Cuba, África adentro

Intinerario de Raúl Castro por África

Autor:

Juventud Rebelde

La reciente visita de Raúl a cuatro países africanos rememoró historias entrañables y confirmó que el alma de Cuba en el continente ha echado raíces indestructibles

Para los cubanos, África es la extensión de la patria. Un continente entrañablemente cercano en la cultura y en la historia. Desde nuestros ancestros ha formado parte de sueños y anhelos comunes. Regresar es especialmente simbólico para quienes, además, han sido protagonistas de las epopeyas africanas de liberación durante medio siglo.

La XV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados constituyó un motivo para estrechar los lazos de hermandad con varias naciones. Los 32 123 kilómetros recorridos durante 11 días por la nave aérea que trasladó a la delegación oficial, encabezada por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz, fueron recompensados con la calidez de los encuentros y el positivo saldo para los vínculos bilaterales.

Como afirmara el General de Ejército en uno de sus numerosos intercambios con líderes africanos durante este periplo: África no es una leyenda lejana en el espacio y el tiempo... es dignidad, sacrificio, valor y resistencia.

Estas notas de viaje pretenden evocar el ambiente que rodeó la visita, confirmar que el prestigio de la Revolución sigue intacto y que tanta solidaridad sembrada durante años cosecha sus frutos.

Isla de vida

Por estos días, los vientos cálidos del sur soplan sobre Argel. Son los meses en que el Sahara abraza (o más bien abrasa) las calles laberínticas de la Casbah, la ciudad vieja, y los 40 grados convierten su tradicional clima mediterráneo en un horno.

Al Jaza’ir: «isla de vida», es el enigmático vocablo en árabe que da nombre a la capital y al país. La costa fértil de Argelia, como una isla entre el mar y el desierto, explica esa hermosa parábola.

No podía haber mejor pórtico para este periplo africano de Raúl. Una «isla de vida» es también Cuba, y muchas son las historias compartidas. Durante la visita, los anfitriones colman de atenciones a la delegación. El General de Ejército departe largas horas con el Presidente Abdelaziz Bouteflika. «Plena coincidencia», declara al terminar. Y se le nota optimista sobre el futuro de esta ejemplar relación.

Aquí, con solo mencionar a Fidel, al Che, a Cuba se abren puertas y almas. Ahora, cientos de cubanos experimentan esa sensación cuando reciben a sus pacientes, en uno de los hospitales recientemente inaugurados con la colaboración de la Isla. Y así será en las otras instalaciones que poco a poco estarán a disposición del pueblo. Magnífico homenaje al internacionalismo cubano que se estrenó por estos lares en 1963 con la brigada médica dirigida por José Ramón Machado Ventura, entonces ministro de Salud Pública.

Antes, se brindó apoyo moral y material a los guerrilleros argelinos en su lucha contra el colonialismo. Una de aquellas armas, atesorada en el Museo Central del Ejército, honra la gesta.

Los Héroes de la República de Cuba, Raúl, Ramiro y Polo evocan anécdotas de la guerra revolucionaria o de las circunstancias históricas relacionadas con la hazaña de Argelia.

Frente a los instrumentos de tortura y muerte, utilizados por los colonialistas contra los revolucionarios argelinos, en especial la guillotina con la que ejecutaron a varios combatientes, Raúl hace un alto: «Nosotros triunfamos a tiempo para que no llegara esa “escuela” a Cuba... Batista fue un niño chiquito comparado con los dictadores que asimilaron esas técnicas después en América Latina... Esto es lo que nos esperaría si algún día se perdiera la Revolución».

Noma Nasser, hija del líder egipcio Gamal Abdel Nasser, recibe varias fotos del encuentro de Raúl con su  padre 49 años antes El Nilo, «corazón» para los egipcios, cuna de una de las  civilizaciones de la antiguedad que más ha aportado a la cultura universal

Tierra de paz

Imponentes montañas de piedra y arena, de un lado; aguas transparentes del otro. Eso es Sharm el Sheikh, escenario geográfico que mereció tanta atención en estas jornadas. El IL-96 cruza el Mar Rojo y se posa en la península asiática de Sinaí. En rigor, será el único momento en que la travesía desborde la geografía africana1.

Un particular simbolismo entraña la XV Cumbre de los No Alineados frente a estas aguas transparentes, envidia de los amantes del buceo por sus maravillosas especies coralinas. La falta de transparencia del injusto orden internacional actual y de sus mecanismos multilaterales es precisamente una de las críticas recurrentes de los líderes presentes en el evento.

Si fuera necesaria otra alegoría sobre las ansias de los gobiernos y pueblos del Sur, bastaría saber que a solo unos kilómetros, en el Monte Sinaí, según el Antiguo Testamento, recibió Moisés las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos. Un planeta en crisis múltiple requiere nuevas tablas de salvación humana con la participación de todos.

