Jorge Coronado: Solo nos pusimos a la orden

No es agua pasada: la red tejida por los movimientos centroamericanos en apoyo a la Resistencia en Honduras, demostró cuánto puede el campo popular

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Aunque el ejecutivo de Porfirio Lobo haya recibido ya los parabienes de algunos de sus vecinos istmeños —a propósito, casualmente, de la visita de Hillary Clinton—, y esté maduro el visto bueno de una Unión Europea, impaciente por su acuerdo de libre comercio —¡ellos también!— con Centroamérica, nada de lo que ha ocurrido en los últimos ocho meses en Honduras es agua pasada. Ni la usurpación —que algunos piensan puede reeditarse en otras naciones— ni el crisol de organizaciones populares que por primera vez se articuló como un cuerpo en pos de una demanda política.

El costarricense Jorge Coronado estuvo entre esos líderes de base enlazados con los hondureños. Si el surgimiento y la beligerancia pacífica del Frente de Resistencia cambiaron hasta hoy el mapa político-social en Honduras, aquel arco centroamericano de voluntades solidarias también marcó un hito. Diez años de lucha antineoliberal en las calles ya habían conformado el Foro Social Continental y el Mesoamericano, Vía Campesina… Ahora tomaron puertos, cortaron caminos y cerraron las fronteras, dando respaldo y respiro a las huestes populares hondureñas que, adentro, se movilizaban día a día.

Estando por medio el apoyo al golpe de la derecha regional encabezada por los sectores reaccionarios de EE.UU., resulta entendible que los cortes de ruta no fueran suficientes para asfixiar al régimen de Micheletti. Pero causaron daño suficiente como para que rabiara la gran y mediana burguesía de sus naciones y de la misma Honduras, donde algunas de las familias «dueñas» del país llegaron a asustarse y exigieron, en su momento, el levantamiento del estado de sitio impuesto por los gorilas.

El teléfono, el correo electrónico, la entrada subrepticia a Honduras en los primeros momentos, fueron algunas de las maneras para articular a sindicalistas y activistas sociales salvadoreños, guatemaltecos y costarricenses, sin necesidad de jefes ni consejos directivos. «Del lado centroamericano, todo horizontal», recuerda Coronado, mientras en Honduras marcaba la pauta una dirección «que tampoco era vertical, porque la Resistencia hondureña fue tejiendo y construyendo, igualmente, una organicidad que no existía, y eso permitió mucha conducción horizontalmente».

Pero no fue algo que se alcanzara de modo espontáneo. «Sin dudas, el golpe nos permitió consolidar una unidad políticamente más orgánica. Hubo una coordinación clara en defensa de las líneas trazadas en la agenda del movimiento popular hondureño, vinculada con las posturas de Manuel Zelaya. Con él y los miembros de su gobierno, tuvimos mucha relación. Lo interesante, precisamente, es que el Frente, un movimiento popular, se conduce con una agenda política».

Tampoco todo fue movilización. «Organizamos delegaciones de la Resistencia a toda Centroamérica para que explicaran; para que sumaran. Por asuntos de seguridad, las delegaciones que enviamos a Honduras a una semana del golpe eran pequeñas. Se organizaron cinco misiones para recopilar y sistematizar todas las violaciones a los derechos humanos, y luego hicimos otras». Uno de los lugares que ayudó como base fue el territorio nicaragüense; también fue positivo que «las embajadas hondureñas en nuestros países se hayan mantenido fieles a Zelaya».

Entre las jornadas más hermosas, el joven tico recuerda la llegada a San José de los representantes de la Resistencia que acompañaron al Presidente en el diálogo con los golpistas. No solo les dieron apoyo moral con la bienvenida. Ayudaron en la logística y en su seguridad.

Pero Coronado, a quien descubrí en el reciente Foro sobre Globalización de La Habana, mira los hechos con modestia y solo habla de estos porque se lo pide JR.

«Lo único que teníamos que hacer era preguntarles a los hermanos hondureños qué necesitaban. Nosotros solo nos pusimos a las órdenes… Ahora lo importante es denunciar la continuación del golpe».

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