Con los andadores del amor en Yaracuy

La Misión José Gregorio Hernández, en una jornada socialista bolivariana, tiende la mano amiga en un barrio del municipio de Independencia

Autor:

Juana Carrasco Martín

YARACUY, Venezuela.— En el portal de la familia Espinosa, que ha abierto generosamente las puertas de su casa a esta jornada de la Misión José Gregorio Hernández, la doctora Tamara Ochoa García sonríe y multiplica juventud rodeada de los muchachos del Frente Francisco de Miranda y de la UNEFA, que escuchan atentos consejos e instrucciones.

—Vamos a visitar a Julia Bastidas, una señora de 63 años, obesa, lo que agrava su dificultad, sinovitis en ambas rodillas. Lleva muchos años con este padecimiento y requiere de un andador y la va a recibir—, dice al grupo.

Desde bien temprano en la mañana de este sábado caluroso, la comunidad se ha desplegado en una acción en que hay de todo: Mercal (venta de alimentos básicos a precios solidarios, como gustan decir aquí), higienización ambiental, pesquisas médicas preventivas, charlas de salud, y atención casa por casa a las personas con discapacidades, entre otras acciones de beneficio popular.

Apenas un almuerzo frugal en cajita cuando ya son casi las tres de la tarde y salen para lo que creen es la última acción del día, en la casa de la Familia Suárez-Bastidas, como reza un cartel sobre el dintel de la puerta, cuando una mujer, angustiada y confiada a la vez, los aborda...

—¿Doctora, ustedes son de la José Gregorio?—, y apenas escucha el sí enfático continúa sin respiro: «Mi hijo tuvo un accidente, anda con muletas; pero le rozan y molestan, me dijeron que le consiguiera un bastón, ¿ustedes pueden ayudarme?».

La sonrisa de la Máster en Asesoramiento genético es muestra de la proverbial simpatía de su natal Santiago de Cuba: «Ahorita vamos a entregar unos artículos. Díganos su dirección, que luego vamos a verla».

Giomar Colina, que lleva orgulloso el pulóver rojo con un Chávez de puño en alto que lo identifica como miembro del Frente Francisco de Miranda, carga con el andador y ya la planta presuroso ante Julia, quien llora de la emoción y dice estar «feliz, muy feliz», mientras su esposo Ramón Suárez no deja de decir «gracias a todos, Dios los proteja. A todos muy agradecidos. No se pierdan del mapa, aquí tienen su casa».

El artículo que servirá de sostén a Julia, no es el único entregado en esta vivienda. Yamilí Suárez perdió la visión hace poco y recibe el bastón de rastreo, y las instrucciones precisas de adónde debe ir para aprender su uso adecuado, y también otras habilidades que no solo le harán más llevadera su ceguera, también la ayudarán a comprender que la vida sigue siendo útil.

Cumplida esa labor del día, la doctora Tamara y los muchachos llegaron a la casa de Anelisa Guedes para ver a su hijo, Christian Santana, de 11 años, en quien es bien visible la deformación de su pierna izquierda y las cicatrices de dos operaciones, tras una fractura en un accidente de tránsito que lo llevó, incluso, a permanecer en silla de ruedas.

Ya el grupo de la José Gregorio trae el bastón solicitado. Los datos recogidos prontamente asegurarán el artículo conveniente, pero la médica hace su valoración: «Mamá, no es conveniente todavía que utilice el bastón, debe continuar con las muletas, pero las adecuadas a su altura, así que también se las traeremos. Y tú —dice dirigiéndose a Christian, a quien todavía no se le quita la timidez— debes bajar un poquito de peso, eso te ayudará en la recuperación. No te preocupes que pronto estarás pateando la pelota de fútbol».

Tras los pasos de un médico santo

«Es emocionante cuando llegamos a un hogar y extendemos así el trabajo de salud en un movimiento que es de todos, porque toda la comunidad se mueve. Y no hay nada más hermoso que ver la alegría en los rostros cuando entregamos una silla de ruedas a un niño que desde que nació se arrastraba», explica la asesora en el estado de Yaracuy, quien no deja nunca de asistir a estas jornadas socialistas bolivarianas.

Ha recorrido bastante desde que inició su labor por el estado de Zulia. «Cruzamos caminos o navegamos en lancha o canoa en un Apure inundado; o pasamos diez días en Amazonas, viajando a veces en helicóptero porque no había otra forma de llegar a lugares inhóspitos.

«Yaracuy no tiene esa geografía tan contrastante, aunque también existen zonas montañosas; y hoy estamos en Independencia, un municipio céntrico, que tiene áreas rurales y, por supuesto, personas necesitadas.

