Robin Hood ¡al auxilio de los ricos!

Pedro Gómez Larrinaga, investigador del Centro de Estudios Europeos, explica a JR los planes de rescate bancario concebidos por la UE ante la crisis financiera

Autor:

Luis Luque Álvarez

Foto: Roberto Morejón Según el Diccionario de la Real Academia, rescatar es «recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido, y, por extensión, cualquier cosa que pasó a mano ajena», así como «liberar (a alguien) de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etcétera». O sea, tenemos un oprimido, un abusador que pone indebidamente las manos en lo que no es suyo, y un Robin Hood, encargado de entrar en acción para, en efecto, rescatar al inocente.

Por estos tiempos también se habla de rescate, y las «pobres víctimas» son... ¡bancos norteamericanos y europeos!, entidades que han lucrado hasta lo imposible con las necesidades de la gente, y que ahora, cuando las irresponsables prácticas de casino desatan una crisis financiera, recibirán un salvavidas multimillonario ¡del dinero de los propios contribuyentes!, quienes son, en este caso, los dadivosos bandidos del bosque de Sherwood...

El investigador Pedro Gómez Larrinaga, del Centro de Estudios Europeos, explica el origen de la actual turbulencia y las respuestas que la Unión Europea intenta darle.

«La crisis se originó en el sector de las finanzas, y sus efectos negativos se están extendiendo a la economía real. Tuvo su detonante en agosto de 2007, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en EE.UU. En el capitalismo actual, las inversiones principales van hacia el sector financiero. Hasta ahora, los dividendos que se obtenían en él eran multimillonarios, y excedían con mucho a los de la economía real. Venían favorecidos por las bajas tasas de interés, lo cual estimulaba que las personas y las empresas buscaran financiamiento, no tanto para satisfacer las necesidades básicas, como para enriquecimiento y lucro.

«Con el alza del valor de las viviendas, los propietarios de estas se sintieron tentados a pedir préstamos a los bancos, poniendo como garantía el valor incrementado de sus casas. En tales condiciones de valorización de las viviendas fue creciendo la actividad de los bancos para conceder créditos hipotecarios, no solo a la población solvente, sino a la de bajos niveles de ingreso y con mal historial de pagos. Los bancos concedían estos créditos, conscientes del alto riesgo, y lo que hacían era convertirlos en productos financieros que pudieran ser traspasados en los mercados bursátiles, para salir rápido de ellos, pues si se incrementaba la tasa de interés (como sucedió, hasta alcanzar niveles superiores al cinco por ciento), existía un riesgo potencial de impago.

«Ahora bien, Estados Unidos es la principal plaza bursátil, adonde concurren capitales de todo el mundo, primeramente los provenientes de la Unión Europea, y hacia allí se dirigieron estos para comprar esos productos financieros de alto riesgo».

—Por ahí va mi pregunta: ¿cómo se extrapola la crisis de EE.UU. a la UE?

—La extrapolación está dada en ese acentuado entrelazamiento entre EE.UU. y Europa. Los capitales de ambos representan más del 50 por ciento de las inversiones mutuas en el sector bancario, con fuerte tendencia a la financiación de actividades especulativas, inseguras por el alto riesgo implícito, pero que según la óptica capitalista, llevan asociado un alto por ciento de probabilidad de ganancia...

—Y fue eso lo que salió mal...

—Así es. Ahora, cuando buscan la causa del problema, no reconocen la especulación financiera como reflejo del carácter parasitario del capitalismo, que se ha alejado de la economía real, de la producción de bienes, buscando ganancias en un sector que opera basado en expectativas de rendimiento de los intereses, pero no en la productividad.

—¿Qué significan los planes de rescate bancario que han anunciado los gobernantes de la zona euro?

—La UE reaccionó tardíamente respecto al colapso bursátil del viernes 10 de octubre, acontecido tanto en EE.UU. como en las bolsas europeas. Los ministros de Finanzas, para enviar señales positivas a los mercados, acordaron asegurarles a los ahorristas que poseen depósitos en bancos comerciales la garantía de hasta 100 000 euros en casos de quiebra. En algunos países será de hasta 250 000 euros.

«Era una señal para que no cundiera el pánico y la gente se precipitara a retirar su dinero, lo cual anularía una fuente de entrada de dinero a los bancos, pero no era suficiente para frenar la caída en las bolsas. Había una contracción de los créditos interbancarios. La Reserva Federal de EE.UU. y el Banco Central Europeo redujeron las tasas de interés (de 2 a 1,5 por ciento, y de 4,25 a 3,75, respectivamente), pero las de los préstamos entre bancos (tanto los de inversión como comerciales) se mantuvieron al alza, lo cual indicaba que entre ellos no había confianza, no había fluidez del préstamo.

«Un elevado costo del crédito repercute negativamente en la economía y en la población. En la primera, porque se encarece el crédito que reciben las empresas para su funcionamiento ordinario, lo que se suma al alza del precio de los alimentos y del combustible, y en el segundo, porque las personas limitan su consumo, pues tendrían que recurrir a créditos con altos intereses. Si se contrae el consumo, uno de los pilares del crecimiento económico de la UE, entonces incide negativamente en el Producto Interno Bruto. Un círculo vicioso, un rompecabezas sin solución.

