La revancha del clima

El daño ambiental causado por el uso de fuentes de energía, repercutirá irónicamente en la producción de esta

Autores:

Luis Luque Álvarez
Dora Pérez Sáez

La emisión de gases contaminantes en la generación de energía tiene patas arriba al clima planetario, y es cosa sobre la que nadie duda. Sin embargo, otro punto, y curioso, es que el cambio climático también afectará —¡ya afecta!— a la producción de energía.

La doctora Judith Cherni, docente del Imperial College de Londres, quien presentó una interesante ponencia en el reciente Encuentro Internacional Globalización y Problemas del Desarrollo, ha investigado el asunto: «El cambio climático afecta, por ejemplo, los cursos del agua. Mucha de la energía producida en los países del Sur proviene de hidroeléctricas. En la medida en que hay suficiente agua, no hay problema, pero por la alteración del clima, cambian los regímenes de lluvia y el flujo de los ríos.

«Otro aspecto: los huracanes. Se pronostican más, y más intensos, por el ascenso de las temperaturas del mar. Entonces los vientos fuertes destruyen las infraestructuras energéticas, y lleva mucho tiempo reconstruirlas».

—Con los cambios previstos en el curso de los vientos, ¿los campos eólicos tendrían que ser reubicados?

—La reubicación de cualquier sistema renovable será muy importante: los regímenes de viento están modificándose, y se pronostica más variación. También en la temperatura, en la radiación solar, y todo esto tendrá un efecto directo sobre los sistemas energéticos más pequeños y renovables. Se ubican en un lugar, pero dentro de 15 años no producirán tal vez la misma cantidad de energía que se pronostica hoy.

—En cuanto a soluciones frente a los combustibles fósiles, se menciona mucho el auto eléctrico…

—Sí, pero depende de dónde viene esa electricidad. Bajaría mucho la contaminación inmediata que causa el auto común, aunque nos lleva a preguntas básicas: es un avance tecnológico, pero si queremos preocuparnos por detener el cambio climático, hay que pensar en cambiar la forma de vida. Si seguimos dependiendo más y más del auto, pues no cambia la dependencia de alguna forma energética. Harían falta transportes más colectivos, fuentes de trabajo más cercanas, es decir, una visión más general. El auto eléctrico es una solución temporal.

«Además, se trata de autos caros. Son una oportunidad para las multinacionales del automóvil. Los más acomodados son quienes los pueden pagar. Y otro punto: muchas personas que tienen hoy un auto eléctrico, ya tienen otro auto. Para viajar fuera de la ciudad, a grandes distancias, van con el que emplea combustible fósil. Luego no soluciona los problemas que nos llevan a esta catástrofe medioambiental».

—¿Es usted partidaria del uso de energías renovables en un ciento por ciento, o de un coctel de estas y, por ejemplo, la nuclear?

—Si se pudiera llegar a un 20 por ciento de renovables, sería un logro. A un 40 por ciento, una revolución, pero es muy difícil. Creo que hay que emplear todo el menú energético, aunque mi tendencia es evitar la energía nuclear, por los riesgos ambientales y de salud que implica.

—¿Qué opina sobre las tecnologías de «captura de carbono»?

—Que son lo más avanzado, pero no están demostradas. Son caras, requieren mucha investigación e inversión, y hay varios países que ya apuestan por ellas. Podrían solucionar el problema, pero ignoro los impactos posteriores, pues al enterrar el carbono, no tenemos la forma de saber qué sucederá con él dentro de 200 años. Es un riesgo. Tenemos que pensar en las próximas generaciones.

—Los países europeos contaminarán más hacia 2030, a pesar de que su población disminuirá. ¿Cómo se explica esto?

—Aumentará la huella ecológica, es decir, la contaminación por persona: la cantidad de alimentos, de electricidad, de agua que consume cada uno, y que precisa energía para ser producido. Por cierto, hablamos de lugares donde la eficiencia energética es mayor, sin embargo, los niveles de emisiones no van a bajar tanto como se esperaría.

«¿Cómo se explica? Porque no hay, repito, un cambio en el estilo de vida. Los lujos tienen un precio a nivel energético. Y no sé si podemos esperar tanto por un cambio de modelo».

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