Hoy en Iraq, mañana en África

Tras el falso humanitarismo de Washington hacia el continente africano, Bush esconde sus apetencias por el petróleo de la región

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

El falso humanitarismo es una de las máscaras de la presencia militar en África. Foto: africom.mil ¿Recuerdan cuando hace algo más de cuatro meses Bush hacía su periplo por cinco países africanos (Liberia, Ruanda, Benin, Tanzania y Ghana) prometiendo sus dólares para la lucha contra el sida, la malaria y la pobreza? Su dádiva siempre estuvo acompañada por las tranquilizadoras palabras de que esa gira no tenía nada que ver con las intenciones de la Casa Blanca de encontrar en el continente una sede para su sexto comando de operaciones militares en el mundo, que temporalmente radica en Stuttgart, Alemania. Aunque, aclaró: «no significa que no instalemos alguna clase de oficina en algún lugar de África».

«Todavía no hemos tomado una decisión. Se trata de un nuevo concepto», mintió en Ghana.

Bush se esforzó en mostrar una buena cara en materia de política exterior. Nada que ver con el «Señor de la Guerra» que ha mandado a morir a más de 4 000 de sus compatriotas a Iraq.

Desde que surgió la idea de crear AFRICOM, este se ha presentado como una agencia humanitaria más de las tantas que existen en el continente, o como un mecanismo para garantizar la seguridad regional. En esto se ha esforzado mucho Vince Crawley, redactor del Servicio Noticioso desde Washington —un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos—, quien haciéndose eco de «peces gordos» del Departamento de Estado y del Ministerio de Defensa, ha tratado de desvirtuar la esencia intervencionista del proyecto militar.

De manera solapada y sin «disparar el cañón» —aunque sí apuntándolo— el Pentágono ha estado tratando de ofrecerle mayor seguridad a sus transnacionales asentadas en África, a través de la materialización de su ¿nuevo? concepto. Sin embargo, las fuerzas militares norteamericanas son los gendarmes que velan porque el saqueo de las corporaciones transcurra con total tranquilidad.

A partir de octubre de 2007, AFRICOM comenzó a realizar operaciones militares conjuntas, construir instalaciones a lo largo del continente y a preparar el equipo de gendarmes que asumirá la responsabilidad de establecer las relaciones militares con sus similares en los 53 países africanos, en representación del gobierno de Estados Unidos.

Poco a poco, el Pentágono ha ido incrementando su presencia en el continente. La construcción de escuelas, la distribución de alimentos o útiles escolares ya no son funciones de las organizaciones no militares radicadas en África. Estas atribuciones engrosan ya el amplio espectro de máscaras con las cuales el Pentágono justifica su presencia más allá de sus fronteras nacionales.

Al exponer ante el Congreso de EE.UU. la misión estratégica de AFRICOM, su comandante, el General William «Kip» Ward, explicó que la iniciativa militar nacía para combatir el terrorismo y las amenazas transnacionales a la seguridad, contra la amenaza de las armas de destrucción masiva y el tráfico ilegal de armas y estupefacientes, y mitigar los conflictos violentos, promover la estabilidad, seguridad y los esfuerzos de reconstrucción. ¿No les parece haber escuchado alguna vez estas palabras? ¿No son estas, con alguna que otra variación, las razones por las cuales los militares norteamericanos llevan ya cinco años en Iraq?

Agbami, uno de los elefantes petroleros africanos más codiciados por las transnacionales norteamericanas. Petróleo + terrorismo = fórmula bushiana

África, igual que el Medio Oriente, tiene mucho petróleo. Y como era de esperar, el continente encabeza actualmente la lista negra de Bush, cuyas bombas ya han caído sobre Somalia —catalogada por el Pentágono como el segundo frente de Al-Qaeda— buscando a sus terroristas. El hecho es un fatal precedente para el anuncio de la nueva «oficina», hecho por Bush y su secretario de Defensa, Robert Gates, el 6 de febrero de 2007.

Aunque Somalia no es de los productores mundiales de petróleo, geográficamente es una gran pieza en el mapa estratégico norteamericano para su seguridad energética, pues la nación africana tiene salida al Mar Rojo y al Mar de Arabia, rutas de tráfico de mercancías desde los tiempos de las aventuras colonizadoras de Europa.

Además, sus costas tienen 3 300 kilómetros en el Golfo de Adén, por el que se transporta gran parte del petróleo del Golfo Pérsico.

Por otra parte, las empresas en alianza con el Pentágono intentan satanizar a los grupos nacionales de resistencia acusándolos de estar vinculados a las redes internacionales de terroristas, como sucede en el Delta del Níger. En esta región, los grupos nacionalistas, esos que no disfrutan de los beneficios del petróleo nigeriano que representa el 70 por ciento de todas las reservas africanas, no se doblegan a la dominación de los grandes consorcios norteamericanos y han optado por los ataques a los oleoductos, lo cual ha propiciado una disminución en la cantidad de barriles que salen de la zona y en la producción diaria de las transnacionales.

