Dan por muertos a 29 mineros neozelandeses tras segunda explosión

El jefe de policía al cargo del rescate, Gary Knowles, aseguró este miércoles que nadie pudo haber sobrevivido a la segunda explosión en la mina, que fue más fuerte que la del viernes y que duró más de 30 segundos

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Juventud Rebelde

Tras una segunda explosión, la policía neozelandesa dio hoy por muertos a los 29 mineros que desde hace seis días permanecían atrapados en el yacimiento de carbón Pike-River, en la costa oeste de la isla.

El jefe de policía al cargo del rescate, Gary Knowles, aseguró este miércoles que nadie pudo haber sobrevivido a la segunda explosión en la mina, que fue más fuerte que la del viernes y que duró más de 30 segundos.

«Es extremadamente improbable que alguien sobreviviera», admitió a medios locales el jefe de la mina, Peter Whittall, ya que esta última explosión fue mayor aún que la que sepultó a los trabajadores el pasado viernes.

«Es la hora más negra de la costa oeste», dijo por su parte el alcalde de la localidad de Greymouth, Tony Kokshoorn.

Las fuerzas de rescate se preparan ahora para sacar los cadáveres y para esta noche está prevista una misa en recuerdo de las víctimas.

«Somos una nación de luto», afirmó además el primer ministro, John Key. «A todos los que perdieron en la mina a sus seres queridos les digo: Nueva Zelanda está con ustedes. Incluso aunque no sintamos el dolor como ustedes, los llevamos en nuestros corazones y pensamos en ustedes», citó la emisora estadounidense CNN al político.

Horas antes, durante una perforación para intentar llegar al lugar donde se encontraban atrapados los mineros, se había constatado una gran concentración de gases tóxicos y explosivos. La sonda que penetró al yacimiento no detectó señales de vida. En el transcurso del día se realizará una segunda perforación en otra parte del lugar del accidente.

Whittall defendió su decisión de no permitir a un equipo de rescate voluntario adentrarse en la mina, ante el riesgo que suponía por la alta concentración de gases. «El riesgo de otra explosión es demasiado alto para enviar a equipos de rescate a la mina», señaló pocas horas antes de la nueva explosión, cuyas causas exactas se desconocen.

Whittall negó que los equipos de rescate la hubieran desencadenado y responsabilizó de la misma al gas liberado. «Fue un suceso natural; podría haber ocurrido igualmente el segundo o tercer día», dijo citado por la cadena británica BBC.

Los familiares y amigos de los mineros habían mantenido la esperanza de recuperarlos con vida, como ocurrió con los mineros atrapados en el desierto de Atacama en Chile. Hoy podían verse aún en la pequeña ciudad cintas amarillas colgadas en árboles y otros lugares altos, el signo de la esperanza de regreso de los familiares.

Pese a las noticias, el padre de uno de los mineros decía que aún mantenía la esperanza de que hubiera algún superviviente.

Sin embargo, el jefe de la mina constató que la operación de rescate se ha convertido ahora en una operación de búsqueda y recuperación de los restos de las víctimas. «Todavía quiero recuperarlos y sus familias también, y haremos todo lo que podamos para conseguirlo», afirmó Whittall.

Sólo dos mineros consiguieron salvarse tras la explosión del viernes en la mina de Greychurch, a unos 200 kilómetros de la capital Wellington, que dejó atrapados a 29 de entre 17 y 62 años. Se trataba de 24 neozelandeses, dos australianos, dos británicos y un sudafricano. Desde 2008 trabajaban en la mina unas 150 personas.

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