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La IV Flota: bases flotantes y una nueva «frontera». Puntos de apoyo para la acción rápida e ideologías «en competencia» son conceptos incorporados a la doctrina de dominación de EE.UU. sobre la región

Autor:

Marina Menéndez Quintero

No se trata ahora, precisamente, de estar en el lugar, sino de llegar de manera rápida. Esa es la lógica que marca en los últimos tiempos el despliegue militar de Estados Unidos en Latinoamérica.

Once bases militares cuyo uso les ha sido concedido recientemente por Panamá elevan a 39 sus enclaves en la región, que llegarían a 40 si consiguen el nuevo que quieren ubicar en Paraguay.

Nada de pensar, por tanto, en un cambio de estrategia para mantener la hegemonía militar norteamericana en el sur del hemisferio. En todo caso, han variado las maneras.

A tal deducción se llega mientras se conversa con Ana Esther Ceceña, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), directora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica y toda una experta en estos temas.

«Las bases se están remodelando y modernizando», asegura. Pero nos llevaría a un error de cálculo mirar a esos enclaves como la única amenaza que pende sobre naciones hacia las que las fuerzas militares norteamericanas están listas a zarpar, no más se presente la «necesidad».

«La manera en que está pensado este control supone crear muchos puntos de apoyo para la acción, de manera que Estados Unidos pueda asegurar una “respuesta rápida”», explica. Además de que las bases han aumentado —diseminadas ahora, más pequeñas y móviles—, en las locaciones donde estas no existen las fuerzas norteamericanas «quedan “cubiertas” por esta idea de que el radio de acción de las bases establecidas les permita, en un tiempo muy corto, alcanzar las posiciones deseadas».

Esa práctica ha venido a complementarse después con la vigilancia permanente, como ágil cancerbero desde las aguas que rodean al continente, de los barcos de la IV Flota, cuya ubicación Ceceña la califica como «otra frontera».

Bases Móviles

Su patrullaje resulta «como tener bases militares itinerantes permanentemente», grafica. «Cada uno de sus barcos es como una base militar de diferente tipo; a veces hasta más grande, con más capacidad que las de tierra. A veces llevan tropas, a veces son portaaviones que permiten el despegue de helicópteros…».

Opina además que ese despliegue mantenido institucionaliza y articula los ejercicios militares que, de manera permanente, se realizaban ya en los mares de América, y que antes se ejecutaban de manera discontinua.

«Pueden ser las maniobras denominadas Nuevos Horizontes, las de ayuda humanitaria, de rescate por desastres, o de entrenamiento a los ejércitos de la región, que se efectúan lo mismo en la selva que en el desierto. Tenemos registrado el seguimiento de esto desde el año 2000, y lo han estado haciendo de manera reiterada.

«Como “institución establecida”, el despliegue de la IV Flota constituye un patrullaje constante que se justifica tras la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Pero lo que busca es garantizar la “seguridad” hemisférica».

Penetra a menudo a los mares de los países del continente, «pero lo que hace permanentemente es establecerse en el límite de las aguas territoriales, y a partir de ahí tienen libertad total.

«Para “entrar” se necesitan acuerdos, concertarse con los países de la región —cosa que no siempre es difícil—. Para colocar una fuerza naval como la que han querido ubicar ahora en el Caribe, arriba de Venezuela y debajo de Cuba, han debido hacer acuerdos con Costa Rica y con Panamá.

«De manera que ellos no necesitan ubicarse en tierra, estando instalados en el mar. Desde ahí hacen recorridos a tierra, sobrevuelan, van y vienen, y están listos para lo que ellos llaman “cualquier contingencia” en cualquier lugar del mundo; listos para el ataque o la movilización».

Un poco antes de las elecciones en Venezuela, recuerda, desde Curazao se lanzaron dos aviones que «se equivocaron» y sobrevolaron el espacio aéreo venezolano, algo para lo que se necesita autorización. «Pero así ejecutan sus reconocimientos y tanteos», devela.

A esto se añade la mantenida presencia en Haití de una parte de las fuerzas militares movilizadas para el socorro de los damnificados por el terremoto de enero pasado.

«Todo esto complementa el tendido de bases militares que hay en el continente, y les da más movilidad», confirma.

Democracias «Antagónicas»

Amén de los yacimientos minerales y otros recursos tan importantes como el agua y la biodiversidad, en el punto de mira están, desde luego, los sitios que «les preocupan», afirma Ceceña. Ya no se trata únicamente de la presunta lucha contra el narcotráfico o la más reciente y mentirosa cruzada contra el terrorismo.

«Sus movimientos pueden justificarse también contra las llamadas ideologías “en competencia”. En documentos como el White Paper. Air mobility command global en route strategy (el llamado Libro Blanco que en su momento develó el presidente Chávez), ellos han incorporado ese concepto: tener ideologías dispares que “amenazan” la ideología “democrática” que EE.UU. ha estado imponiendo. Muy claramente se están refiriendo a países como Venezuela, Ecuador, Bolivia —y Cuba desde siempre—. Pero creo que están apuntando muy directamente contra Venezuela y Ecuador, fundamentalmente la primera, que ha tenido expresiones más beligerantes frente a EE.UU. y las políticas de los organismos internacionales.

«Y esto es, precisamente, algo que está en el documento, donde se argumenta por qué tenían que poner las bases nuevas en Colombia; en particular la de Palanquero. Y ahí, lo que están diciendo es por qué el presidente Chávez constituye para ellos “un enemigo” en particular. Entonces, esta “ideología competitiva”, como ellos la llaman, se incorpora a la lista de amenazas de primer nivel que EE.UU. identifica en el continente».

—Después que una comisión del Congreso colombiano declaró inconstitucional el acuerdo que concedió el uso de al menos siete bases en su territorio a EE.UU., el asunto ha quedado en manos del presidente Juan Manuel Santos ¿Qué podría ocurrir?

—Santos ya declaró que aunque ese acuerdo se detuvo por la Corte (constitucional), van a buscar otra manera de echarlo a andar. Entonces, simplemente es un problema jurídico el que tiene que destrabar.

—Atendiendo a los pronunciamientos del presidente Barack Obama en la Cumbre de las Américas de Puerto España sobre una nueva relación con Latinoamérica, ¿cómo Ud. calificaría lo que ocurre?

—Desde que llegó Obama sí se han ido estableciendo nuevas relaciones con América Latina que son estas: las de la ofensiva. Son relaciones mucho más agresivas incluso que en el momento en que estaban los republicanos. Pero sí hay una variante, que es esta de convertirse en «aliados».

«Es “un compromiso”: “tenemos que resolver los problemas del continente juntos porque nos afectan a todos”. Se dice así. Y es esta estrategia que tiene dos líneas: la agresiva directa evidente, pero también la de la inteligencia. Hillary Clinton, la secretaria de Estado, lo ha anunciando en todas partes. Dice: “Sí, vamos a intervenir, pero con el acuerdo y la complicidad de los intervenidos”. Y van a trabajar en todos los niveles: el de la información, el de la inteligencia, el del diseño preventivo, y el de la instalación directa con intervenciones, o establecimiento de bases militares».

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