Sin embargo, a pesar de los antecedentes bíblicos, este territorio ha sido testigo de graves conflictos en la era contemporánea. La península fue ocupada por Israel durante 15 años tras los enfrentamientos armados con Egipto en la década del 60. Irónicamente, el otrora pequeño pueblo de pescadores de Sharm el Sheikh, acoge hoy a más de un millón de turistas al año en casi un centenar de hoteles. Varias conferencias celebradas para abordar el conflicto israelo-palestino le han merecido el apelativo de «Tierra de Paz».

La fundación de un Estado palestino independiente, con Jerusalén Oriental como capital es una reivindicación histórica de los No Alineados. Raúl lo proclama nuevamente en su discurso inaugural y lo reitera al Presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmoud Abbas en uno de sus primeros encuentros bilaterales de la Cumbre.

En su «comandancia» para esta batalla política, el Jefe de Estado cubano recibe también a dirigentes de Vietnam, República Popular Democrática de Corea, Croacia, Nepal, Malasia, Sri Lanka, Libia, Sudán y al Secretario General de la ONU, entre otros. Los saludos para el Comandante en Jefe se multiplican, y confirman que los fundadores de un mundo nuevo, como él, concitarán la admiración y la gratitud permanente de los pueblos. Sharm el Sheikh es también su Cumbre.

La ciudad de los mil minaretes2

Una hiperurbanización asfixia a la mayor metrópoli árabe y africana, a punto de rodear a las mismísimas pirámides de Giza, a unos 20 km al sudeste Cual faros que guían al viajero, una profusión de minaretes anuncian que El Cairo está a nuestros pies. El paisaje impresiona desde el aire. El Nilo, «corazón de la vida» para los egipcios, parece resistirse a una hiperurbanización que asfixia a la mayor metrópoli árabe y africana.

Hace 49 años —«hablando en edades faraónicas», como bromea Raúl en un momento de su visita privada— la ciudad no había crecido tanto, a punto de rodear a las mismísimas pirámides de Giza, a unos 20 km al sudoeste.

Venir aquí —en tránsito hacia Namibia— es reverenciar una de las civilizaciones de la antigüedad que más contribuyó al desarrollo de la cultura universal. «Egipto es la humanidad», le aseguró el Presidente cubano al ministro de Cultura de esta nación, Farouk Hosni, al admirar la majestuosidad de la obra patrimonial, que constató en visitas a los Museos Copto y Egipcio de El Cairo3.

Al referirse al rigor científico, la paciencia y acuciosidad de los arqueólogos, restauradores, historiadores y otros especialistas, ironiza ante Zahi Hawass, uno de los más célebres egiptólogos del mundo, quien lo acompaña en su visita a Giza: «con el ADN no hay secretos: si empiezan a investigar, mis ancestros terminan en África».

Expertos nacionales han rescatado la herencia patrimonial del país pese a los estragos causados por el colonialismo. Más de 70 000 piezas egipcias acapara el Museo del Louvre, mientras el de Turín, Italia, se considera el segundo museo egipcio del mundo. «...los apoyaremos en la gran tarea de que les sean devueltos a Egipto y a otras naciones los tesoros culturales que les sustrajeron en el pasado», asegura el jefe de la delegación cubana.

Pero la razón fundamental de esta escala es otro imprescindible: Gamal Abdel Nasser. Fundador del Movimiento No Alineado, precursor de la república y de su desarrollo independiente, anticolonialista prominente, solidario con la Revolución Cubana. Viajar a El Cairo para rendirle homenaje es una obligación moral.

«Nuestro padre nos habló mucho de Cuba y de Fidel. Ir a la Isla es uno de los sueños, una promesa a realizar», expresa Mona Nasser, frente al mausoleo del gran estadista. Ahmed Marwen, nieto del líder árabe, contempla el instante. Medio siglo atrás, su abuelo, recibió al entonces jefe de las nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias con extraordinaria deferencia. Fiel al legado del «gran amigo de mi país y de Fidel Castro», Raúl cumple su promesa.

Esquina del viento

Si la nave de Cubana de Aviación enfrentó alguna turbulencia antes de llegar a la seca y elevada planicie de Windhoek, algunos podrían atribuirlo al significado del nombre de la ciudad en afrikaans: la «esquina del viento». Pero lo que sí nos sacudió el alma en Namibia fueron los conmovedores encuentros durante la visita.

«Nos van a matar del corazón con tantas emociones», aseguró Raúl al concluir la cena ofrecida por el Presidente Hifikepunye Pohamba, que contó con la presencia del fundador de la nación San Nujoma.

Combatientes namibios de Cuito Cuanavale y estudiantes graduados en Cuba protagonizaron escenas memorables. Si una razón adicional hiciera falta para justificar la formación en nuestra Patria de tantos miles de jóvenes de todo el mundo durante estos años, bastaría el coro improvisado de cantos cubanos que inundó la noche.

«Somos un producto palpable de la Revolución». Así lo expresaría Abraham Iyambo, ministro de Pesca y Recursos Marinos, quien permaneciera en Cuba durante 17 años y cuyo acento delata aún el tono criollo.

