El abogado cubano Rodolfo Dávalos califica de vergonzosa la decisión de la Corte Suprema

Autor:

Juventud Rebelde

Una corte conservadora, más la influencia de la politización del caso y el no querer actuar correctamente por parte del gobierno, condujo a que no se aceptara revisar el caso de los Cinco, apuntó el especialista en derecho internacional Rodolfo Dávalos

Este lunes 15 de junio se cumplió el plazo. Los magistrados del Tribunal Supremo de los Estados Unidos dijeron no, y con ello escribieron otra vergonzosa página en la historia judicial de ese país. El llamado de una decena de premios Nobel, parlamentarios de todo el mundo, académicos y miles de personas fue ignorado. Según los jueces, Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón continuarán cumpliendo las injustas condenas a que fueron sometidos hace 11 años por luchar contra el terrorismo.

«Ahora más que nunca debemos seguir la lucha a través del reclamo de la opinión pública internacional, de los abogados del mundo y de las personas de buena voluntad, apuntó el destacado abogado cubano, Rodolfo Dávalos, tras ser interrogado por JR sobre el rechazo de la Corte Suprema a revisar el caso de los Cinco.

«Aunque Gerardo acaba de decir que no se sorprende y un pueblo como el nuestro, adaptado a los desmanes del gobierno norteamericano tampoco se sorprenda, de todas maneras todavía para algunos quedaba la esperanza de que la Corte Suprema tratara de salvar la honra de la justicia norteamericana. Sin embargo, para los que hemos seguido el desarrollo de la justicia y el marcado retroceso ideológico que desde hace varios años experimenta el Supremo en ese país, lo que ha ocurrido no es extraño», comentó Dávalos, para quien en estos momentos es crucial la batalla de conciencia a favor de la justicia y de la inmediata liberación de los cinco antiterroristas cubanos.

«Una corte conservadora, más la influencia de la politización del caso y el no querer actuar correctamente por parte del gobierno ha llevado a que no hayamos alcanzado los cuatro votos que hacían falta para que se aceptara revisar el caso», apuntó el jurista, quien recordó que la Corte ha desconocido el notorio interés público del caso.

La Corte Suprema de EE.UU. decidió cerrar puertas, hacer caso omiso al reclamo de toda la humanidad. Hasta este lunes las personas de buena voluntad del planeta podían esperar la continuación del proceso en el nuevo escenario de lucha dentro de la legalidad estadounidense: otra sede no comprometida con la mafia de Miami, tribunal imparcial, juicio nuevo, si el tribunal admitía el caso. Sin embargo, ante la negativa, lo que urge es una solidaridad internacional volcada por completo al reclamo de justicia: se buscará y se llegará a ella desde la presión política de una opinión pública comprometida con la verdad. Cuba continuará a la vanguardia de esa lucha.

Obama sí puede

Rodolfo Dávalos. Foto: Angelito Baldrich Independientemente de la decisión de la Corte Suprema, también en las últimas semanas hemos asistido a la repetición, sin cansancio, de otra verdad irrefutable. Lo ha expresado el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada.

«El presidente de los Estados Unidos puede y debe retirar los cargos contra los Cinco. Ellos podrían estar en su casa mañana, si Obama quisiera hacerlo», ha dicho Alarcón estos días en algunas de las múltiples actividades que han tenido lugar en la Isla, como parte de la campaña mundial de solidaridad con la verdad, con la justicia, con los Cinco.

Según Alarcón, lo único que debe hacer el mandatario estadounidense es ejercer su autoridad, desestimar los cargos falsos fabricados contra nuestros compañeros y liberarlos inmediatamente. Para demostrar que eso es posible, que los cubanos y la humanidad toda no le están pidiendo peras al olmo, el titular del Parlamento cubano ha explicado que el propio Barack Obama retiró recientemente los cargos a dos ciudadanos norteamericanos encontrados culpables de haber enviado documentos secretos al gobierno israelí relacionados con las fuerzas armadas y la seguridad nacional de EE.UU. En el caso de los cinco antiterroristas cubanos es más sencillo, pues la Corte de Apelaciones de Atlanta determinó de modo unánime en septiembre pasado, que ellos no enviaron ninguna información secreta, ni pusieron en peligro la seguridad de ese país, ni ejercieron espionaje contra las instituciones de Estados Unidos.

