Celebran centenario de la Revolución mexicana

«México no está solo. No tenemos enemigos, y sí amigos leales y fraternales. Entre estos contamos con la amistad inquebrantable del hermano pueblo cubano», expresó Gabriel Jiménez Remis, embajador de México en Cuba

Autor:

Patricia Cáceres

«A México vaya hoy, en el centenario de su trascendental gesta, el saludo de nuestro pueblo, íntimo amigo del mexicano, como lo fue Martí de Mercado, a la Patria mexicana "impecable y diamantina", como la cantó López Velarde, a la imperecedera fraternidad que nos ha unido y nos unirá siempre».

Así expresó el vicepresidente primero del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), Enrique Román, en acto celebrado la tarde de ayer en La Habana para conmemorar el centenario de la Revolución mexicana.

Román recordó los lazos que históricamente han unido a Cuba con México, el cual sirvió de refugio y hogar para muchos combatientes e intelectuales cubanos, entre el siglo XIX y hasta 1959.

También destacó la huella que esta Revolución dejó en nuestro país, aun en sus primeros años de lucha. «Cuba fue profundamente impactada por los acontecimientos mexicanos, y desde ahí se miró, a veces con precaución, pero en la mayor parte de los casos con esperanza, el curso de aquel movimiento, de sus marchas y contramarchas, del que surgieron las instituciones que regirían el México moderno».

Por su parte, Gabriel Jiménez Remis, embajador de México en Cuba, destacó los avances económicos y sociales de su nación en los últimos cien años.

«Hablar sobre los resultados y tropiezos de la Revolución mexicana, sobre sus éxitos y tareas pendientes, exige en primer lugar un profundo respeto a la memoria de quienes ofrendaron sus esfuerzos y en muchos casos la vida misma en la defensa de sus ideales, en la conquista de un futuro mejor, en la edificación de esa gran nación.

«México no está solo. No tenemos enemigos, y sí amigos leales y fraternales. Entre estos contamos con la amistad inquebrantable del hermano pueblo cubano», señaló.

Entre 1910 y 1920, el país azteca se vio inmerso en un proseso conocido como la Revolución mexicana, con la que se pretendía transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz. Las primeras tentativas revolucionarias, inspiradas por Francisco I. Madero, buscaban el derrocamiento del dictador, quien se había mantenido en el poder durante más de 30 años.

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