A una semana del voto

El miedo, parte del sucio juego opositor. Libertad de postulación y no reelección indefinida: los venezolanos definen en siete días si se dan ese derecho

Autor:

Marina Menéndez Quintero

CARACAS.— Seguir cerrando el paso a la violencia es reto de los revolucionarios cuando está a punto de concluir la campaña previa al referendo: con las calles mayoritariamente teñidas del rojo bolivariano, un escenario desestabilizador solo serviría a quienes quieren derrotar la enmienda.

Intentos incendiarios contra el emblemático Monte El Ávila fueron el primer aviso de una espiral que infructuosamente ha querido convertirse en tendencia para subvertir adentro y que facilitaría, además, el cuestionamiento desde afuera.

Amagos violentos como la profanación de la sinagoga principal de la comunidad judía en Caracas y atentados contra la sede de la Nunciatura Apostólica siguieron a los disturbios protagonizados por estudiantes de las universidades privadas en El Ávila, donde una pira amenazó con convertir el cerro en una inmensa nube negra.

Ahí está, de alguna manera, la esencia del «doble ataque blindado» que ha orientado el Presidente desde su nueva tribuna, «Las líneas de Chávez»: el espacio que tres veces por semana permite al líder dirigirse al pueblo, con la perdurabilidad del mensaje impreso. Líneas para que la verdad contrarreste a una campaña opositora dispersa pero agresiva en su manipulación, que tiene su único ente aglutinador, precisamente, en los llamados grandes medios.

«Ataque doble», orienta Chávez, para materializar la asistencia nutrida a las urnas que otorgue a los revolucionarios un triunfo contundente. Pero para ello resulta esencial que, al mismo tiempo, los artífices de esa victoria tengan ecuanimidad, y se transiten los pocos días que restan al proselitismo con la misma alegría de sus movilizaciones, sin ceder al afán de la provocación.

A la denuncia de la reunión sostenida a mediados de enero en Puerto Rico por representantes de partidos opositores y el director del canal Globovisión con asesores norteamericanos, ha seguido la revelación del plan que, presuntamente, habrían debatido, y que tendría como objetivo dar «jaque al Rey».

El uso de los estudiantes de las universidades privadas como cara del «pueblo» negado a la enmienda —que algunos de los propios plumíferos opositores critican porque, alegan, convierte a los jóvenes en «carne de cañón»—, es una de las matrices mediáticas visibles.

Mientras, mienten cuando afirman que el cambio constitucional pretende la «reelección indefinida», lo que significaría la presunta «eternización» del Presidente, y supuestamente desconocería el cada vez más vigente derecho de los venezolanos a elegir. Obviamente, su mejor arma sigue siendo la manipulación.

Lo que se dirime

Las movilizaciones chavistas no se limitaron a las grandes manifestaciones y se desgranaron también en los llamados puntos rojos, donde se ha explicado a la población qué se decide en el referendo. Foto: Reuters y MINCI Nadie debe dudar que la Revolución pacífica emprendida por Hugo Chávez en 1999, libra ahora otro desafío trascendente.

La enmienda constitucional que se someterá a consideración del pueblo el 15 de febrero, resultará tan decisiva para el proceso como los reiterados ejercicios del sufragio que lo revalidaron una y otra vez, y desalentaron la agresión externa a lo largo de toda una década.

El voto ha forjado en Venezuela una sociedad realmente democrática, sepulturera de los desgastados partidos de la política tradicional, y que ha señalado un nuevo camino liberador a las naciones vecinas.

Votación tras votación, cada contienda —electoral o consultiva— puso en manos del pueblo el cincel que ha ido modelando la obra: primero, proceso nacionalista y de rescate de la justicia social que ya aspira sin ambages al socialismo... con Chávez a la cabeza.

Por eso, decidir si se modifica la Constitución para que concejales, alcaldes, diputados, gobernadores y el presidente en ejercicio del cargo puedan postularse sin restricciones, resulta tan importante como una elección, aunque las consecuencias del sufragio no se vean de modo inminente.

Si se gana la enmienda para modificar la Carta Magna, las masas bolivarianas podrán postular de nuevo a su líder al término de este mandato, dentro de cuatro años. Si no, Chávez tendría que dejar Miraflores en 2012.

La carencia de un dirigente que represente y aglutine a esa oposición está, sin duda, en los sustratos de su estrategia: sabedores de que no cuentan con un candidato capaz de enfrentarlo, prefieren dejar vetado al mandatario.