«Nos hemos encontrado con enfermedades raras, difíciles de detectar o encontrar; también con enfermedades auditivas de índole genética, por consanguinidad, aunque la mayoría son discapacidades físico-motoras por lesiones luego del nacimiento.

«Ya tenemos 5 000 nuevos casos identificados, así que debemos estar atendiendo entre 13 000 y 15 000 discapacitados, y aquí es más alta la tasa de las causales genéticas y las estamos estudiando.

«Nuestra labor es de asesoramiento, y trabajamos fundamentalmente con jóvenes del Frente Francisco de Miranda, muchachos en su mayoría de origen muy humilde y que sobre la marcha han ido aprendiendo cuál es la problemática social de su propio pueblo, han crecido y se han formado en esta tarea de ayudar a quien más lo necesita».

La larga explicación de la doctora Tamara Ochoa García adelanta las impresiones de algunos de estos jóvenes.

Giomar Colina atiende un proyecto medular de la Misión: la incorporación a la sociedad de estas personas con discapacidades. Habla del proceso de cedulación, que es su reconocimiento primero como ciudadanos. «Había personas de hasta 70 años que nunca habían tenido una cédula que les identificara. Era como si no existieran», advierte.

«No solo es ayudarlos en la alimentación y en la medicina, sino también en el trabajo, para que accedan aquellos que pueden ser productivos a la sociedad; en el estudio, y sobre todo a los niños. Mira, yo antes no hacía nada», dice este joven, salvado él mismo del ocio y quién sabe de qué malos pasos.

Xiomara Espinosa tiene poco tiempo en este trabajo social, «en esta parte humana de trabajar con las personas con discapacidad, y he tenido que aprender cómo atenderlas, la manera de hablarles.

«Llevando el proyecto de educación me he sentido enamorada de la tarea. Hay que hacer comprender que también tiene que involucrarse la familia. Yo misma estoy en proceso de adaptación, y aprendo con muchas ganas.

«Me impresionó mucho el caso de una persona con elefantiasis porque tiene la misma edad que yo, 22 años. Se me aguaron los ojos y me salí de allí, pero regresé... para decirle que tiene una mano amiga».

Idelfonso León cursa ya el 6to. semestre de Administración en la filial de la Universidad Técnica Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA) y participaba de la jornada como otros estudiantes de ese centro, en el barrio de Canaima 2. Trabaja en Ciencia y Tecnología, en un programa que se llama Fábrica Adentro, en el que se aborda el viejo aparato industrial y se levanta el nuevo, con una visión socialista.

Hay un plan de crear 200 fábricas socialistas, nos explica, y dice que en Independencia está la fábrica de refrigeración, de capital y tecnología argentino-venezolana.

«Las personas con discapacidad también tienen su lugar en estas fábricas; dan el todo por el todo, y a veces dan más que quienes tienen todas sus partes completas», reflexiona, y añade que, cuando conocieron a la doctora Tamara, «ella nos puso el tema de la discapacidad sobre la mesa: que nadie les tendía una mano a esas personas. Ahorita venimos a darle esa justicia».

El casa-casa

Julia, Yamilí y Christian no son casos aislados. La Misión José Gregorio Hernández nació el 15 de marzo de 2008, impulsada por la Revolución Bolivariana, para atender a toda la población con algún tipo de discapacidad o enfermedad genética, y ha visitado cientos de miles de casas.

El primer estudio sicosocial, pedagógico y clínico genético trajo un número sustancial de beneficiados: 338 548, traducido en nombres y apellidos precisos, seres tangibles que han visto el mejoramiento de su calidad de vida y la de su familia, y sobre todo han comprobado que ya no son olvidados ni excluidos, porque no solo se trata de entregar enseres, insumos, prótesis y ayuda técnica, es incluirlos en la sociedad mediante el trabajo y el estudio, es darle atención a quienes permanecen de por vida en cama.

Consultas de asesoramiento genético e interconsultas de genética clínica y de otras especialidades médicas, constituyen también parte importante de las tareas que asume la Misión José Gregorio.

Esta experiencia única en el mundo, tan enriquecedora para los que reciben la ayuda como para quienes extienden la mano amiga y solidaria, a partir del 15 de marzo de este año encamina sus pasos a una segunda etapa: el Casa-Casa, para revisar cómo andan las personas ya atendidas, conocer cómo se encuentran, las nuevas necesidades, y asegurarse de que no deje de llegar el sostén hermano en los 3 600 consejos comunales de 325 municipios venezolanos.

Por miles irán tocando cada puerta los andadores del amor de la Misión José Gregorio Hernández. En Yaracuy, la doctora Tamara, Giomar, Xiomara e Idelfonso estarán repartiendo sonrisas y también compartirán lágrimas de dolor o felicidad, pero siempre habrá agradecimiento a la vida y a una Revolución Bolivariana que cuenta con ellos.

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