La realidad económica de Estados Unidos entre dos convenciones - Internacionales

La realidad económica de Estados Unidos entre dos convenciones

Autor:

Juana Carrasco Martín

Los problemas económicos acaparan la atención de los preocupados estadounidenses en un año electoral en el que el voto por uno u otro candidato estará condicionado por esa situación

El jueves, cuando John McCain daba su discurso de aceptación como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, y concluía así la convención nacional de ese partido que lleva ocho años seguidos al mando de la Casa Blanca y aspira a continuar, el presidente del banco de la Rerserva Federal en Dallas, Richard Fisher, aseguraba que el crecimiento económico de su país se debilita ante unos mercados financieros que siguen frágiles.

Para colmo, no estaba claro que esa desaceleración sería «suficiente para traducirse en un alivio en el frente de los precios en el mediano a largo plazo», es decir que sí está claro para el señor Fisher que «la tendencia de la inflación de los precios al consumidor se ha acelerado en los últimos meses».

Para él, esos reportes «no son nada alentadores», y en verdad se mostró pesimista con el panorama general económico de Estados Unidos, del que habló como un crecimiento «anémico por ahora, y tal vez para los próximos trimestres», una advertencia que servía por igual para los dos contendientes por la silla presidencial, Barack Obama y John McCain, porque será a lo que se enfrente el vencedor en las elecciones del 4 de noviembre.

Al siguiente día, las malas noticias llegaron desde el campo del empleo, o mejor sería decir del desempleo, cuando el Departamento del Trabajo reportó que en agosto se habían perdido otros 84 000 puestos de trabajo, incrementando el índice a 6,1 por ciento, el más alto en los últimos cinco años.

El informe corrigió los números de junio y julio, porque eran varios miles más los que perdieron el trabajo en esos meses que lo reportado en su momento. Ya en lo transcurrido del año, 605 000 estadounidenses se han quedado sin faena. En total 9,4 millones de norteamericanos están sin trabajo y la cifra seguirá en aumento, la evidencia más dramática de los problemas en que se encuentra la economía del imperio.

Un total de 818 personas fueron arrestadas durante los cuatro días de la convención republicana, 396 de ellas en la jornada final, cuando McCain hacía su discurso de aceptación de la candidatura. Foto: AFP Sin embargo, el tema que más interesa y preocupa al ciudadano común no tuvo entrada en la «blanquita» Convención Republicana recién celebrada en el Xcel Energy Center de la ciudad de St Paul —solo había 36 negros entre los 2 380 delegados—, la de la administración que ha ido llevando al país a esta situación nada halagüeña. Se le cerró el paso al cónclave, exactamente como a los miles de manifestantes contra la guerra que protestaban afuera, interponiéndoles el enorme blasón de las barras y las estrellas como símbolo, no de la grandeza de un pueblo, sino de las actitudes patrioteras de quienes enviaron una y otra vez el mensaje bélico y azuzaron el fantasma del terrorismo.

Los neoconservadores quieren repetir con el binomio John McCain-Sarah Palin, el capítulo bushiano.

En la Convención Demócrata, sin embargo, hubo otra visión, encaminada por el hecho de que deben buscar sentarse en la Casa Blanca hurgando en los fallos y grietas del competidor.

El candidato Barack Obama, quien obtuvo la candidatura presidencial enarbolando como lema una promesa de cambio, refrendó que la economía de EE.UU. está en desorden: «Esta noche —dijo ante una heterogénea multitud de 85 000 personas, congregada en el estadio Invesco de Denver—, más norteamericanos están fuera del trabajo y más están trabajando más duro por menos (salario). Muchos de ustedes han perdido sus casas y más aún están viendo cómo el valor de sus casas cae en picada. Muchos de ustedes tienen carros que no pueden permitirse manejar, cuentas de tarjetas de crédito que no pueden pagar, y enseñanza que está más allá de su alcance». Estaba retratando un panorama cierto y esa es su mejor posible carta de triunfo: decirle al gobierno de George W. Bush que ha fallado en darle respuesta a esos retos.

Pero esas promesas deben cumplirse después, no dejarse al olvido, y no pocos estiman que el remedio es difícil de lograr cuando los males económicos tienen compañía mundial.

Las agencias de prensa, programas de televisión y prensa en general indagaron sobre el tema de la economía y las convenciones, y las opiniones que recogió Reuters mostraban un estado de ánimo digno de tomar en cuenta porque las preocupaciones financieras eclipsaban a los espectáculos electoreros.

Así, en una ciudad industrial como Cincinnati, Trudy Tucker, madre de cuatro hijos agobiada por la búsqueda de compras con descuento para ahorrar el dinero que no le abunda, fue tajante al decir que no había oído mucho de las convenciones: «No tuve tiempo para verlas»... «La economía está deprimida. Nuestro dinero no se estira», apuntó. De todas formas, dijo que votaría por McCain...

Y para Bernice Shiney, una enfermera de Nashville, estado de Tennessee, quien vio algo de cada una de las convenciones, no sintió nada relevante en ellas: «No dijeron cosa alguna. Solo es una cuestión personal de ellos, ver quién puede golpear al otro hasta hacerlo caer, y ganarle. De eso se trata.»

Aunque las encuestas afirman que Obama obtiene la confianza mayor para dirigir la economía del país, y McCain goza del favor en cuanto a liderar la política exterior, no hay mucha diferencia entre ellos en cuanto a favor de voto para el 4 de noviembre. Lo que agrega una pizca nada despreciable de incertidumbre a la contienda.

