Comienza mañana Cumbre de la Unión Sudamericana de Naciones en Quito, Ecuador

El cónclave coincidirá con la reasunción de Rafael Correa en la presidencia ecuatoriana

Autor:

Marina Menéndez Quintero

La joven Comunidad Sudamericana de Naciones, UNASUR, se aboca a una segunda Cumbre que debe iniciar el camino a su maduración. Quito será este lunes la sede de la cita, que coincidirá con la reinvestidura de Rafael Correa en la presidencia ecuatoriana, luego de su convincente relegitimación en abril, en la primera vuelta de unas elecciones atípicas celebradas en virtud de la también recién estrenada nueva Carta Magna.

Tal apoyo popular respalda su anunciada profundización de la Revolución Ciudadana en el mandato que se abre, y resulta entorno propicio para la asunción por ese país de la presidencia pro-témpore de UNASUR, lo que también ocurrirá en las próxi-mas horas cuando la chilena Michelle Bachelet entregue el batón a su par ecuatoriano.

Los propósitos con que el gobierno de Alianza PAIS asume el liderazgo de UNASUR y la decisión de sus colegas, augura el fortalecimiento de esa instancia que, a tenor con los trascendidos, debe institucionalizarse a partir de esta cita.

En primer lugar, ha dicho Correa, estarán la integración y el combate a la desigualdad económica y social, estampados en el acta constitutiva de la Unión en mayo del año pasado. Pero no es un mero enunciado. Se auguran acuerdos concretos que podrían hacer del conglomerado ese sujeto con voz propia —y única— que necesita Latinoamérica. Sobre todo si, como fue anunciado en vísperas de su fundación, otros países se suman.

Nunca antes las condiciones parecieron más propicias para llevar a cabo los derroteros que se propone la Unión Sudamericana de Naciones —«sin extraños», como ha dicho Correa— y, dados los cambios constatados en América Latina, tampoco la UNASUR pareció más necesaria para salvaguardarlos y, por tanto, más oportuna.

Al propósito ecuatoriano de impulsar un organismo regional de acreditación universitaria, que permita a los países del grupo la ejecución de políticas comunes en la materia, se suma el deseo —muy a tono con el momento de recuperación de sus riquezas que vive la región— de que se dote al bloque de centros regionales de arbitraje, para terminar con lo que el Presidente ecuatoriano ha llamado «la barbaridad de que cualquier transnacional pueda llevar a un Estado soberano ante un tribunal en Washington».

Pero a ello podría añadirse también el establecimiento de consejos para la cultura y la educación, el desarrollo social y la infraestructura, cuya discusión ha sido anunciada recientemente desde Brasil, y que resultarían sustanciales para sostener y salvaguardar ese camino a la soberanía emprendido por América Latina, en medio de los peligros que la acechan.

Particularmente importante pa-rece la propuesta de un Consejo de Combate al Narcotráfico, que permitiría analizar el tema junto con las cuestiones de defensa regional, según anunció el portavoz de la Presidencia brasileña, Marcelo Baumbach.

Y, toda vez que la lucha contra el tráfico ilícito de estupefacientes es una de las mamparas usadas por EE.UU. para justificar su intervencionismo en América Latina, el enfrentamiento a ese flagelo de forma conjunta desde las naciones del Sur resultaría un arma de peso contra la injerencia.

Con todo, las miradas están puestas sobre las anunciadas sesiones del Consejo de Defensa de UNASUR, primero en ver la luz y que probará sus potencialidades precisamente en Quito. Constituido apenas en diciembre pasado, podría decirse que este será su bautismo si, tal cual se ha dicho, sesiona como parte de la cita de UNASUR.

No obstante la enjundiosa agenda de la Cumbre, el acuerdo mediante el cual Colombia concede al Pentágono el uso de siete de sus bases militares, acapara la atención de los observadores, de cara al cónclave.

La convocatoria al Consejo para analizar el suceso permanecía latente el fin de semana, no obstante el interés del presidente colombiano, Álvaro Uribe, de explicar, y de aplacar las preocupaciones de sus vecinos por la cesión de los enclaves para el uso estadounidense, lo que pondrá sus radares y armas a un paso de los países latinoamericanos. Una rápida gira por Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay, Perú, Paraguay y Brasil, no logró despejar las inquietudes.

Los debates en torno al tema en la UNASUR, también la pondrán tempranamente a prueba.

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