Contigo en la distancia… estoy

Cientos de colaboradores cubanos celebraron el 51 aniversario de la Revolución de enero de 1959 días atrás en la ciudad de Barinas, 525 kilómetros al suroeste de Caracas

Autor:

Randy Saborit Mora

BARINAS, Venezuela — Pareciera como si la melodía del «Contigo en la distancia», de César Portillo de la Luz, estuviera en el alma de los colaboradores cubanos en Venezuela.

No existe un momento del día, parafraseando al compositor, que Miriam Matos no recuerde a su hijo de 10 años, pues a su juicio lo más difícil para ella acá ha sido la distancia, la cual intenta borrar trabajando.

«En Cuba tengo a mi familia, y a mi hijo, que extraño bastante, a quien le digo que lo quiero mucho y que se cuide, que aquí estamos», confiesa con la voz entrecortada.

Para Eida Dimas, la adaptación al nuevo país, en la semana que va a cumplir aquí, ha sido lo más complejo: «Me acuerdo de mi hija de 26 años, que es oficial del Ministerio de Interior; de mi esposo, mis padres, hermanos y tíos».

Así, con los recuerdos al hombro, también está Julie Campbell, quien es la responsable de llevar las estadísticas sobre el trabajo de Barrio Adentro Deportivo en los 12 municipios de Barinas.

«Vamos recogiendo datos sobre los cinco proyectos fundamentales que tiene Barrio Adentro: la cultura física, la terapéutica, la recreación, el ajedrez, el deporte masivo y las actividades en las escuelas», expone.

Entretanto, Dalia Martín afirma que «la población tiene mucho entusiasmo con nuestro trabajo, principalmente los abuelos y los niños cuando hacemos juegos familiares».

Celebración en el Llano

Cientos de colaboradores cubanos celebraron el 51 aniversario de la Revolución de enero de 1959 días atrás en la ciudad de Barinas, 525 kilómetros al suroeste de Caracas.

Silvio Platero, representante de la embajada de Cuba ante los estados del llano venezolano, explicó que el trabajo cohesionado entre las misiones deportiva, agroalimentaria, educativa, médica y cultural, permitió que ganaran la emulación a nivel nacional.

Durante el acto desarrollado en este territorio llanero, el secretario de la Gobernación de Barinas, Antonio Albarrán, reconoció la labor realizada por las diferentes misiones cubanas en este país, las cuales reúnen actualmente a casi 42 000 cooperantes.

El 82 por ciento de la población barinense es atendida por esas brigadas, que son la materialización de los 51 años de Revolución y del sueño latinoamericanista de José Martí, ilustró.

Por su parte, el jefe de las misiones de la Isla en Venezuela, Roberto López, ratificó el compromiso de respaldar la Revolución Bolivariana liderada por Hugo Chávez.

López subrayó la resistencia del pueblo cubano para defender las conquistas sociales alcanzadas a partir de 1959, frente a la hostilidad de sucesivas administraciones estadounidenses.

La Revolución Cubana sigue invicta luego de tantas agresiones y del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington, sentenció.

Al dirigirse a los colaboradores de la Isla, López los llamó a mantenerse firmes en su compromiso de apoyar a los venezolanos en materia de salud, educación, deporte, cultura y desarrollo agroalimentario.

Cuando las dificultades nos agobien y el camino parezca difícil, pensemos en Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, nuestros Cinco Héroes presos en cárceles estadounidenses por defender a su país del terrorismo, quienes son un ejemplo de resistencia inquebrantable, afirmó.

Por su parte, la doctora Iliovani Betancourt leyó un mensaje enviado por los colaboradores al pueblo de Cuba y a su líder histórico Comandante en Jefe Fidel Castro. En el documento, los cooperantes ratificaron la voluntad de contribuir desinteresadamente con el desarrollo social de Venezuela.

Las ideas y los principios de la Revolución jamás serán una mercancía, señalaron.

Nos la vimos fea

«DOCTORA, ¿usted se va definitivo?». La pregunta es recurrente para la médica Brisaida León cada vez que sale de vacaciones hacia su Pinar del Río. Cuando responde que regresará a Venezuela, los pacientes sienten como un alivio, porque están agradecidos de los cubanos.

Por la parroquia Pedraza la Vieja, del municipio de Ezequiel Zamora, donde hay poco más de 7 000 pacientes entre las zonas rural y urbana, anda Brisaida.