Además, la acusación en contra de Gerardo Hernández —conspiración para cometer asesinato, el cargo tres— fue retirada por falta de pruebas por el propio gobierno de EE.UU., cuando lo presidía Bill Clinton, en una moción sin precedentes en la historia norteamericana. Sin embargo, se le mantiene la condena a dos cadenas perpetuas y años más...

En las palabras de clausura de la Conferencia internacional «La magnitud de una Revolución: Cuba, 1959-2009», que tuvo lugar el 7 de mayo en la Universidad Queen, en Cánada, Alarcón subrayó otra de las esencias del proceso:

«El caso de los cinco cubanos es ante todo y sobre todo el más notorio ejemplo de mala conducta por parte de la fiscalía y el gobierno. Estados Unidos debe liberarlos si es que quiere que creamos que algo fundamental está cambiando en Washington».

Lamentablemente, lo que acaba de ocurrir es otra señal de que la mala conducta está enraizada en las más altas esferas y que, incluso quienes debieran poner fin a los fallos desacertados, construidos sobre falsos cargos, son capaces de sucumbir a la saña que mantiene presos injustamente a cinco seres humanos inocentes.

Ahora más que nunca necesitamos la movilización de la solidaridad internacional.

Argumentos sólidos vs. Mentiras

El pasado 6 de marzo fueron presentados ante el Tribunal 12 Amicus curiae (documentos de los Amigos de la Corte) firmados por miles de personalidades de todo el mundo, quienes apoyaron la petición de la defensa para que fuera revisado el caso. Estos materiales recogen las razones por las que se considera injusto el juicio llevado contra los Cinco, así como las implicaciones que ello puede tener para la credibilidad del sistema legal de una nación erigida como paladín de la justicia.

Entre los Amigos de la Corte, que no forman parte del proceso pero cuyos argumentos debieron ayudar a los magistrados a decidir si tomaban o no la revisión, se encuentran una decena de premios Nobel, instituciones norteamericanas, colegios de abogados, historiadores, pedagogos e intelectuales de ese país; además de parlamentarios de todo el mundo que explican las arbitrariedades y violaciones cometidas con estos cinco hombres.

Solo este hecho refleja el interés universal de una causa que convoca a un nutrido grupo de personas de gran prestigio es una prueba más de la necesidad de poner fin a la injusticia. Como dijo hace pocos días el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, estos documentos permiten tener una idea de la naturaleza del caso desde todos los ángulos posibles.

A pesar de la solidez del trabajo de los abogados defensores y tras varias peticiones por parte del gobierno norteamericano de tiempo extra para presentar una oposición a la propuesta de la defensa, finalmente la Fiscalía entregó el viernes 22 de mayo el documento en el que insiste en engañar sobre la labor realizada por los Cinco y manifestó su oposición a la revisión. Solo dos días después los abogados de Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón entregaron su respuesta a ese material que, como apuntó Alarcón en la Mesa Redonda, miente desde el primer párrafo.

Esa «contra-respuesta» volvió sobre las principales violaciones cometidas en el proceso judicial, como la discriminación racial en la selección de jurado, la imposibilidad de un juicio justo en Miami, la ausencia de pruebas que sostengan las condenas a que son sometidos y que, a pesar de ser inocentes, cumplen desde hace casi 11 años, así como los fallos de la Corte de Apelaciones de Atlanta, que ya anuló algunos de los cargos, y el grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Con todo, la Corte debía decidir... y lo hizo, pero negó toda la tradición y agrietó aún más la confianza en un sistema judicial que lleva más de una década de injusticia.

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