El economista Christian Weller, del Center for American Progress, asegura que ambos competidores «tendrán que conectarse, especialmente en los estados que serán campo de batalla, con la difícil situación de las familias norteamericanas. No son solo los números del desempleo —asegura—, son los crecientes cierres, el aumento de las bancarrotas, el incremento de los precios. La gente no solo quiere oir sobre el plan de los cinco u ocho años pasados, sino sobre “cómo me van a ayudar a pagar la cuenta del combustible en el invierno”».

No es solo en qué gastan o van a gastar el próximo presupuesto del país, en el foco de atención está el presupuesto familiar disminuido por el alza de los precios de los alimentos, de los productos básicos, de la gasolina y otros combustibles, y la lista sigue...

En busca de los votos

Por eso, culminados los espectáculos, tanto Barack Obama como John McCain —por supuesto también sus vices Joe Biden y Sarah Palin—, apresuraron el paso para atrapar la mayor cantidad de sufragios, en especial en aquellos estados claves por el número de votos electorales que aportan o donde pueden cambiarle el color (rojo para los elefantes republicanos y azul para los burros demócratas) o tendencia tradicional de preferencia en las urnas.

Y se critican el uno al otro sobre temas candentes, y toman posición de acuerdo con la audiencia con la cual hablan. Por ejemplo, para todo el mundo fue evidente que los delegados presentes en la Convención Republicana en buen por ciento peinaban canas —incluido el candidato que es el aspirante de mayor edad en busca de la Casa Blanca en toda la historia de esa nación—, así que el demócrata Obama acudió vía satélite a un evento de AARP de Washington, un grupo de la tercera edad, para alertarlos de que sus jubilaciones estarán acosadas si John McCain llega a la presidencia, porque privatizaría los fondos de la seguridad social. El «héroe americano» se apresuró a desmentir, también en comentarios enviados por la misma vía, al mismo conjunto de posibles electores.

En apenas dos meses tienen que dar a conocer sus posturas, luego de una real pérdida de tiempo —todavía lo harán ahora— en acusaciones personales o insulsas, pero apropiadas para evitar el raciocinio y ocupar espacios en una prensa que en buena parte los acompaña en lo insustancial.

Este domingo se pronostica que saturen los programas políticos televisivos con sus mensajes de «yo soy mejor que tú». Bueno, en realidad no lo hará Sarah Palin, quien luego del discurso bien leído el miércoles en el teleprompter de St. Paul, no ha dado siquiera una entrevista a los medios, con lo que la ex alcaldesa del pueblito alaskeño y gobernadora desde hace año y piquito de ese frío y rico estado petrolero, hace dudar de sus capacidades. A pesar de ello, aseguran las encuestas que se ganó a los estadounidenses, al menos lo dice la cadena de televisión ABC para quien el 50 por ciento de los consultados por su encuesta la ven con favor sobre un 37 por ciento con opiniones negativas. Solo que su oponente, el senador Biden, lo ven con buenos ojos un 54 por ciento y lo rechaza el 30.

Eso sí, a la nueva imagen o icono de los ultraconservadores, la quieren con el corazón, por lo que el 85 por ciento de los republicanos indagados le dan su apoyo a la Palin. Se supone que la alaskeña puede atraer para McCain 3,5 millones de sufragios de los cristianos fundamentalistas. Al respecto se afirma que en el hotel Radisson de Minneapolis, hace apenas una semana, hubo una reunión supersecreta de miembros del Council National Policy, fuertes donantes de la derecha con altos operativos conservadores para planificar la estrategia a largo plazo del movimiento ultraconservador, que considera que «el destino de la nación está en sus hombros», y apoyaron resueltamente a Palin.

Pero el dueto McCain-Palin hizo su entrada este viernes en Wisconsin, donde por fin abordaron el tema pesadilla de los estadounidenses: los problemas económicos, y allí el jefe del binomio dijo: «Estamos pasando por tiempos duros, pero el cambio está por llegar», una abierta apropiación del término que ha sido lema sustancial de la campaña de Obama desde el inicio de la contienda: el cambio. Y luego se hablan de ética. Jajajajaja.

Por su parte, Obama hizo dos días de campaña en Pennsylvania y también fue a Ohio, para ganar la simpatía de los votantes de clase media y trabajadores, a quienes les prometió que «ayudaría a salir adelante».

Por si acaso, su equipo ha identificado también que en toda la nación hay 55 millones de votantes no registrados y de ellos 8,1 millones son negros, unos ocho millones hispanos y 7,5 millones están en edades comprendidas entre los 18 y los 24 años. Todos grupos claves, porque son precisamente los más afectados por la hondonada económica y con ellos aspira abrir una brecha en el voto conservador que beneficia a los republicanos.

Y a la verdad, no sé si esto es serio o no, o simplemente refleja las falsedades de la democracia: en la ciudad francesa de Aviñón se hicieron apuestas sobre el resultado de las elecciones estadounidenses. Nada nuevo, dirá alguien avispado, solo que los jugadores hicieron el «paréntesis lúdico» —como lo llamó la agencia EFE— mientras discutían sobre la crisis de Georgia, y los jugadores eran nada menos que los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

Bingo o Póquer, el casino electoral estadounidense tiene un seguro perdedor: los ciudadanos apretados por la economía y sin partido que los respalde.

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