«Trabajo en consulta de lunes a sábado en las mañanas y las tardes, excepto el martes, que imparto clases en el cuarto año de la carrera de Medicina General Comunitaria. Un día de la semana lo dedicamos a la labor comunitaria, acudimos a los cerros casa por casa, teniendo en cuenta que esos pacientes no tienen el mismo acceso que los demás al ambulatorio».

La joven, graduada en 2007, es residente de primer año de Medicina General Integral.

—¿Los pacientes confían en los médicos cubanos?

—Inicialmente se sentían un poco extraños cuando nosotros los visitábamos, porque nunca habían recibido a un médico en la casa. De los cerros ya han bajado algunos, porque ni sabían que aquí en Pedraza había doctores. Hemos completado la vacunación a niños que nunca habían tenido ese servicio. También logramos operar, a través de la Misión Milagro, a personas que jamás pensaron recobrar la vista y están muy agradecidas.

—Una experiencia complicada que hayas podido sortear…

—Cuando empecé en este consultorio hace dos años no había médicos, y las condiciones de trabajo eran ínfimas. No teníamos balón de oxígeno, y tampoco el instrumental ni los medicamentos eran suficientes.

«Entonces un niño de ocho años, Adriano Márquez, llegó en la madrugada con una crisis aguda de asma y no teníamos prácticamente nada con qué trabajar. No obstante, mi esposo y yo, con el trabajo de reanimación, logramos salvarlo, porque no teníamos entonces ambulancia para trasladarlo a ningún otro puesto médico. Nos la vimos fea, pero salió».

—¿Y el niño?

—Casualmente hace 15 días Adriano tuvo un accidente al caerse de una mata de mango. En esta ocasión sí tuvimos que trasladarlo, porque sufrió un trauma de cráneo severo y perdió el conocimiento. Esa fue la segunda vez que le salvamos la vida.

Más que un albañil

Albañil, vaquero y soldador, Douglas Manuel Castellanos nunca pensó que iba a convertirse en máster en Cultura Física, y mucho menos imaginó ser el primer cubano con ese título en Barinas.

«Nunca pensé que este guajiro iba a poder ser máster; eso solo es posible gracias a la Revolución», comenta emocionado. «Vine con casi todos los módulos vencidos desde Cuba, y aquí lo que me faltaba era defender el trabajo» (…) Antes de hacerme licenciado en Cultura Física, fui albañil, y luego de seis años me hice soldador. Desde chiquito ordeño vacas. Me fui superando en la escuela por la noche para terminar el 12 grado y desde 1999 matriculé los sábados la licenciatura, que terminé en 2006.

«Me sentí muy contento con mi oponente, Gilberto Herrera, porque con sus nueve preguntas me hizo pensar y sudar también», precisa sonriente, recreándose en el buen remate que le ha valido este tanto del triunfo, anotado ante un «rival» que lo llena de orgullo por sus logros deportivos: Herrera fue bronce olímpico, campeón mundial en voleibol y es Doctor en Ciencias.

«Uno de los anhelos más grandes que tengo es hacer un libro sobre los paralímpicos, para referirme a aquellos discapacitados que han dado lo mejor de sí en el deporte», precisa.

Con 41 años, relata que mientras estudiaba Cultura Física se insertó en la enseñanza especial como entrenador de discapacitados. «En los siete años que estuve como comisionado provincial de voleibol en Santiago de Cuba, obtuvimos el primer lugar a nivel nacional en cinco ocasiones».

Por otra parte, los cinco meses que Douglas Castellanos lleva en Venezuela le han dado continuidad a un trabajo que se hace con mucho amor al prójimo. «Atiendo el baloncesto en silla de ruedas por la tarde y el go ball de los ciegos por las mañanas, de 9:00 a.m. a 11:00 a.m.

«Es bueno decir que no había deportes para discapacitados aquí en Barinas. Comencé con cinco alumnos en baloncesto en sillas de ruedas, y ahora tengo 16, mientras en el caso del go ball para ciegos hay nueve muchachos de tres que tenía al comienzo.

«La voz de Cuba se va dispersando por los barrios por la calidad del deporte nuestro», indica.

Douglas, quien aún ordeña vacas en su casa de El Caney, en Santiago de Cuba, y que mantiene el hábito de levantarse a las 4:00 a.m., da pie a la broma de sus compañeros en Venezuela: «¡Todavía es temprano, guajiro!».

* Periodista de Prensa Latina

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