El terrorismo, el petróleo, la piratería... da igual

EE.UU. aprovechó el aparentemente casual rapto de un buque atunero vasco, para solicitar un permiso de cacería de piratas en las aguas somalíes

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Pretextos, aunque sean falsos, sobran para lanzar misiles, escamotear la soberanía de los pueblos y convertirlos en desérticos campos. Los acontecimientos, esos que algunos medios de comunicación muestran de manera aislada como si no estuvieran condicionados social e históricamente, son muy bien aprovechados por la Casa Blanca para extender la muerte a cada rincón del planeta al extremo de que no pocos en ocasiones han hablado de una teoría conspirativa.

El caso lo encontramos esta vez en Somalia. ¿Esta vez...?

La historia parece no tener fin desde que las Torres Gemelas se fueron abajo, y mientras se cuenta, como cualquier estructura circular va a dar al inicio. Los móviles, además, no varían: el petróleo, la falsa guerra contra el terrorismo, y ahora contra la piratería...: es lo mismo, da igual.

El pasado 20 de marzo, el buque atunero vasco «Playa de Bakio» fue secuestrado, con sus 26 tripulantes —13 españoles y 13 africanos— por presuntos piratas en el Océano Índico, a 250 millas de las costas de Somalia. Luego de seis días de tensión y amenazas, los tripulantes fueron liberados gracias a una negociación entre el gobierno español, los armadores de la embarcación y representantes de los «piratas». La empresa propietaria del buque, Pevasa (Pesquería Vasco Montañesa, SA) pagó 766 188 euros 1,2 millones de dólares, según fuentes gubernamentales citadas por El País, que desmienten las afirmaciones de que dicha suma había salido de los fondos de Madrid, aunque sí reconoce que brindó apoyo logístico para el rescate.

Sede del trato: un lujoso hotel de Londres. Un poco oscuro el asunto, ¿verdad? ¿Acaso Gran Bretaña tiene alguna conexión con el atraco?

El sitio web Rebelión, haciéndose eco de algunos medios británicos, revela que la elección de la mesa de negociación no es para nada fortuita, pues en muchas de estas redadas marítimas producidas en los últimos años han participado piratas y mercenarios británicos. Muchos de los abogados que se llevan su buena suma por participar en la mediación son también de Londres.

Pero bueno, este es un paréntesis. Volvamos a lo que íbamos.

Apenas 48 horas después de la intercepción, EE.UU., siempre «tan preocupado» por la paz internacional, comenzó a redactar, con el visto bueno de Francia, un proyecto de resolución que les autorice la cacería de piratas en las aguas somalíes. La idea se la vendieron al Consejo de Seguridad de la ONU, y ahora muchos de sus miembros la avalan, luego de que la retórica norteamericana los sedujera con el recuerdo de historias de extorsión en que se han visto varios buques de países miembros.

Pero, ¿no les parece muy solidaria la posición de Bush? ¿Qué buscan realmente este «señor de la guerra» y sus aliados en Somalia, con esta nueva intervención escudada en «la legalidad» y «las buenas intenciones»?

Somalia no es uno de los grandes productores mundiales de petróleo, al menos hasta el momento, pero hay sospechas de que en un futuro pudiera sorprender. No en balde multinacionales norteamericanas como la Conoco, Chevron, Philips, Amoco y Shell han estado husmeando en el terreno. En tanto, geográficamente, Somalia se ubica frente a los mares por donde se transporta la mayoría del hidrocarburo del Golfo Pérsico que va a parar a las naciones industrializadas. Cerca está también el rico desierto de Ogaden, donde sí hay enormes reservas del oro negro, aún sin explotar.

En busca del dominio de esta posición estratégica, la Casa Blanca ha estado haciendo sus «cositas» por Somalia, aprovechándose de la desnudez política de una nación que carece de gobierno central desde 1991 y está sumida en una ola de enfrentamientos internos que han fracturado al país y parecen no tener fin. Un caos al que EE.UU. ha aportado su buena cantidad de arena, al apoyar la agresión de Etiopía, y ofrecerle a este país sus dólares y sus armas.

Después, la esperanza que EE.UU. les robó a los somalíes con sus misiles y el apoyo al enemigo en el vecindario, intentó devolvérselas con su operación Hope Restore, bajo el escudo de la ONU, y autotitulándose, como siempre, «asegurador» del orden social: uno de los disfraces humanitarios que usa Washington para meter sus narices en las riquezas ajenas. El programa culminó, para desgracia de EE.UU., con los rebeldes arrastrando los cadáveres de varios marines por las calles de Mogadiscio.

Pero no se detuvieron. El año pasado también misiles made in USA cayeron sobre poblados del sur de la nación africana intentando hacer blanco en presuntos líderes terroristas, y su saldo real fue la muerte de familias enteras, la destrucción de cosechas y ganado. Primero con un avión AC-130, al que llaman «el tanque del cielo» por su potencia de fuego, luego con helicópteros, todos dirigidos desde el portaaviones Eisenhower situado en las costas somalíes, que además está encargado de impedir la fuga de los islamistas. Los bombardeos se repitieron el 1ro. de mayo y mataron a uno de los líderes somalíes que Bush considera terrorista y presunto jefe de Al-Qaeda en la región, y otros tantos civiles, que no tenían nada que ver con ese asunto.

Igualmente, junto con Francia, el Pentágono cuenta con una presencia naval permanente en la zona como parte de aquella operación «Libertad Duradera» que los llevó a Iraq, otro de los instrumentos de su falsa guerra internacional contra el terrorismo, desatada desde 2001. También tienen una base en Djibouti, nación vecina de Somalia. La instalación fue también ofrecida «desinteresadamente» a España para que solucionara el secuestro.

Bastante sucios los trapos, ¿eh? No hay duda de que si la resolución que proponen EE.UU. y que apoyan Francia, Reino Unido y otros, deja de ser un borrador para convertirse en una ley internacional, sus aventuras en la zona serán mucho más peligrosas que las de corsarios y piratas ¿somalíes? Entonces, la guerra por el petróleo y el control de sus rutas de transporte tendrán, aunque falsamente, otra justificación para los verdaderos ladrones de tierra, aire y mar.

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