Hasta la naturaleza aportó su cuota de calor al invierno namibio. Preparados para temperaturas más bajas, los abrigos permanecieron guardados durante toda la visita, que concluyó en el Acre de los Héroes, con un homenaje a los caídos en las luchas por la independencia frente a cuatro potencias coloniales —alemanes, ingleses, portugueses y sudafricanos—; «un verdadero récord», al decir de Raúl.

Camino al aeropuerto, la caravana de automóviles atraviesa velozmente la capital, casi inadvertida por algunos transeúntes que continúan su rutinaria faena. Pronto se aleja de sus vistas, pero los nombres de dos calles paralelas trascenderán su geografía y su época: Independencia y Fidel Castro.

Tributo

Sin dudas, la ciudad africana más conocida por los cubanos es Luanda. Durante 15 años, 371 000 compatriotas combatieron junto a los angolanos por preservar la soberanía de esa nación, y otras decenas de miles prestaron colaboración civil.

Luanda es la misma y otra a la vez, con su bahía congestionada de barcos, sus arterias viales plagadas de automóviles, y un sinfín de grúas que levantan edificaciones por todas partes, en contraste con los tradicionales quimbos y candongas. La capital es el hervidero de un país que intenta cosechar los dividendos de la paz a partir de sus recursos naturales soberanos.

Viejos camaradas de armas y nuevos amigos en el combate por el desarrollo reciben a Raúl y a la delegación cubana. Cada encuentro con los dirigentes del gobierno angolano, y en especial con su Presidente José Eduardo dos Santos, constituye un viaje en el tiempo.

Raúl detalla algunos de los sucesos de aquella epopeya. El general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintras Frías recuerda anécdotas en ráfaga. Sus casi diez años como jefe militar internacionalista lo hacen acreedor de la admiración infinita de este pueblo. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla, combatiente de Cuito Cuanavale, aviva su memoria después de 21 años de ausencia.

«Tributo» es el significado de la palabra «Luanda» en lengua quimbundo. Conchas recolectadas en sus playas servían a los habitantes de entonces para pagar el impuesto al rey del Congo. Tributo representa también veneración, agradecimiento o devoción. Tributo fue nombrada la operación que repatrió los restos de nuestros mártires, el más preciado legado de aquella guerra por la soberanía angolana, la independencia namibia y el fin del apartheid. Culminar aquí estas intensas jornadas africanas es hacer honor a la historia que nos une.

Epílogo

Argelia ofreció la bienvenida a Raúl con su tradicional ceremonia para los visitantes: frutas secas y leche. Luanda fue el puerto de esclavos más importante de la costa atlántica africana. Desde él fueron arrancados a la fuerza millones de hijos de esa tierra para trabajar de manera forzada, especialmente en Brasil.

Justamente, en esa porción avanzada de África en el corazón de América, Salvador de Bahía, hace escala la delegación de regreso a la Patria. Las calles adoquinadas del Pelourinho, el centro histórico, se emparentan con las de Santiago de Cuba. Su gente, su raza, su religión, sus bailes, su temperamento abierto y amistoso es la herencia de siglos del tronco africano de nuestros ancestros.

Veinticuatro horas antes de la llegada de Raúl a tierras africanas, el Presidente norteamericano Barack Obama acudía a Cape Coast, en Ghana, en su primer viaje presidencial al África subsahariana. Desde allí fueron desarraigados también miles de seres humanos hacia Estados Unidos.

No le faltó honestidad para reconocer una verdad histórica vilipendiada, cuando comparó la suerte de sus antepasados negros con los campos de concentración nazi de Buchenwald. Infinita tendría que ser la voluntad política de las potencias occidentales que colonizaron y desangraron todo un continente para revertir tanto saqueo. Habría que comenzar por reconocer los males provocados por su propia codicia imperial aún latente.

Mientras, una isla plena de vida y de sueños, pequeña y bloqueada, demuestra que se puede hacer mucho con poco. Por eso, Cuba al desandar África adentro, como hermana, triunfa.

El Presidente angolano José Eduardo dos Santos saluda a los integrantes de la delegación oficial. De izquierda a derecha: Leopoldo Cintras Frías, viceministro primero del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores; Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Ministros, y el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, también vicepresidente del Consejo de Ministros.

Notas al pie

1 África se separó de la península Arábiga en un movimiento que comenzó hace ya unos 30 millones de años. Este efecto continúa hoy en día: el Mar Rojo poco a poco se ensancha y, según la mayoría de los científicos, se convertirá en un océano en un futuro lejano.

2 El minarete es el nombre con el que se conocen las torres de las mezquitas. Significa «faro» en árabe, porque en siglos pasados era frecuente la colocación de luces en ellos para orientar a los viajeros hacia la ciudad. Su principal cometido es facilitar que la máxima cantidad de gente posible oiga cada una de las cinco llamadas diarias a la oración.

3 El primero cuenta con una fantástica muestra de arte copto de la época cristiana, entre los años 300 y 1000 de nuestra era; mientras el segundo atesora la mayor colección mundial sobre el Antiguo Egipto. La palabra «copto» hace referencia a un idioma, al pueblo que lo habló y a una religión que designa a los cristianos de Egipto, pertenecientes a la iglesia copta.

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