Auguran crecimiento económico para América Latina en 2010

El análisis de la situación de Latinoamérica tras la crisis global marcó los debates este miércoles en el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, que se celebra en La Habana

Autores:

Jorge L. Rodríguez González
Marina Menéndez Quintero

Aunque, como resultado de la crisis mundial, América Latina ganó nueve millones de pobres entre 2008 y 2009 mientras veía caer las inversiones, la entrada de remesas, los precios de sus productos básicos, la demanda externa y, por tanto, su Producto Interno Bruto —según asevera la CEPAL—, otros expertos consideran que aún así fue más «resistente» que otras regiones a la hecatombe, y auguran que en 2010 experimentará un crecimiento de entre un tres y casi un cuatro por ciento. Se recuperará.

Tales afirmaciones dieron cuerpo a uno de los debates más interesantes y dinámicos del miércoles en el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, cuyos numerosos paneles y comisiones de la jornada, estuvieron mayormente dedicados a esta parte del mundo.

Entre los expertos participó Andy Wolfe, ex representante del FMI en naciones como Uruguay, Paraguay y Argentina y actual consejero para el Hemisferio Occidental quien, en sentido general, manifestó que son las economías denominadas «emergentes» las que mejor se están recuperando de la crisis, mientras las desarrolladas lo hacen más lentamente, por lo que externó sus dudas sobre si se está saliendo del hueco o no. ¿Vamos a seguir creciendo o habrá otra recesión?, se preguntó. Pero también dio buena nota a Latinoamérica y el Caribe al calificar de «más suave» la caída experimentada por ella esta vez, en comparación con otras etapas críticas.

Más allá de lo que alguien calificó como esas «cuentas alegres», algunos consideraron importante la necesidad de políticas sociales sustentadas en el crecimiento económico que sean el centro del desarrollo humano, condición indispensable para llegar a la cohesión social que se precisa en las condiciones imperantes de desigualdad. En ese rumbo se pronunció la especialista cubana Oneyda Álvarez, del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional de la Universidad de La Habana, quien alertó que el desarrollo endógeno es la clave.

De lleno en material política, el prestigioso economista chileno Jaime Estay estimó, sin embargo, que lo hace relevante a la región son los procesos de cambio que tienen lugar en ella durante el último decenio; ahora, en un contexto de más heterogeneidad donde, junto a esos, se observa la recomposición de proyectos que apuntan a una vuelta del modelo neoliberal. La heterogeneidad mantendrá a América Latina en el centro de la mirada de muchos, pronosticó, en tanto otros valoraban la prevaleciente voluntad regional de buscar la unidad en medio de las diferencias.

Integración, el camino

La defensa de la integración del Sur como alternativa para hacer frente a la crisis y a la hegemonía de Estados Unidos y Europa fue, precisamente, el derrotero marcado también por otros ponentes, quienes señalaron la importancia de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) para cortar el cordón que todavía maniata a nuestros pueblos a los centros de poder.

En tal sentido, hubo llamados a que otras naciones del Caribe se incorporen a esa iniciativa, y fortalecer sus relaciones con el Sur. Esta región tiene que llenarse de voluntad política, analizar que son economías desestructuradas, y que la propuesta del ALBA es mucho más favorable que lo que ofrecen los acuerdos con la Unión Europea, se apuntó.

En esa misma línea, el ALBA y el SUCRE (Sistema Único de Compensación Regional) fueron citadas como medidas viables, que limitan el poder hegemónico de Washington y el Viejo Continente.

En cuanto a Centroamérica, el costarricense Jorge Coronado indicó como una debilidad la inexistencia de una propuesta de diversificación del comercio exterior en el istmo, y puso el ejemplo de Nicaragua y Honduras, como naciones que se acercaron al ALBA. Ello le permitió a Honduras impulsar medidas como el aumento del salario mínimo y un fuerte programa de asistencia social que benefició a los sectores más humildes, por lo que provocó la respuesta político-militar de la oligarquía nacional conectada con la derecha regional: el golpe de Estado en junio de 2009, recordó.

Desde su experiencia como luchador social contra los TLC,  Coronado también apuntó las fatales consecuencias que dejó en la zona la adopción de políticas neoliberales como la desregulación total, la privatización de los activos estatales (Banca, telefonía, energía eléctrica y seguros, por ejemplo), la «austeridad» presupuestaria, y el abandono de la producción nacional de alimentos. Hoy, Centroamérica, que era una gran productora de maíz, depende de las importaciones de las mazorcas estadounidenses.

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