el país crezca económicamente, pues para resolver los problemas sociales necesitamos una economía sólida), y la gobernabilidad, además de «la regionalidad»: «la identificación internacional de Guatemala como país y como cultura».

«El presidente Colom dirige su administración hacia ejes totalmente prácticos y de desarrollo social. Anunció la atención a las áreas de pobreza y nuestro compromiso para levantar a esas clases necesitadas.»

—¿Dónde pueden estar los mayores retos, las mayores dificultades?

—El reto para el país son las fuerzas opositoras estructurales del mundo económico. Tenemos unos segmentos de economía tremendamente fuertes pero muy dominantes y que controlan la prensa, el desarrollo, la estructura política del país. Afortunadamente, no tenemos ninguna presión de esos núcleos en el gobierno, somos absolutamente independientes. Pero tenemos esos grupos de interés económico fuertes, que no quieren que salgamos adelante.

«Lo otro es una realidad muy clara: el narcotráfico y el crimen organizado, que hemos heredado en este desorden social que hay en el mundo. Somos el corredor central del narcotráfico y el crimen organizado.

«Y luego, esas degeneraciones de la juventud y la descentralización familiar han creado los grupos de pandillas, los mareros, que son juventud desorganizada, desorientada, sin estructura familiar, y que están manejadas por el narcotráfico y el crimen organizado. No necesariamente todas, pero sí un 60 por ciento de las maras están siendo sus vehículos.

—El Presidente dijo una frase angular: con hambre no puede haber paz.

—Sí, una de las rupturas con el respeto a los derechos humanos es la pobreza. No podemos tener paz y progreso en un país con hambre. Tenemos una incidencia de pobreza altísima y una destrucción de indicadores sociales tremendamente negativos. Estamos en el último lugar de América Latina en mortalidad infantil, en protección materno-infantil; el analfabetismo es muy alto y también lo es la desnutrición crónica. Nosotros, desafortunadamente, estamos en los lugares más bajos en desarrollo social.

—El presidente Colom ha anunciado un diálogo nacional.

—Lo que queremos es diseñar el país que soñamos y que todos queremos: una sociedad justa, equitativa, basada en la familia, el respeto a la vida y a los individuos. Luego, basado en ese país de sueños, vamos a averiguar cuánto nos cuesta. Y después, al saber qué queremos y cuánto nos cuesta, cómo lo vamos a pagar. Se trata de que tanto los círculos empresariales como la clase obrera, la clase trabajadora del campo, los profesionales, nos juntemos en una mesa y decidamos cómo vamos a pagar ese sueño que tenemos, qué sistema vamos a utilizar para llegar a ese resultado. Ese es el pacto fiscal de que el presidente Colom habla. Pero para no usar el nombre de pacto, hablamos de un sistema de solidaridad de conjunto, un trabajo de equipo para juntos decidir.

—La segunda ronda electoral que concluyó con la victoria de su partido demostró un pronunciamiento claro del electorado. Usted ha hablado de las fuerzas opositoras, pero ¿se puede decir también que hay apoyo popular al gobierno que se inicia?

—Nosotros tenemos, definitivamente, un soporte popular. Nuestra elección, nuestro triunfo, fue sobre una base democrática, con la voluntad del pueblo necesitado. Las fuerzas conservadoras, las económicas e incluso las periodísticas, estaban en contra nuestra. Sin embargo, a pesar de eso, dominamos la elección en todo el país, y en la capital, que es muy conservadora, prácticamente empatamos las cifras y con un margen mucho más elevado de lo pronosticado.

«Desgraciadamente, el partido contendiente era una propuesta militar, guiado por un general que había sido jefe de Inteligencia y del Estado Mayor de gobiernos anteriores. Y Guatemala ya demostró que no quiere regresar el pasado. Habría sido un retroceso. No podíamos regresar al militarismo.»

A punto de despedirnos luego del aparte nocturno que gentilmente ha hecho para este diario, el vicepresidente Espada reitera el saludo al Comandante en Jefe que ha explicitado en otros momentos de su estancia aquí, y los deseos de «pronta recuperación» al Presidente cubano.

La esperanza

«La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) nació en el año 2000 y es una inspiración del presidente Álvaro Colom, basada en un movimiento puramente humano, en el respeto a la vida», explica el vicepresidente Espada.

«El presidente Colom es un ingeniero industrial que como profesional tenía la expresión política desde una visión social. Estuvo primero en un partido que fue originalmente la Alianza Nueva Nación (ANN).

«Luego, con un grupo de profesionales, formó una institución partidaria muy seria, con el reconocimiento y la participación de la mujer y del joven: un partido moderno y bien estructurado.

«Esa organización cultural humana, social y política, le dieron a este partido un crecimiento rápido y sólido basado en lo que llamamos la “unidad nacional” y con “la esperanza” de mejorar. De ahí nació la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

«Concluida la primera vuelta electoral hicimos alianza con varios partidos y cambiamos de la UNE a la Unidad Nacional de Guatemala, que es ahora la unión de todos.»

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