Un sueño vivo

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

La construcción de una nueva Sudáfrica sigue siendo el punto principal de una agenda aún por resolver de la democracia multirracial instaurada en 1994 con la derrota del apartheid. A pesar de enfrentarse a un decrecimiento en su economía en 2009, el gubernamental Congreso Nacional Africano (ANC) sigue enfrascado en devolverle al pueblo la dignidad y desterrar los rezagos del régimen segregacionista.

En un año que marca el aniversario 20 de la excarcelación de Nelson Mandela, muchos son los retos de un país que sigue la inspiración de ese incansable luchador por la igualdad y la justicia social. Recientemente, Jacob Zuma, actual mandatario de la democracia sudafricana, recalcó en su discurso sobre el Estado de la Nación ante el Parlamento las prioridades de su Gobierno: empleo, educación, salud, agua, electricidad, la lucha contra la delincuencia y un mayor enfoque en el desarrollo rural.

Así, pone un freno a la oposición y a cierta prensa que no ha dejado de despotricar contra su administración y el ANC, acusándolos de «acordarse» de estas promesas solo en tiempos de elecciones.

El 2009 fue un año muy difícil para la primera economía del continente africano. La producción minera (oro, platino y diamantes), una de las vigas fundamentales de esa economía que fue expansiva durante muchos años, cayó estrepitosamente. Hoy, el único sector que sigue reportando ganancias es la construcción de infraestructuras —hoteles e instalaciones deportivas fundamentalmente— de cara a la celebración del Mundial de Fútbol que se celebrará este año. Según los cálculos del Ministerio de Finanzas, solo ese sector aportará el 0,5 por ciento de los 2,3 puntos porcentuales del crecimiento calculado para 2010.

La crisis económica mundial le ha costado caro a Sudáfrica, que sufrió su primera recesión en 17 años, y unas 900 000 personas, principalmente cabezas de familias pobres, perdieron sus puestos de trabajo. Este es un tema bastante sensible para uno de los países con mayores tasas de desempleo —25 por ciento de la población económicamente activa—, agravado hoy por la debacle del sistema capitalista.

A un país en condición de subdesarrollo, y tremendamente conectado con un mundo neoliberal globalizado en crisis, no le es fácil salir del pantano de la noche a la mañana. El incipiente crecimiento económico vaticinado para el año fiscal 2010-2011 no se traducirá en la erradicación inmediata del desempleo; la solución de este problema seguirá siendo a mediano plazo. Por ejemplo, se espera que con la inyección de más de 11 000 millones de dólares en los próximos tres años para la creación de infraestructuras, se generen 4,5 millones de puestos, pero estos serán temporales, por lo que aún muchos tendrán que seguir esperando la gran oportunidad que les garantice la tranquilidad de sus familias.

En su constante lucha por reducir la pobreza, Sudáfrica también dará especial atención a los jóvenes que culminaron sus estudios en la secundaria y no tienen posibilidades de conseguir un trabajo. Por ello, el Gobierno subsidiará por dos años el empleo de unos 800 000 egresados sin experiencia laboral, mediante el reembolso de impuestos a empleadores.

Tampoco se detendrán las políticas sociales encaminadas a garantizar un mayor acceso a la salud y la educación, sectores que contarán con una mayor asignación del presupuesto. El programa nacional de prevención y tratamiento del VIH contará con unos 3 000 millones de rands adicionales a los 5,4 millones proveídos en octubre de 2009. Ello permitirá que la cifra de 920 000 personas que reciben gratuitamente tratamiento antirretroviral ascienda a los 2,1 millones en 2012. Son pequeños pasos que apuntan a un sueño mayor: el derecho universal a la salud, por el que tanto luchan las alianzas progresistas sudafricanas.

Esa es una prueba de que no hay retorno y de que el derrotero iniciado en 1994 con Mandela sigue siendo la brújula de este pueblo.

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