Celebra Vietnam inicio de nuevo año lunar

Una de las tradiciones más sui géneris es la Feria de paja seca de arroz, la cual se efectúa  en el municipio Thanh Luang, de la central provincia de Nghe An, tierra natal de Ho Chi Minh

Autores:

Nyliam Vázquez García
Lien Hoang Thi

El pasado 14 de febrero inició el nuevo año lunar. Los países que se rigen por este calendario lo celebran, cada uno con sus particularidades. Como en Occidente, esta es la fiesta más importante del ciclo. La reunión familiar y los encuentros son motivos constantes de alegría. En Vietnam, el Tet —nuevo año lunar— está conformado por múltiples tradiciones, algunas muy sugerentes y útiles.

Los primeros días de celebración se amenizan con mercadillos o ferias que, según la  región del país, tienen características especiales. La Feria de paja seca de arroz es una de las más sui géneris. Única de su tipo, se efectúa el cuarto día del primer mes lunar —esta vez tuvo lugar el pasado 17 de febrero— en el municipio Thanh Luang, de la central provincia de Nghe An, tierra natal de Ho Chi Minh.

Podría pensarse que se trata solo de vender y comprar paja seca de arroz, utilizada por los campesinos vietnamitas para alimentar al ganado en tiempos de sequía. A fin de cuentas, solo la zona del Mekong genera el 58 por ciento de la producción mundial del grano y Vietnam es uno de los mayores exportadores. Sin embargo, es mucho más...

Antiguamente la paja seca de arroz también se usaba cotidianamente para cocinar, para colocarla en el techo de las casas, e incluso mezclada con barro, para hacer las paredes de las chozas campesinas. Habrá quienes la usen todavía, pero afortunadamente, el gobierno vietnamita ha avanzado mucho en mejorar el nivel de vida en el campo. Hoy esta feria combina su utilidad con las nostalgias del pasado y la frescura de los encuentros que allí tienen lugar. Pasear, conocerse, saludarse y desearse un próspero año nuevo es también parte de la tradición.

Entre las montañas de paja seca de arroz, el evento también promueve la calidad de un producto que parecería destinado a ser basura inservible, pero no. Los animales agradecerán las condiciones de su alimento. Así que los vendedores se afanan por tener la mejor paja de arroz. Esta será fácilmente reconocible por un llamativo color amarillo, por su buen olor y porque brille, lo cual, según los que saben, significa que esta ha absorbido suficiente sol durante la cosecha.

Es costumbre que los mercados rurales inicien bien temprano. En esta singular muestra, no solo los vendedores madrugan para ser los primeros expositores: los compradores también intentan ser los más puntuales para escoger los mejores manojos de paja seca de arroz. Se regodean catándolos. En su mayor parte la mercancía llega hasta ese sitio, trasladada por sus dueños en bicicleta —el modo más usual— en motos y hasta en camiones.

Los visitantes llegan desde diferentes puntos del municipio. Cada cual le agrega un nuevo significado a la reunión en la explanada, rodeados de las luminiscencias de la paja seca de arroz. Unos hacen propuestas de precios, otros regatean para rebajarlo, los niños corren de un lado a otro, juegan a los escondidos y los jóvenes tal vez aprovechen la ocasión para encuentros furtivos.

En esta ocasión intercambiaron buenos deseos para este Año del Tigre, animal que regirá los destinos en los próximos 12 meses, según el horóscopo chino. La convivencia armoniosa entre el interés lucrativo y utilitario, adereza la fiesta. Es año nuevo y los actos cotidianos son asaltados por los deseos de tiempos mejores.

Suele ocurrir que los vendedores del producto regresan al final del día muy contentos, luego de liquidar toda su mercancía. Sus hijos tendrán nuevos materiales escolares y por eso los pequeños saltan de alegría. Quienes compraron, tienen garantizado el alimento de su ganado con muy buena calidad. Se quitan el típico sombrero en forma de cono, respiran aliviados. Tal vez alguna muchacha suspirará luego del guiño cómplice lanzado al vuelo por el vendedor.

Ahora deberán esperar al último día del mes de diciembre lunar para repetir la experiencia. Solo dos veces al año tiene lugar este evento. Hasta entonces esperarán ansiosos un nuevo día de Feria para echar a andar sus bicicletas cargadas de paja seca de arroz, para encontrarse, compartir, pasear; los niños para corretear y jugar a los escondidos; los jóvenes para volver a suspirar. El ritual se iniciará invariablemente antes del alba.

* Periodista vietnamita graduada en la Universidad de La Habana

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