Más pruebas demuestran participación de la ultraderecha terrorista de Miami en el asesinato de Carlos Muñiz Varela - Internacionales

Más pruebas demuestran participación de la ultraderecha terrorista de Miami en el asesinato de Carlos Muñiz Varela

«Hemos encontrado información documentada que nos da luz acerca de que el FBI sabía sobre los autores intelectuales del crimen, y no tomaron ninguna acción»,afirma Carlos Muñiz, hijo de este cubano que fuera asesinado en Puerto Rico

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Guarda borrosos recuerdos de su encuentro inicial con Cuba, cuando la familia y los compañeros de su padre lo enrolaron, muy pequeño aún, en Los Maceítos. De ese viaje tiene muy bien grabado que en la Isla de la Juventud montó a caballo por primera vez. Eran los años 80 y venía junto a los hijos de tantos jóvenes que, como su papá, habían sido llevados a Estados Unidos cuando ellos también eran muy niños. Conoce lo que fue la Operación Peter Pan.

Se parece mucho Carlos Muñiz Pérez a esa foto del rostro de su padre que tanto ha circulado después que lo asesinaron, baleado desde un auto en marcha en Puerto Rico para aterrorizar, a quienes como él, querían una relación sana con su patria. El pelo más ensortijado, pero los mismos ojos profundos de almendra bajo las cejas enarcadas, la misma barbilla afilada; tal vez un poco más rubio y alegre de lo que se aprecia a Carlos Muñiz Varela en aquel retrato casi legendario donde está un poco serio, o quizá preocupado o triste, enfundado en una chaqueta.

Sin embargo, al joven le han contado que su papá era un hombre alegre.

«Todos dicen que era un ser humano extraordinario, de una entrega muy especial; siempre con un carácter jovial, y de una inteligencia muy particular; le gustaba conversar y ser un poco abogado del diablo. Algunas de sus cosas las he heredado: me gusta también generar discusión».

Ríe. Está contento de volver a la tierra donde nació ese hombre que admira y conoce más por la memoria de otros, que por las vivencias propias. En todo caso, lo que más diáfanamente recuerda es la larguísima caravana del cortejo fúnebre que él, como cualquier pequeño de cinco años, contemplaba sorprendido cada vez que lograba sacar la cabeza por la ventanilla del auto, para tomar oxígeno.

«Era un ser que vivió muy intensamente. Lo mataron a los 26 años. A esa edad podría parecer que era muy joven, pero entonces ya tenía una familia, dos hijos, había empezado la Universidad y montado la Agencia de Viajes Varadero. ¡Había hecho tantas cosas en ese período corto de vida!

«Me parece que tenía muy claras las cosas que quería; entre ellas, la reunificación familiar de los cubanos que habían salido voluntaria o involuntariamente, y reunificar a esas familias como algo, en esencia, humano. Tengo un proyecto en mente para armar esa historia que me siguen contando, y documentarla: son los recuerdos de mi papá, pero no los quiero tener solo para mí, sino para la familia, para mis hijos».

Parte de esas memorias se las ha dado también la localidad matancera de Colón, la patria chica del padre, que Carlos hijo ha visitado con especial emoción esta vez, después del primer contacto hace 27 años con su mamá, puertorriqueña de Guaynabo, y su hermana Yamaira Muñiz, cinco años menor que él. Le emocionó volver a ver a los primos de su papá, «que son primos míos también, ¡que es la familia!».

Supo que al cumplirse 30 años del asesinato, el 28 de abril pasado, se hicieron actividades aquí y, desde luego, en Colón; pero entonces no pudo estar. Era una suerte de deuda que está saldando consigo mismo ahora, en que llega a La Habana invitado a un evento de arquitectura, su profesión.

«Me propuse que tenía que venir este año y, a nombre de la familia, agradecer todo el apoyo y todo el reconocimiento que le han hecho a mi papá, precisamente en Colón. Caminamos por el pueblo, fuimos a la casa donde él nació, donde creció y el último lugar donde vivió antes de salir de Cuba. Ahora se le colocó una tarja. Pasamos por un policlínico que lleva su nombre. Y establecimos un vínculo que por mucho tiempo no pudimos hacer, por muchas razones. No había podido volver a Cuba; ya sabes, la situación económica y de los viajes: no se nos hace fácil a nosotros poder venir con la ciudadanía norteamericana. Ahora espero restablecer ese vínculo, mantener ese nexo más cercano».

Justicia escamoteada

Pero lo importante para Carlos Muñiz Pérez, la familia y los compañeros no ha sido solo atesorar los recuerdos, sino exigir el ejercicio de una justicia robada.

«Por muchos años hemos sido consistentes en solicitar el esclarecimiento del asesinato. Es un proceso difícil; la policía de Puerto Rico formó parte de la conspiración para mantener silencio sobre el crimen.