A finales de abril, el grupo angloholandés Shell reportó pérdidas de 169 000 barriles diarios debido al sabotaje de sus instalaciones energéticas en el sur del país.

Países petroleros, o cercanos a sus rutas, siempre tienen «terroristas»: es la fórmula bushiana.

Y la atracción por los yacimientos africanos es creciente mientras aumenta el número de países del continente que comienzan a explorar y explotar sus reservas. El descubrimiento de yacimientos de tan preciado recurso está a la orden del día en África. En lo que va de año, la compañía estatal argelina Sonatrach ha descubierto cinco yacimientos, tres de ellos en asociación con empresas extranjeras.

«Una misión clave para las fuerzas armadas de EE.UU. sería asegurar el suministro de los campos petrolíferos de Nigeria, los cuales, en el futuro, podrían alcanzar hasta el 25 por ciento de todo el petróleo importado por EE.UU.», explica el general Charles Wald, subcomandante de las fuerzas armadas de EE.UU. en Europa, en una entrevista al Wall Street Journal.

Según la Administración de Información de Energía, el organismo estadístico oficial de Washington en el tema, casi el 21 por ciento de las importaciones de petróleo, de EE.UU. provienen de África. La cifra debe incrementarse a 25 puntos porcentuales para el 2015, según los vaticinios de expertos.

De 263 532 millones de barriles de petróleo nigeriano que compró Estados Unidos en 1993, la cifra aumentó a 394 856 millones en 2007. En 1996, importó 1 817 000 barriles de Guinea Ecuatorial, y en 2007, el monto fue de 20 070 000. Aunque suena como un exceso, es muy «razonable» para una economía que consume diariamente 20 millones de barriles.

Tras los elefantes petroleros africanos

Al mismo tiempo, el corporativismo petrolero norteamericano se acerca más a África. ExxonMobil, la mayor compañía norteamericana radicada en el continente, concentra su producción, de aproximadamente un millón de barriles diarios, en cinco de sus países: Nigeria, Guinea Ecuatorial, Angola, Chad y Camerún. Además, tiene en curso operaciones de exploración en Libia, Madagascar, República del Congo y la zona de desarrollo Nigeria-Sao Tome y Príncipe. Sus acciones en la región representan casi el 18 por ciento de la producción neta de petróleo y gas de la compañía en 2006, según su página en Internet.

También han aumentado su presencia las empresas Marathon Oil, Hess Corporation, Chevron, Vanco Energy y Ocean Energy. Solo la Hess, una de las más activas en el África Occidental, tuvo en 2006 una producción neta de 85 000 barriles de crudo diario: 28 000 en Guinea Ecuatorial, 22 000 en Argelia, 23 000 en Libia y 12 000 en Gabón. Para inicios de este año, solo en Guinea Ecuatorial —a la que los expertos llaman el Nuevo Kuwait por sus grandes reservas—, la Okume Complex, en la que Hess tiene el 85 por ciento de participación, tenía previsto alcanzar un pico de producción de 40 000 barriles por día.

El desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a la industria petrolera les ha permitido a estas transnacionales rastrear en las aguas profundas llenas de «elefantes», como llaman los geólogos a los grandes yacimientos con reservas que pueden llegar a los mil millones de barriles en muchos de estos países e, incluso, en otros que hace tres décadas eran virtualmente desconocidos para esta industria.

Uno de estos «elefantes marinos» es el campo de Agbami, a 70 millas de la costa de Nigeria, país donde se encuentra el 70 por ciento del petróleo africano. La primera producción del proyecto estaba planificada para la segunda mitad de este año, y en ella Chevron esperaba obtener 250 000 barriles diarios.

Y es muy probable que alcance su meta. A finales de junio arribó a esta zona un buque construido en Corea del Sur, conocido como una instalación de producción, almacenamiento y descarga (FPSO, por sus siglas en inglés). Se trata de uno de los más grandes de su tipo en el mundo: puede almacenar 2,2 millones de barriles por día en su casco y está diseñado para bombear un cuarto de millón de barriles diarios desde Agbami.

El teatro está preparado

Por el momento, según afirma Estados Unidos, África sirve de «refugio» a terroristas, pero además tiene mucho petróleo, y es un continente sumido en la pobreza y en las más terribles pandemias como el sida y la malaria. Las historias de hambre y pies descalzos son muy explotadas por los grandes medios de comunicación, y en ellas las heroínas son siempre todas esas empresas que, como AFRICOM, «asisten» con sus medicinas y sus alimentos. África está «endemoniada» y EE.UU. es un perfecto «exorcista», es la moraleja de las trasnacionales mediáticas.

Entonces, la sorpresa no puede ser la respuesta del mundo si un día no muy lejano, África despierta siendo el escenario de una hecatombe como la de Iraq. Si la «persuasión» con alguna que otra manifestación de fuerza no le funciona a Estados Unidos, ¿qué pasará?

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