Pueblo haitiano renuente a morir - Internacionales

Pueblo haitiano renuente a morir

Varios analistas afirmaron luego del terremoto que Haití había dejado de existir, que la tierra se tragó el país, sin embargo, vasta un recorrido por el corazón de Puerto Príncipe y sus áreas periféricas para constatar la capacidad de levantarse de ese pueblo

Autor:

Juventud Rebelde

Casi tres semanas después del sismo que destrozó esta capital y otras ciudades, los haitianos dan nuevas muestras de su afán por sobrevivir, pese a que si algo abunda aquí, son las adversidades, según PL.

No pocos analistas y periodistas foráneos llegaron a afirmar luego del terremoto que Haití había dejado de existir, que la tierra se tragó el país, sin embargo, vasta un recorrido por el corazón de Puerto Príncipe y sus áreas periféricas para constatar la capacidad de levantarse de este pueblo, renuente a morir.

El efecto psicológico que dejó de herencia el movimiento tectónico sigue con vida, y son muchos quienes cuentan hasta tres antes de entrar nuevamente a una oficina con techo de concreto o dormir bajo una placa, pero una mayoría sale día a día a las calles para encarar el futuro, ante una ciudad en ruinas.

Radio Super Star reitera su llamado a los ciudadanos que aún no se incorporaron a sus trabajos para que retornen, y con su desempeño ayuden poco a poco a ir sacando a la nación del desastre.

Si bien Puerto Príncipe sigue siendo una cordillera de escombros en las zonas más afectadas, los restos de varias edificaciones ya fueron evacuados, particularmente los de algunas instituciones del Estado con las cuales el efecto demoledor del terremoto fue muy severo.

Los pedazos en que quedó convertida la cancillería ya emigraron del lugar, y el área quedó despejada para levantar un nuevo edificio cuando las condiciones financieras lo permitan, mientras tanto los diplomáticos siguen laborando en condiciones de campaña.

Excavadoras y cargadores se hacen cargo de los residuos del Palacio de Justicia y dependencias gubernamentales desechas.

Durante el fin de semana, en varios puntos de la capital y localidades aledañas, grupos de vecinos escoba en mano procuraban cambiar en lo posible el escenario de calamidades que les rodea.

«Es algo nunca visto aquí», comentó a Prensa Latina un extranjero que lleva varios años residiendo en el país, quien quedó sorprendido con el espíritu de cooperación observado en la avenida principal de Carrefour.

En los 600 parques y plazas capitalinos convertidos en anárquicos asentamientos humanos, donde las necesidades se hacían bajo la primera sombra, fueron situados servicios sanitarios, y se regularizan el abastecimiento de agua y la recogida de basura.

Las familias que allí habitan están siendo censadas por las autoridades, que prevén en el menor plazo posible su traslado hacia las afueras de la ciudad, a campamentos con condiciones decorosas.

El sábado, quedó lista la Comunidad Simón Bolívar en la localidad de Leoganne, un proyecto encarado por Venezuela con el apoyo de otros países de la Alianza Bolivariana de para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Unas dos mil personas recibieron cobija en el campamento, donde tienen garantizada agua, comida y atención médica, y se dan los primeros pasos para asegurar su educación y recreación, entre otros beneficios.

Otras dos comunidades similares ya están planificadas por el ALBA en ese entorno.

Pese a esas gratas noticias, el caos sigue reinando en una buena parte de las ayudas que son distribuidas en puntos de Puerto Príncipe, donde la inequidad genera desalientos.

Por otra parte, las autoridades haitianas tratan de poner freno al germinante tráfico de niños, para lo cual intentan localizar y registrar los pequeños huérfanos y desplazados.

De acuerdo con el primer ministro Jean-Max Bellerive, es éste uno de los problemas más delicados, ya que se están dando casos de personas que van a los barrios más afectados y recogen a los pequeños.

Radio Métropole citó declaraciones de la directora regional del centro de acogida de la ONG SOS Children's Village, quien afirmó que los 33 menores de entre dos meses y 12 años de edad que iban a ser sacados ilegalmente de Haití como huérfanos por un grupo de estadounidenses tenían en realidad familiares vivos.

Los 10 norteamericanos fueron detenidos el viernes en Malpasse, el principal paso fronterizo entre Haití y República Dominicana, cuando las autoridades inspeccionaron el vehículo donde viajaban y descubrieron a los niños.

Los detenidos, cinco hombres y cinco mujeres aseguran que pertenecen a una organización caritativa vinculada a una iglesia bautista de Idaho.

Todos están a disposición de los tribunales, ya que carecían de documentos que justificaran la adopción y demostraran que los infantes perdieron sus padres.

El gobierno, en un intento por regularizar en cierta medida la situación de los niños, anunció que este lunes comenzarían las clases, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de las escuelas públicas quedaron destruidas

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