«Pues bien, después del colapso del 10 de octubre, los líderes de la UE tomaron el acuerdo de que cada Estado debía responsabilizarse con el rescate de sus bancos y establecer planes concretos. Para ello, se contemplaban varias medidas. Primero, dar garantías públicas: el Estado se convierte en garante de los nuevos préstamos que reciben los bancos, ante la desconfianza de aquellos que poseen capital. Si el banco incumple, el Estado asume, pero si se llega a este punto, el Estado recurre a sus fondos, al presupuesto público.

«Como el Estado no produce, esos fondos se nutren de los impuestos que pagan los contribuyentes. Se plantea que es un principio de solidaridad, pero esto tiene doble rasero: con fondos públicos se salva a la banca privada, que venía obteniendo enormes utilidades con tasas de interés leoninas, que pagaba el sector más débil de la población, y esas utilidades no tenían una función social, sino que eran ganancias netas para los directivos y accionistas de esos bancos. Precisamente por el alto costo de los intereses de esos mismos bancos, fue que un sector de la población en EE.UU. se vio impedida de pagar, y fue por eso que estalló la burbuja inmobiliaria.

«Otra medida es la capitalización de los bancos, su financiación. El Estado compra una parte de acciones en ellos, lo cual significa una nacionalización parcial. Por ejemplo, del paquete total que destinará España, de 150 000 millones de euros, 50 000 millones están previstos para la compra de acciones bancarias, que constituyen una fuente de financiación. En Francia, de 360 000 millones de euros, 40 000 millones tendrán ese destino, y en Alemania, de 500 000 millones, habrá 80 000 millones para tal fin.

«Por tanto, la mayor parte del paquete de rescate concebido en la UE está destinado a las garantías públicas, cuyo plazo de otorgamiento expira en diciembre de 2009. No son garantías indefinidas, y según fuentes europeas tendrán un costo de acuerdo con el mercado, o sea, el Estado no está ofreciendo una ayuda desinteresada, sino un mecanismo de salvación que se ejecutará solo en caso de quiebra. La garantía no implica un desembolso inmediato de dinero, pero el Estado sí recibirá en cualquier caso una comisión».

—¿Cuál es la diferencia básica con el plan de rescate concebido por EE.UU.?

El paquete de rescate de EE.UU. es de 700 000 millones, y cuenta con 250 000 millones para comprar acciones bancarias. La diferencia es que en ese plan se contempla la compra directa de las hipotecas de alto riesgo de aquellos que no pudieron pagar sus deudas. El Estado las compra al banco antes de que incurra en quiebra.

«En la UE no se ha hablado de comprar hipotecas, quizá porque los créditos hipotecarios otorgados en la UE no fueron del tipo de los concedidos en los EE.UU. a sectores de baja solvencia, o porque en la UE, los que incumplan con el pago de una hipoteca mantienen aún la obligación frente al banco, además de perder la vivienda hipotecada».

—Algunos ven giros «socialistas» en las nacionalizaciones parciales...

—Se ha producido un cambio en el discurso. Se reconoce que la especulación financiera, como fenómeno de la globalización neoliberal, ha llevado a la distorsión en las bolsas. Se propone entonces una especie de regulación capitalista del mercado, pero coyunturalmente. Una vez que los bancos se restablezcan, podrán volver a comprarle las acciones al Estado. Es un respiro temporal, pero después se pretende volver al estado corriente del capitalismo...

—Según Sarkozy, «hay que refundar el capitalismo». ¿Las cosas seguirán como hasta ahora o habrá alguna variación?

—Tiene que haber cambios, porque países emergentes, como Rusia y China, proponen un mundo multipolar en lo económico, en lo político y en lo militar. EE.UU. no puede aspirar a ser potencia y vivir del ahorro mundial, de los capitales del resto del mundo que fluyen hacia EE.UU., convertido en el mayor deudor. Es imposible así mantener una hegemonía, que es lo que se cuestiona en la actualidad.

—¿Qué implicaciones tendrán los paquetes de rescate europeos en los indicadores económicos del bloque?

—Hay un replanteamiento sobre cómo lograr la estabilización financiera. Por ejemplo, Alemania dice que la estabilización del déficit presupuestario para 2011 debe ser prorrogada, pues los gastos en que incurran estos planes de rescate son del presupuesto público. Desde luego, esto conllevará reducciones en otras partidas del gasto que forman parte del llamado Estado de Bienestar: la salud, la educación, la seguridad y la asistencia social. Y para prevenir que no haya conmociones sociales, los gobiernos están obligados a prorrogar el plazo para disminuir el déficit público, como uno de los aspectos por los que la UE vela dentro del Pacto de Estabilidad y Crecimiento para contener la inflación.

—Y en el Sur subdesarrollado, ¿cómo se traducirá todo esto, por ejemplo, en la cooperación económica?

—Seguramente repercutirá en menores niveles de la cooperación, en una disminución de la ayuda oficial al desarrollo, fijada en el 0,7 por ciento del PIB, minúsculo índice en comparación con los ingresos que obtienen los países ricos. Ahora, con el pretexto de tener que gastar cifras multimillonarias, no se cumplirá con la obligación moral que les exigen los países subdesarrollados para que contribuyan a su desarrollo. Sin contar con que estos ya se afectarán, dada la recesión económica mundial, por la reducción de sus ingresos por exportaciones, cuyo destino son los centros de consumo mundial. El efecto, pues, será doble.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.