La pesadilla del pueblo iraquí

Wikileaks vuelve a la carga, esta vez con revelaciones de miles de crímenes de guerra cometidos en Iraq, y recogidos por los propios soldados estadounidenses en reportes que han sido censurados por el Pentágono

Autores:

Juana Carrasco Martín
Nyliam Vázquez García

Nuevas pruebas de los desmanes de EE.UU. en las guerras que se inventó después del 11 de septiembre dan la vuelta al mundo. Wikileaks, el sitio web que en julio sacó a la luz unos 90 000 folios clasificados sobre Afganistán, hizo públicos exactamente 391 832 reportes sobre lo ocurrido en Iraq entre 2004 y 2009. Se corrobora lo que era un secreto a voces y contado por los propios soldados estadounidenses.

Los documentos dan cuenta de iraquíes azotados, torturados con mangueras, taladros eléctricos, cigarrillos, sodomizados, violados o domesticados a base de descargas eléctricas, como parte de prácticas comunes entre los ocupantes y la policía iraquí. Más de 15 000 muertes de civiles inocentes no registradas se contabilizan en los papeles, que incluyen los 680 ultimados en puestos de control, otros masacrados desde los helicópteros Apache o ametrallados en plena calle.

Para el profesor John Sloboda, miembro de la organización Iraq Body Count, estas víctimas son resultado «de asesinatos premeditados, de disparos al azar desde vehículos, de ejecuciones, de matanzas en puestos de control. Esas son las pequeñas pero incesantes tragedias de esta guerra que estos documentos revelan con un detalle sin precedentes».

Para Julian Assange, fundador de Wikileaks, los documentos muestran de modo terrible «el detalle íntimo de esa guerra desde la perspectiva de Estados Unidos». Assange, blanco de toda clase de acusaciones y componendas para sacarlo del camino desde que se convirtiera en la cara visible de Wikileaks, defendió en Londres la filtración apoyado por varias organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Muchos de los casos recogidos —entre los que se incluyen los pequeños ametrallados mientras recogían leña (los uniformados yanquis «pensaron» que colocaban minas), o la niña que mataron cuando jugaba en las calles de Basora—, a pesar de formar parte del reporte de un militar, llevan el sello de «no requiere investigación». No faltan los informes que dan cuenta de personas con discapacidad mental, invidentes, o simplemente conductores que no vieron a los soldados o no entendieron sus indicaciones y que, simplemente, fueron ultimados.

Partícipes o testigos de todo el horror de una guerra concebida a su medida, cada prueba deja al descubierto la actitud de un ejército que se autoproclama salvador, pero que es experto en practicar la tortura, enseñarla o tolerarla para cuando llegue la hora de la «retirada», luego de embolsillarse millones y de quedarse con lo que realmente buscaban.

No por gusto después de la publicación por Wikileaks de los documentos clasificados del Pentágono, el Departamento de Defensa tiene trabajando a más de un centenar de expertos en el intento de contrarrestar los efectos de la macabra verdad.

Vale cualquier clase de trucos: presionan y amenazan a los miembros del sitio web, los acusan de irresponsables y de poner en peligro la seguridad de quienes «matan a los malos», o sencillamente, le restan todo valor a lo contado por sus propios soldados.

Un portavoz del Pentágono llegó a calificar la filtración de «tragedia». Pero claro, no se refería a lo vivido por los iraquíes desde que la Casa Blanca de Bush fabricó la justificación de las armas de destrucción masiva, recogido en los partes de guerra, sino al nuevo varapalo para el flamante ejército, cuya credibilidad vuelve a tocar fondo.

Malcolm Smart, director de Amnistía Internacional para Oriente Próximo, afirmó que los informes refuerzan la tesis de que EE.UU. violó sistemáticamente los derechos humanos en Iraq. Por su parte el relator especial de la ONU sobre la tortura, Manfred Nowak, instó al presidente de EE.UU., Barack Obama, a abrir una investigación.

A pesar de las críticas, autoridades militares estadounidenses aseguraron no tener planes de investigar los abusos detallados en los documentos filtrados por Wikileaks.

Tal como ocurrió con los papeles de Afganistán, los 400 000 folios sobre la guerra en Iraq seguirán asombrando por la crudeza de la verdad en blanco y negro, y quizá sigan ocupando titulares dentro de un tiempo.

Mientras hay quienes brindan con champán por la exitosa retirada de Iraq (aunque se quedaron allí 50 000 militares de EE.UU. y un número mucho mayor de contratistas mercenarios), los iraquíes tal vez sigan soñando con que se haga justicia después de tanto horror impune, o mejor, con el país prometido: es un hecho que no es el que «dejaron» los ocupantes. Desde la Caja de Pandora recién destapada apenas asoma una de las peores pesadillas de ese pueblo.

