Un parto en la isla de Afrodita

Autor:

Luis Luque Álvarez

Cuenta la leyenda que de las espumosas aguas de la playa de Petra tou Romiou, en el sur de Chipre, nació Afrodita, la erótica divinidad griega de la fecundidad. Según los cronistas que han visitado el hermoso paraje, las mujeres que desean concebir un hijo acuden allí, esperanzadas en que se haga el milagro.

Y a otro parto, a otro milagro, están los chipriotas atentos por estos días. Su hermosa tierra, fragmentada en dos desde julio de 1974, cuando Turquía invadió el norte de la isla, pudiera ver el fin de la separación, pues comisiones gubernamentales de la República de Chipre y de la República Turca del Norte de Chipre (RTNCh, desconocida por toda la comunidad internacional, a excepción, por supuesto, de Ankara) han iniciado un proceso exploratorio sobre las posibilidades de una reunificación.

Esa perspectiva había caído casi en un punto muerto desde que el 24 de abril de 2004, días antes de la entrada de su país en la Unión Europea, los grecochipriotas dijeron NO en un referéndum sobre el plan del entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, que proponía formar una federación de dos Estados con un gobierno central. La dificultad para el retorno de los refugiados a sus propiedades en la zona septentrional, y la autorización para que permaneciera allí un número de tropas turcas, fueron algunas de las razones de la negativa, y solo una parte de Chipre ingresó en el «eurobloque», que sumaba así un problema territorial a sus asuntos ordinarios.

En febrero pasado, la elección como presidente de Dimitris Christofias, dirigente del partido AKEL, de orientación comunista, favoreció un nuevo impulso a la idea de la reunificación, tema estrella de su campaña electoral. No más tomar posesión del cargo, el 21 de marzo se reunió con Mehmet Alí Talat, líder de la RTNCh, y ambos acordaron iniciar los contactos entre los equipos de trabajo de cada parte, el primero de los cuales tuvo lugar el 18 de abril. Tres meses después, los mandatarios se verán para evaluar lo tratado y conducir personalmente la negociación.

Hasta el momento, para el político turcochipriota, la idea de una isla reunificada pasa por el esquema de una federación de dos Estados y un gobierno central, mientras que Christofias atisba la solución a partir de la base de un plan bilateral de 2006, que imaginaba una federación de dos zonas, ambas con igualdad política.

Sea cual fuere el resultado, la buena noticia es que hay disposición para avanzar. La propia elección de Christofias, con su bandera en pos de la reunificación, hace notar de algún modo que la población grecochipriota, negada en 2004 a dar ese paso bajo los términos del Plan Annan, ahora aprecia como positivo que se ponga fin a una situación extraña.

Sucede que, aunque algunos lo vean como una evidencia de pragmatismo más que de amor a sus coterráneos de origen turco, no está desacertado pensar que la arbitrariedad cometida en el caso de Kosovo —separado de Serbia por la voluntad de EE.UU. y la mayoría de la UE—, haya sido determinante para darle un empujón a una variante que en Nicosia podrían considerar un mal menor. Si, tomando en cuenta que los albaneses eran mayoría en esa provincia serbia, se vio con buenos ojos que la desgajaran y erigieran en un Estado, ¿quién se atreve a especular que mañana no se verá de igual manera el caso turcochipriota, y empiecen a llover reconocimientos internacionales?

Por ahora, regocija saber que se conversa, y que una notable arteria comercial de Nicosia, la calle Ledra, cerrada por un muro desde las bombas y minas de 1974, ha sido reabierta al tránsito entre ambas comunidades. Es algo, ¿no? Deseemos, con la mano en el corazón, que el trabajo de parto continúe.

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