Iraq en 2008: continuación del caos - Internacionales

Iraq en 2008: continuación del caos

A casi cinco años del comienzo de la invasión, EE. UU. lleva a cabo la Operación Fénix Fantasma como si fuera el primer día apocalíptico

Autor:

Juana Carrasco Martín

La maestra les gritó a la cara: «¡Salgan de mi casa!, ¡qué están haciendo en mi casa!». Pero ninguno le hizo caso, y el jefe de esa patrulla, el teniente Ryan Harmon, solo intentó explicarle con un: «Estamos aquí para ayudar. Para buscar a la gente mala».

A patadas rompen verjas y puertas. Foto: Inside Iraq Blog

El grupo entró derribando verjas, puertas, destruyendo, mientras registraban palmo a palmo la vivienda. Otras tropas estadounidenses e iraquíes hacían lo suyo en las casas vecinas, y así, puerta por puerta, y día a día o noche a noche buscan al «enemigo», diverso por su composición, motivaciones, objetivos y procedimientos, pero que han simplificado con toda intención en uno solo —intentando obtener un apoyo interno y una aprobación internacional que se les hacen cada vez más resbaladizos—: Al Qaeda.

El relato de lo ocurrido en los días finales de 2007 a la profesora de inglés en Saydiyah, un barrio mixto sunnita-chiita en el sur de Bagdad que se dice está acosado por «los combatientes de Al Qaeda y las bandas armadas chiitas», fue publicado por Deborah Haynes, una periodista insertada en la unidad militar, en Inside Iraq Blog, bitácora de Times Online.

Fénix no, buitre imperial

El hecho forma parte de una táctica represivo-militar de las fuerzas ocupantes y el ejército iraquí que han ido construyendo, a duras penas, a su imagen y semejanza; pero ahora está enmarcado en un gran operativo bajo el nombre clave de Phantom Phoenix (Fénix Fantasma), el tercero de una serie de recientes grandes ofensivas, comparables a las batallas de 2004 contra Fallujah y la ciudad santa de Najaf.

Cerca de 24 000 soldados de EE.UU. y 130 000 efectivos militares y policías iraquíes forman parte de esa ofensiva que tiene como campo de operaciones a toda la nación, pero se enfoca preferentemente en Diyala, Salahudin, Nieve y Kirkuk.

Nuevamente, en forma masiva, los iraquíes están siendo aterrorizados por las fuerzas ocupantes, que les llevan la «paz», la «democracia» y la «libertad» a punta de cañón, construyendo ahora muros de separación que promueven e impulsan las divisiones étnico-confesionales e implantando toques de queda forzosos en un estado policíaco y ocupado.

En uno de los primeros operativos del año, dos bombarderos B-1 y cuatro aviones de combate F-16 de Estados Unidos lanzaron en un golpe masivo, 20 toneladas de explosivos sobre 40 blancos en Arab Jabour, en las afueras de Bagdad, a lo largo del río Tigris, en la zona sur de la capital iraquí, bajo el pretexto de que esa zona es un refugio seguro para Al-Qaeda. «Fue uno de los mayores ataques aéreos desde el comienzo de la guerra» en 2003, dijo la mayor Alayne Conway, vocera de las tropas en la División Multinacional del Centro que ocupan ese territorio. Dio también los datos de su exitoso golpe: 35 supuestos militantes de Al Qaeda muertos, 25 casas y 13 vehículos destruidos. Luego de la incursión aérea comenzó un ataque por tierra...

Las familias son ultrajadas durante las requisas. Foto: AP

Al norte de Bagdad, en la provincia mayoritariamente agrícola de Diyala, donde está enclavada Baquba —una de las ciudades que ha ofrecido resistencia a las fuerzas estadounidenses—, la operación Fénix Fantasma también cobra vidas y provoca nuevas destrucciones, como parte de la estrategia contrainsurgente puesta en práctica desde el comienzo de su mando por el general David Petraeus.

El uso de la fuerza aérea —una táctica que busca tener más efectividad en su expansión del terror y un menor número de bajas entre las tropas norteamericanas en el terreno— se incrementó cinco veces en 2007 respecto a 2006. Fueron 1 119 golpes aéreos los realizados en ese año, según reconoció el Comando Central de EE.UU., y parece que piensan superar el criminal récord en este 2008.