Algunas SIGCAT documentadas…

Cada uno de los 391 832 documentos corresponden a un SIGCAT, siglas que esconden una Significante Acción de Guerra (Significant Action in the War), y que Washington no quiere que se conozcan. Historia secreta ahora revelada que demuestra cómo cada día murieron al menos 31 civiles en la etapa comprendida entre enero de 2004 y diciembre de 2009.

Los registros detallan 109 032 muertes, de las cuales 66 081 eran civiles, 23 984 «enemigos», 15 196 de las fuerzas iraquíes, y 3 771 de las fuerzas de la coalición. Sin embargo, los reportes militares estadounidenses son remisos en dar las muertes causadas por sus propios efectivos. Por ejemplo, no aparece ni un solo documento que reporte las víctimas civiles en las dos arremetidas contra Falluja en 2004, la ciudad mártir que recibió el sobrenombre de la Guernica iraquí.

Pero es impactante el recuento de lo sucedido en un país invadido, destruido y masacrado, donde la «reconstrucción» solo ha servido para engrosar los bolsillos de corruptos estadounidenses e iraquíes, de compañías mercenarias de seguridad y de empresas logísticas, mientras los buitres petroleros esperaban pacientemente la distribución del botín mayor. Donde todavía reina el caos y la violencia sectaria junto a la resistencia a los ocupantes, y las acciones bélicas fueron acompañadas con atentados dinamiteros, bombas camineras y cruentos enfrentamientos.

Esa terrible pesadilla perdura, pero no le quita el sueño a nadie en la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA. Estos son algunos «incidentes» no reportados a la opinión pública estadounidense y mundial…

—Nabiha Jassim tenía 35 años y era llevada urgentemente al hospital de maternidad de Samarra por su hermano Khalid. Cuando el carro se acercó a un punto de control y puesto de observación militar estadounidense los soldados abrieron fuego. El camino se cubrió de sangre y cristales rotos, Nabiha fue alcanzada mortalmente por los disparos, también su prima Saliha Hassan, y Khalid fue herido gravemente. En el hospital intentaron salvar al bebé no nato, pero este murió en el vientre de su madre. Era un varón… Ninguno de estos pormenores son descritos en el reporte B/3-187 que solo habla del vehículo aproximándose, los soldados «forzados a tomar posición de combate», «a responder a la amenaza percibida por los vehículos en movimiento», y «disparar para detener al vehículo»; y apenas hubo entonces una breve declaración de las autoridades militares: «Fuerzas de EE.UU. mataron a dos mujeres por error… cuando se dirigían a un hospital de maternidad».

—El 14 de mayo de 2005 una unidad estadounidense «observó a un PSD (Protección de seguridad) de Blackwater disparar a un vehículo civil» matando a un padre, hiriendo a la esposa y a la hija, dice otro registro…

—17 de agosto de 2006: El sargento X de la 300 compañía de Policía Militar presenció cuando el 1er. teniente X de la estación de Policía de Ramadi golpeaba a un detenido en la espalda con el bastón de servicio PR-24, y pateaba a un segundo detenido. Esa noche el sargento X oyó ruidos en el pasillo y abrió una puerta encontrando que el 1er. teniente X ponía cables eléctricos en los pies de un detenido. Más tarde en esa noche el sargento X vio al 1er. teniente X golpeando con cables eléctricos la espalda de otro detenido…

—El 27 de agosto de 2009 un forense norteamericano encontró «hematomas, quemaduras y visibles heridas en la cabeza, brazos, torso, piernas y cuello» del cuerpo de un hombre detenido que según la policía se había suicidado…

Las autoridades no investigaron ninguno de los cientos de reportes sobre abusos, torturas, violaciones y asesinatos cometidos por soldados y por la policía iraquí, cuya conducta goza de total impunidad, pero se conoce ahora que muchas de esas acciones criminales han sido ejecutadas por la Brigada Lobo, creada por Estados Unidos y asesorada por el coronel James Steele, cuyo dossier incluye su empleo como consejero para aplastar la guerrilla en El Salvador.

Así de repetitivos son los registros y hay miles de ellos, pero todavía está por ver cuándo terminará esa guerra y la de Afganistán; cuándo ambos países dejarán de ser territorios ocupados; cuándo se hará justicia y se cerrará la puerta de la impunidad para estos crímenes de guerra.

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