Otros colaboradores cubanos apoyan a nuestros médicos en Haití

El personal cubano de la salud labora diariamente durante más de 18 horas brindándole atención a las víctimas del terremoto

Autor:

Raymundo Gómez Navia

PUERTO PRÍNCIPE, enero 16.— El doctor Carlos Alberto García, coordinador de la cooperación médica cubana en Haití, informó este sábado que el personal cubano de la Salud labora sin cesar en varios centros hospitalarios en esta capital, luego de la crítica situación creada por el sismo.

Los galenos, enfermeras y demás trabajadores de la Salud, con el apoyo de los colaboradores de la Pesca y otras ramas trabajan día y noche, y los equipos de cirugía laboran más de 18 horas en una situación muy compleja, para atender al pueblo haitiano.

Un grupo importante despliega su actividad en los departamentos cercanos (Aquin, Okay y otros), pues la demanda sobrepasa los servicios que hasta ahora se brindan.

La heroicidad con que labora el personal cubano es impresionante, como también los trágicos testimonios de cuanto ocurre en las calles de esta capital, como el de un niño que llegó al Hospital Universitario rescatado por las brigadas de salvamento después de permanecer tres días bajo los escombros.

El menor, nombrado Nixon, y a quien los especialistas cubanos brindan toda su atención para mantenerlo con vida, sobrevivió al derrumbe de su vivienda gracias a la acción protectora de su padre, quien se tendió encima de él y amainó con su cuerpo el impacto de la mole de bloques y cemento, hasta morir.

También se informó que se han incorporado médicos haitianos, y otros de la cooperación española y chilena, quienes han solicitado trabajar junto con los cubanos, mientras que algunos aseguramientos se han recepcionado y se esperaba un segundo envío procedente de Cuba.

La situación en la capital es sumamente crítica, y al tétrico panorama de los derrumbes se suman los centenares de cadáveres que permanecen insepultos en las calles o bajo los escombros, lo cual —según el doctor García— puede complicar la situación epidemiológica.

Contra todas las contingencias

«A las seis de la tarde del martes funesto ya estaban repletos de heridos estos portales», narra el doctor Gonzalo Estévez Torres, epidemiólogo y segundo responsable de la Brigada Médica cubana.

«Trabajamos en condiciones extremadamente difíciles. Fíjate en que este lugar no es un hospital ni una instalación médica, sino alojamientos y locales de la Misión médica cubana, ubicada a escasos metros del derruido Palacio de Gobierno.

«Terminamos de montar la tercera tienda de campaña alrededor de las cinco de la mañana del miércoles; así fue como pudimos instalar un salón de operaciones emergente en una de ellas, y a esa altura atender a más de 400 personas».

Resulta difícil sobreponerse ante tan dantesco panorama; aun así el doctor Estévez Torres explica cómo tras el sismo, siguió el momento conocido como Síndrome de la inactividad o de la desorientación, en que las personas son incapaces de hacer algo por ellas mismas o por los demás, aunque siempre hay sus excepciones.

«Después viene una fase de autoprotección, en que los individuos buscan atenderse ellos mismos, mejorar su status y resolver sus problemas. Luego es que el ser humano alcanza cierta capacidad de ayudar a los demás, que es lo necesario, lo que provocará el cambio.

«Hasta tanto la población no se percate que debe empezar, por ejemplo, a quitar escombros u ordenar el medio donde está viviendo —agrega— no habrá rebasado las consecuencias del terremoto.

«Para este pueblo, carente de recursos y con una pobreza extrema, ese período podría ser largo», vaticinó.

«Ese es uno de los aspectos que nos proponemos trabajar con mayor énfasis entre los alumnos haitianos de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), quienes seguramente atenderán los numerosos puntos de concentración poblacional y, por tanto, deberán persuadir a los pacientes de cómo enfrentar el problema —por demás, difícil en extremo— que tienen por delante».

Miembros de un equipo europeo de rescate realizaban sus operaciones de búsqueda en una edificación derruida. Operadores de sonido rastreaban con sus equipos el lugar donde un perro marcaba la presencia humana debajo de los escombros. En la acera de enfrente, medio centenar de personas miraban, aturdidas aún, la escena... Son como «zombies» a lo que se les pide esclarecer la búsqueda.

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