«Pero en los últimos años ha habido un pequeño avance. Se logró recuperar los documentos del caso, que hasta ese momento estaban “extraviados”, guardados en un lugar que ningún fiscal supo encontrar dentro del mismo Departamento de Justicia de Puerto Rico, que es el que tiene todavía la jurisdicción sobre el caso. Tuvo cinco años la instancia federal (el Buró Federal de Investigaciones, FBI) para investigar, pero no acusaron a nadie; y en los últimos meses hemos encontrado información documentada que nos da luz acerca de que el FBI sabía sobre los autores intelectuales del crimen, y no tomaron ninguna acción».

Pero, además, el propio FBI reconoció el año pasado tener información, después de su largo «mutismo».

«Creemos que eso es un avance, y ahora estamos esperando que el FBI le entregue toda esa documentación al Departamento de Justicia puertorriqueño, para que este asuma la investigación con información que anteriormente no tenía. Es algo que el Estado está obligado a hacer, porque los asesinatos en Puerto Rico no prescriben. Claro, este es un proceso de 30 años, y eso lo hace más difícil. No tienen fiscales a tiempo completo ni dedican los recursos económicos y humanos para agilizar el proceso. Hemos sido nosotros quienes seguimos presionando y hemos dado información al Departamento; eso los ha obligado. Si no, habrían dejado  que el archivo se perdiera, y un poco es lo que quieren, que el caso pase al olvido».

Acaba de llegar su esposa, y el espigado joven de 35 años le lanza un saludo cariñoso, pero no se levanta del butacón, donde desata entuertos y saca a la luz revelaciones. Se reclina y toma aire cuando le pregunto por esos autores del crimen cuya identidad conoce el FBI.

«En Puerto Rico nosotros siempre habíamos mencionado la colaboración económica de Julio Labatut, de Pepe Canosa y de Waldo Pimentel,1 los tres ya murieron y ni siquiera se recopiló la información que pudieron haber dado. Los otros están en Estados Unidos, principalmente. Entre ellos, Reynold Rodríguez,2 que es una figura perteneciente a la CORU.3 En documentos hallados recientemente, Eduardo Arocena,4 que ahora está preso, confiesa a un agente del FBI que ellos dejaron que Omega 7 se atribuyera el atentado, aunque fue la CORU. Ese es un dato importante porque establece cuáles eran los vínculos, y señala directamente a Reynold Rodríguez.

«Eso ha sido lo más reciente. Al venir para acá dejé una solicitud al Secretario del Departamento de Justicia de Puerto Rico, que es un funcionario nuevo. No esperamos mucho de esta administración puertorriqueña que acaba de llegar: es anexionista, y algunos de sus miembros, del ala republicana. Pero nuestra esperanza es que con Barack Obama en la Casa Blanca pueda haber alguna presión sobre las autoridades en Puerto Rico. Y estamos sobre esa estrategia».

1 De origen cubano. Se les ha identificado como amigos del coronel de la policía puertorriqueña Alejo Maldonado. Fundadores con él, en 1972, de Los Amigos de la Democracia, grupo que operaba clandestinamente en Puerto Rico para enfrentar con la violencia a los solidarios con Cuba y a las organizaciones independentistas boricuas.

2 Documentos desclasificados recientemente, establecen que era el jefe de la CORU en Puerto Rico.  Almacenó explosivos y también armas que fueron transportadas desde Florida a la capital puertorriqueña. Jefe de Alfa 66 en Miami.

3 La mal llamada Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas a la que también pertenecían personajes como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, connotados terroristas a quienes se debe la autoría del crimen de Barbados, y de otros planificados como parte de la tenebrosa Operación Cóndor.

4 Jefe de Omega 7.

Fuentes consultadas: «El FBI y su complicidad en el encubrimiento del asesinato de Carlos Muñiz Varela» y «La conexión puertorriqueña», artículos de Raúl Álzaga Manresa, amigo y cercano compañero de luchas de Muñiz Varela.

La mano terrorista

El de Carlos Muñiz Varela fue uno entre tantos crímenes perpetrados por los terroristas y la ultraderecha de Miami. Se presume que su muerte en Puerto Rico está «emparentada » con el asesinato del joven independentista Santiago Mari Pesquera, tres años antes, también impune. Eran los tiempos en que volaba Cóndor, y la participación en esa conspiración de los terroristas reunidos en la CORU, está probada. Implicados en el asesinato de Muñiz Varela aparecen, además de Reynold Rodríguez, nombres como los de Pedro Remón (cuyo intento de asesinar a Fidel en Panamá, en el 2000, junto a Posada y otros terroristas, fue la fechoría más reciente), y el de José Dionisio Suárez, señalado como uno de los autores del atentado que mató al ex canciller chileno Orlando Letelier. Acribillado cuando se dirigía a casa de su madre, el único «delito » de Carlos Muñiz Varela fue impulsar los vínculos entre la emigración cubana y la Isla. Con Raúl Álzaga y Ricardo Fraga creó la Agencia de Viajes Varadero; también participó en la fundación de la revista Areíto y era dirigente de la Brigada Antonio Maceo.

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