Y cómo comienza 2008, con nuevas barbaries criminales. En los primeros días de enero, el ejército de EE.UU. irrumpió en un jardín de infancia en Bagdad, donde por supuesto no encontraron ni «terroristas» ni armas, pero sí rompieron juguetes, destruyeron puertas y ventanas, detuvieron a tres vigilantes armados del jardín Al Kanari, ubicado en el suburbio Sadr City o Ciudad Sader, de amplia mayoría chiita.

Ocupación permanente

Cualquiera puede ser «sospechoso» para los represores. Foto: AP Para colmo, y con total desfachatez, el criminal de guerra mayor, George W. Bush, declaraba durante su visita a Israel, en una entrevista con NBC News, que Estados Unidos podría tener una larga presencia en Iraq que «fácilmente» podría durar por lo menos diez años, si el gobierno iraquí los «invitaba». Así replicaba que eran «demasiado» los 100 años propuestos por el senador y aspirante a la candidatura presidencial republicana John McCain...

Bush, el hijo, y el primer ministro iraquí Nuri al-Maliki se proponen completar a mediados de este año un acuerdo formal firmado en noviembre pasado, que asegure la futura presencia de tropas de EE.UU. en Iraq, una garantía innegable de que la Casa Blanca de este republicano, desdeñado cada vez más por su propia ciudadanía, está dispuesta a convertir en permanente la ocupación del rico país petrolero, y tenerlo bajo su dominación.

No son pocos los analistas que aseguran que con la oposición que existe hasta en el parlamento iraquí a este proyecto, el rechazo en las milicias de los grupos sunnitas y chiitas, y la resistencia de la insurgencia iraquí, esa que no quieren reconocer y que esconden dándole también la denominación de fuerzas de Al Qaeda, la insistencia de los bushianos llevará al país mesopotámico a un caos permanente.

Como dijera un lector en su comentario al blog del Times, «el problema, sin embargo, no son los procedimientos de registros. El problema, en primer lugar, es que el gobierno de Estados Unidos no tiene el derecho ni una buena razón para invadir a Iraq. Una guerra preventiva ilegal, inmoral, injusta, innecesaria y no ganable no puede ser manejada exitosamente. Como tampoco las ocupaciones militares impopulares. La única propuesta viable para resolver el problema es que el gobierno de EE.UU. retire lo más rápidamente posible sus fuerzas militares y mercenarias de Iraq, y tome los pasos necesarios para reparar el enorme daño que la intervención militar estadounidense ha causado allí. Está claro que muchos estragos no podrán ser reparados. Por ejemplo, cientos, miles de muertes de inocentes a los que no se les puede retornar la vida...»

El alto costo de la inoperancia

Por demás, no puede ser olvidado el costo que la guerra de Iraq tiene para el pueblo norteamericano. Dentro de poco serán 4 000 los soldados de EE.UU. muertos en ese escenario bélico, y el Pentágono reconoce cerca de 30 000 heridos.

La economía estadounidense va en declive y los pronósticos de una recesión se hacen cotidianos; sin embargo, Estados Unidos gastó en cada mes de 2007 la cifra de 11 700 millones de dólares en Iraq, cuando en el presupuesto del año fiscal 2008 solo emplearán 240 millones de «ayuda humanitaria», menos de lo que cuesta un solo día de guerra.

Por cierto, en un discurso que pronunció el pasado 18 de diciembre el senador republicano de mayor rango en el subcomité de apropiaciones de la defensa, Ted Stevens (de Alaska), dio una cifra mayor aún: «El costo de esta guerra se aproxima a los 15 000 millones de dólares al mes...». Y él estaba apoyando un presupuesto adicional de 70 000 millones para ese conflicto, el de Afganistán y las actividades «contraterroristas» de EE.UU. desde el 1ro. de octubre de 2007 hasta marzo de este año, cuando la invasión cumple exactamente cinco años de inoperancia en medio de múltiples crímenes de guerra que gozan de impunidad. ¡Hasta ahora!

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