Ahuyentar la abstención es el objetivo táctico que guía tanto a los defensores de la Revolución como a esos que quieren revertirla, cuando apenas faltan siete días para el referendo.

Los chavistas exhortan a una amplia asistencia a las urnas porque la confianza en el triunfo podría conducirlos, paradójicamente, a una derrota, si sentir la victoria en la mano hace pensar a alguno que no es determinante su sufragio.

Los enemigos de la Revolución también llaman a las urnas, sabedores de que su denominado «voto duro» está por debajo de los rojos, según demostraron las recientes elecciones regionales. No pueden darse el lujo de dejar escapar ninguno de los sufragios obtenidos en los comicios de noviembre. Pero, además, los de la oposición necesitarían «un adicional» que pretenden escarcear entre los indecisos.

Eso explica que la acéfala pero venenosa campaña opositora haya hecho circular extraoficialmente clandestinas invitaciones que, como un susurro al oído, sugieren a las ba-ses revolucionarias cambiar su postura y, en la impuesta soledad frente a la máquina de votación, se traicionen a sí mismos y en vez de «Sí» marquen «No».

Escasa en movilizaciones masivas como no fuera la de los jóvenes «bien» que las masas identifican como «los de las manitas blancas», su campaña pareciera transcurrir tras bambalinas, soterrada bajo las máscaras que le sirven al juego sucio.

Los habitantes de los cerros y las capas pobres de la sociedad son el blanco de esa propaganda, pensada por quienes simulan ahora interés en los de abajo cuando, en verdad, lo que más les molesta de Chávez es que gobierna, principalmente, para redimir a esa parte de la población.

Presa codiciada en las urnas queda, además el porcentaje de personas —digno de tomar en cuenta—que, según los sondeos, no se habría decidido aún por alguna de las dos opciones.

¿Cuánto podrían definir los votos de quienes hasta ahora dicen que «Ni “Sí”, ni “No”»?

Incapaces de unirse debido a sus egoísmos, el de los opositores ha sido un proselitismo disperso y sin argumentos, sintetizado en una consigna vacua que, más que exhortación, parece capricho de niño malcriado.

«No es No», afirman; pero la aparente futilidad del lema no quiere decir que sea ingenuo.

Sin reponerse del trastazo político y moral que significaron los fracasos del golpe de abril de 2002 y el posterior paro petrolero; carentes de cabeza visible tras la sonada derrota electoral propinada por Chávez a Manuel Rosales en las presidenciales de 2006, la oposición es hoy un abanico que no consigue ponerse bien de acuerdo, como no sea en el objetivo de que el país desande todo lo que ha avanzado.

Derrotado su esquema de frustrar el camino revolucionario mediante una salida violenta, los que han sido obligados a transitar el sendero de la democracia, son ellos. Para los revolucionarios, la meta es que también en esta confrontación se les venza.

Aunque no pueda decirse que la sobrevivencia de la Revolución Bolivariana dependa de un hombre, unos y otros saben bien que es Chávez el motor que la lidera.

Ampliando los derechos Lejos de limitar la capacidad del pueblo de elegir, lo que la enmienda constitucional busca es ampliar ese derecho. Postular no quiere decir que la persona en cuestión ya está reelecta. Como siempre, la última palabra la tendrá la ciudadanía en la próxima elección. Este es el aspecto más manipulado por la oposición de cara a la consulta.Como está ahora, la Carta Magna limita las veces que un funcionario gubernamental pueda ser propuesto por la ciudadanía para optar, de forma continua, por ese cargo.Para que la medida se extienda a concejales, alcaldes, gobernadores, diputados y presidente, es preciso cambiar (o enmendar) los artículos 160, 162, 174, 192 y 230 de la Constitución, lo que se someterá al criterio de la ciudadanía mediante una única pregunta.Para los bolivarianos, dejar sentada la posibilidad de seguir contando con Chávez en la presidencia abriría una nueva etapa que, se anuncia, estará centrada en la profundización de la Revolución, adentrándola en el socialismo.Como en los últimos comicios, el voto será totalmente automatizado, y solo será preciso oprimir uno de los dos botones habilitados en la máquina computadora. El futuro inmediato de Venezuela se desbroza o enlentece en virtud de lo que la mayoría marque: «Sí» o «No».

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